LA PUESTA

Dibujos realizados por Sebastián Camacho Ramírez a partir de ideas de Diego Kehrig
Modelo: Alejandra Radano

 

VERSIONES

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ELIZABETH ENTRA EN COMBUSTIÓN
Prendida fuego, se echa a rodar por las laderas de Hollywood. Años de acumular lípidos, la han convertido en un inoportuno pabilo. Un metro cincuenta y cuatro de mecha. Encendida, devora nísperos y abedules.

Hollywood pierde a su Venus de celuloide. Su leyenda ríe a carcajadas sobre pasto ardiendo. El cartel que firma la meca, es derretido en un santiamén. La W se adhiere a los brazos de Elizabeth. Y entre gritos, la Reina, flamea su motín. Hollywood. Very wood.

Los hierros se retuercen. Son de chocolate. Godzila adquiere velocidad. Volumen.

Rodando, lanza anécdotas. Convida su gloria entre llamaradas y pedregullo. Vertiginosa, carbonizada embiste al olvido con la destreza de un General. Sus manos son granadas, y su lengua: proyectiles.

Enciende la ficción con el chipazo de sus muslos. Melancólica y artificial reconstruye su memorabilia. Compulsiva, escribe con paso firme su venganza acalorada.

Lava imprudente. Estrella a sartenazos libra su venganza. Un devenir desordenado. Dos hornallas en las caderas sirven su monólogo de 170 páginas.

 

CONTRA LOS ESTUDIOS
Elizabeth devenida en fuego embiste contra los Grandes Estudios. La Industria Cinematográfica prueba su furia. Reduce a cenizas palmeras y barrios de cartapesta. El fuego deshace el artilugio. La estatua de la libertad rueda humeante.

 

DECESO
Muerta ELIZABETH, el cine desaparece. El fin del séptimo arte. El aullido del celuloide. El último rodaje.

 

BOEDO
Carla Aguero es una ignota ama de casa. Ajena a su voluntad, reproduce escenas que Elizabeth Taylor abandonó en la gran pantalla.

En la intimidad de su living, se vuelve la violentísima Martha de ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, o colgando sábanas en la terraza, es Cleopatra entrando a Roma.

Carla adquiere de pronto los mohínes de la vaquera de Gigante, mientras discute el precio del fiambrín en el almacén de toda la vida.

Al regresar a sus quehaceres no recuerda ni una sola palabra de lo sucedido.
Elizabeth Taylor vive ahora en el barrio de Boedo. La usurpa por episodios cada vez más largo.

Pero como suele suceder en estos casos, la vecina nunca es inocente. Carla se quedará con todo. Y a Elizabeth sólo le restará aceptar la vida descartada de la Señorita Aguero.

Aunque la Policía aún no ha podido probarlo, la población murmura. Acusan a Elizabeth, de la desaparición de la antigua dueña de casa. “Es envidia, porque ahora estoy vieja y gorda y no me reconocen”, aduce la actriz.

Juran haber visto a la enorme estrella haciendo un juego nuevo de llaves en la cerrajería de Quintino e Independencia.

“El pañuelo en la cabeza, y esos lentes negros no logran engañar a nadie. ¡Por quiénes nos toman!”, vociferan enardecidas las doñas.

La ficción es el único dispositivo para salvaguardar la memoria. Inconclusa pero única.
Recordar es construir un invento que nos satisfaga.
Moldeamos la verdad hasta convencernos de la estelaridad.
Nos jactamos de cosechar, lo que nunca hemos sembrado.

Sin contratos, protagonizamos films de revancha millonaria.
Nadie escapa a Elizabeth Taylor.

 

COROLARIO
Casos similares han ocurrido. Cierta Olivia de Hallivand ha reencarnado en una vendedora de tamales de 11 años, en la antigua Nicaragua.

Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.

Y que desgraciadamente otro intrépido Buster Keaton cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

Nadie escapa a su biografía.

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SUITE SMALL

1. OBERTURA

1
Hice del escarnio, mi más nítido escenario.
Me he servido del abucheo, para engarzar piedras preciosas.
Sumergida en desventajas, provoqué mi más fulminante suceso.

Mi reino no existiría si no lo destruyera sistemáticamente.
Mi estado de gracia es el error. Y el hundimiento: mi estola de zorros.

Diva en permanente estado de avería.

 

2. PARAMÁUNTICA

2
Nadie, sino en un formidable estado de ebriedad, podría creer que llevo los ojos violetas.
¡Si es de circos! No existen tal par de ojos. Ni mujeres barbudas.
Sólo un fauno podría llevarlos.

Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad.
Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos, sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.
La honestidad jamás me ha rozado. Si yo misma, lo admito: son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

3
Si mis espectadores no han derramado lágrimas,
al menos han lanzado babas sobre sus palomitas de maíz.

Sus secreciones han valorado mi mejor hallazgo:
la monstruosidad.

Soy el mejor error desde que Hollywood inventó a la Naturaleza.
Existo, para que el mundo comprenda el significado de la palabra precaución.

4
No me ha picado jamás la serpiente, pero puedo asegurar que el veneno ha recorrido la pantalla.
Me han colmado de fragancias cuando mi actuación apestaba.

Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas.

5
– “Tu sólo repite las líneas que el patio de butacas lanza a tu mente, querida.”

Truman siempre me decía: -“Sólo entrego hojas en blanco a mi editor. En toda mi carrera no he escrito otra cosa que Elizabeth Taylor.”

Esa marica debió estar borracha, al pretender sobornarme con semejante patraña.

Katharine Hepburn, Deborah Kerr o cuanta starlet se cruzara en su camino, habrá debido soportar la misma chorreada de halagos. Sobre todo si poseía un marido lo suficientemente dotado como para ser bisexual, a cambio de una buena cantidad de pasta y cocaína.

¡Como supe amar a esa despiadada gallina!

6
No tolero la vida, sino es en Cinemascope.
No hallo intimidad, sino delante del fogonazo de los flashes.

Estaría perdida delante del ginecólogo, sino llevase conmigo a mi Director de Fotografía.

Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

  

3. SÓLO SOMOS LOS KILOS QUE PERDEMOS EN BETTY FORD

7
El único papel por el que he peleado, ha sido la cubierta de un chocolate Godiva.
Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

No domino las guarniciones. Acabaré con mi carrera a dentelladas.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

Vieja, gorda, alcohólica y divorciada. ¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

8
Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

9
A los fideos les voy a poner crema antiage.

10
Llevo una rosa de tallo largo en la mano. Intento ocultarme. Distraer mi volumen.
Un bouquet sería más adecuado.

Donde supo brillar mi cintura, se alza ahora un panteón.

La mejor parte de la cuchara, ha sido siempre la garganta.

4. RICHARD BOURBON

11
El único modo decente de llevar una sortija matrimonial en el dedo,
es cargando una copa de Bourbon en la mano.

12
Puedo perdonarte la bebida.
Fingir que lo que te metes, son antigripales.
Incluso, he aprendido a hacer la vista gorda, a los trastos de tus infidelidades.

Pero lo que no puedo perdonarte, es que hayas sido tan endiabladamente hermoso.
Eso sí, que no podré olvidarlo.

13
Me han elegido marido en el peor casting de la Historia.
Hombres en papel dorado. Cajas de maridos.

Es imposible que Suiza deje de tentarme. Soy el diablo desenvolviendo pecados.
Chupándome los dedos de fracasos.

No comprendo ni una palabra cuando me hablan de matrimonio.
Jamás he sabido diferenciar una boda de un cataclismo.

14
La única alfombra roja que he pisado, ha sido mi lengua.

 

5. GAFAS NEGRAS

15
1 ½ medida de vodka
5 medidas de zumo de tomate
2 gotas de salsa tabasco
1 pizca de sal de apio
1 vuelta de pimienta negra
1 rama de apio
1 rulo de cáscara de limón.

Semejante tributo a la rotura del himen de María me resulta enervante. No llevo tiempo para sacrilerías. Apenas estoy delante de una copa, la más ruda de las urgencias me precipita.

No podría en ese estado diferenciar mi pulgar, de una cáscara de limón.Mi huella digital quedaría guillotinada hundiéndose en el trago.

Me importa un bledo el Bloody Mary.

16
El hígado se me ha escapado. Saltó de mi busto.
A las puteadas intenté detenerlo. No hubo modo de convencerlo.

Harto de estertores. Aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.
Nada más injusto que un segmento.

Sin previo aviso. Ni cuchillos. Tomó envión, y escapó por sobre mi vestido.
Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles. Pegadas a mis caderas, digo.

Pero esta traición no quedará impune. Su alegría no tendrá mucho para decir.
He tolerado sus juicios. Sus migrañas. Hemos convivido a base de tisanas. A litros de Reliverán.
¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido. Podré ser obstinada. Multiplicar mis cuernos.
Pero he tenido siempre conciencia de conjunto. De unidad.
No ando desprendiéndome por ahí. Salpicándole libros a la muerte.

Pero ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.

Porto ahora una coqueta cartera de Nina Ricci, en su reemplazo.

He mandado abrir la fábrica. En víspera de año nuevo, no evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.

Un modelo de la temporada próxima habita sustituto en mi interior.
Sintética, pero vanguardista.

La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica. México.

Y hay quienes defienden que ha sido la primera glándula en recibirse de quiropráctica en La Sorbone.

Me toman por estúpida. Me encierro en un frigorífico, a esperar la llamada de mi agente.

17
Vademécum

Fractura de pie. Dedos rotos.
He bailado un bolero con los tobillos torcidos, y nadie se percató.
Una esquirla en un ojo, que bien valía un divorcio.
Hernia múltiple de columna. Derrame intravenoso. Tumor cerebral.
Disentería amébica, laringitis, faringitis.
Agotamiento. (Eso es normal).
Trastornos alimentarios múltiples.
Alcoholismo. Adicción a los barbitúricos.

Un niño maneja mejor las canicas, que los médicos mis recetas.
Un total de 26 operaciones. Sin contar una liposucción frenética en la primavera del 86.

He viajado a la Luna sin poner un pie en la NASA.

6. ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS

18
“Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.

Empadronada con el cielo viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis, cabalgo por los ombligos de Dios.

Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.

Estoy dispuesta a servir salmón.
Llevo en andas mi cintura de avispa.

Soy el manjar de los poetas.
Digo “sí, sí, sí” a todas las águilas
a aquella nave, aerodinámica, que me parpadea homenajes.

Respondo “acepto”,
“Claro que sí, Mon Dieu!”

Lanzo cascadas de astronautas.
Satélites, adornan mi busto de princesa en bancarrota.

Bebo del Espacio.
Mojo mis pies en el estallido Universal.
Me lanzo en órbitas hacia Saturno.

Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

Ovacionan mi alianza. ¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.

Cubro castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.

De fruto en fruto. Regia de carterita, soy jet.
Lanzallamas.
Malabarista en nupcias.

19
El descalabro es evidente. Invado nuevos films.
La programación está imposible. El horario de las funciones.
Aparezco en secuencias en las que jamás he participado.
Conquisto escenas que jamás he rodado.

En mitad de una batalla, se me puede ver bebiendo un martini con Dark Vader.

20
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas.
Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.

La sonrisa gira alrededor de mi dedo anular.
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.

 21
De una zancadilla derribo a Luis Buñuel.
Ingmar Bergman que nunca me toleró, lloriquea ahora, al verme habitar sus tomas más gloriosas.

Me entretengo desbaratando plots.
Invado secuencias, como quien devora pretzels.

Soy Elizabeth todo terreno.

22
Con motor de plumas, reboto en rabinos
Abandono el incendio de la monotonía
Escapo vertical.

Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.

23
Completé el reemplazo en la oscuridad del cine Condal.

Ensayé milimétricamente sus líneas.
Cada miércoles jueves y domingo de 13:50 a 18:20.

No seré uno más de los cadáveres de Elizabeth.
Ni la mano que sostiene la bandeja.
Mi plan me trasciende.

El único par de ojos aquí, ha sido el mío.

7. COROLARIO

24
Casos similares al de la Mrs. Taylor han ocurrido fuera de la pantalla:

Cierta Olivia de Hallivand ha reencarnado en una vendedora de tamales de 11 años de edad en la antigua Nicaragua.

Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.

Y que desgraciadamente, otro intrépido Buster Keaton, cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

Nadie escapa a su biografía.

 

THE END

 

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SUITE MEDIUM

1. OBERTURA

1
Hice del escarnio, mi más nítido escenario.
Me he servido del abucheo, para engarzar piedras preciosas.
Sumergida en desventajas, provoqué mi más fulminante suceso.

Mi reino no existiría si no lo destruyera sistemáticamente.
Mi estado de gracia es el error. Y el hundimiento: mi estola de zorros.

Diva en permanente estado de avería.

2. PARAMÁUNTICA

2
Nadie. Sino en un formidable estado de ebriedad, podría creer que llevo los ojos violetas.
¡Si es de circos! No existen tal par de ojos. Ni mujeres barbudas.
Sólo un fauno podría llevarlos. Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad.
Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos, sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.
La honestidad jamás me ha rozado. Si yo misma, lo admito: son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

3
He sido rodeada sistemáticamente por la espectacularidad.
Resulta imposible apagar el fuego de mis brillantes.
Bombardeada de aplausos ¿tendré yo, la culpa de portar una vida demasiado condimentada?

Aún en las más insignificantes rutinas, me recubre una pátina de caramelo.
Tomar un baño, es espolvorear a millones de voayeurs con la cocaína de la fama.

Pues nada. Me resisto a fragilizar mi obituario.
Deberán asumir el riesgo de que al terminar mi romanza, algunas caries visitarán vuestra alcoba. Y esa inflamación en la boca, llevará mis iniciales.

Una buena actriz en poco se diferencia de un terrorista.

4
Si mis espectadores no han derramado lágrimas,
al menos han lanzado babas sobre sus palomitas de maíz.
Sus secreciones han valorado mi mejor hallazgo:
la monstruosidad.

Soy el mejor error desde que Hollywood inventó a la Naturaleza.
Existo, para que el mundo comprenda el significado de la palabra precaución.

5
Mi única liturgia ha sido evaporar las fronteras del buen tino.
Esto no es religión, es Chanel.

6
No me ha picado jamás la serpiente, pero puedo asegurar que el veneno ha recorrido la pantalla.
Me han colmado de fragancias cuando mi actuación apestaba.

Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas.

7
– “Tu sólo repite las líneas que el patio de butacas lanza a tu mente, querida.”

Truman siempre me decía: -“Sólo entrego hojas en blanco a mi editor. En toda mi carrera no he escrito otra cosa que Elizabeth Taylor.”

Esa marica debió estar borracha, al pretender sobornarme con semejante patraña.
Katharine Hepburn, Deborah Kerr o cuanta starlet se cruzara en su camino, habrá debido soportar la misma chorreada de halagos. Sobre todo si poseía un marido lo suficientemente dotado como para ser bisexual, a cambio de una buena cantidad de pasta y cocaína.

¡Como supe amar a esa despiadada gallina!

8
No tolero la vida, sino es en Cinemascope.
No hallo intimidad, sino delante del fogonazo de los flashes.
Estaría perdida delante del ginecólogo, sino llevase conmigo a mi Director de Fotografía.

Lo esencial es invisible a tu botox.

9
Me han dejado envejecer, repitiendo hasta la tortura mis antiguos films.
Conservando antropófagos, mi belleza entre los dientes.

Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

3. SÓLO SOMOS LOS KILOS QUE PERDEMOS EN BETTY FORD

10
El único papel por el que he peleado, ha sido la cubierta de un chocolate Godiva.
Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

A medida que mi carrera desaparece, ensancho mis caderas. Soy el almacenamiento.
Con una cuchara de postre cavo mi propia tumba.
Contratos. Pollo frito. Críticas del New York Times. Proyectiles lanzados a mi boca.
No domino las guarniciones. Acabaré con mi carrera a dentelladas.

Lo tengo decidido. Estoy imposible de entallar. Propulsada, soy un dirigible entrando en Corseterías. En leotardos amarillos, me tengo rodeada.

No hay escapatoria. La miel me vuelve corrupta. He mordido la matriz. Giro en el infierno. La bestia devora la luna.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

Vieja, gorda, alcohólica y divorciada. ¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

11
Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

12
Me he quebrado las costillas por calzarme el último Lanvin.
Engordo, ingiriendo horas de divorcio.
Mi cuello es una pantera que exige tarteletas.
Llevo las manos repletas de proteínas, pero he perdido el rumbo de mi boca.

Sueño con matas de calabacines cubriéndome las espaldas.
Con alcanzar besos de sopa crema durante una siesta.
Íntima y marítima me sumerjo en las bondades del sambayón.

Enjuago mis encías en sémola y recuerdos.
Las huestes del sobrepeso se acumulan, y entro en sopor.

A los fideos les voy a poner crema antiage.

13
Trozada. Flieteada. Traspasada.
Una estrella condenada al plano americano.

14
Llevo una rosa de tallo largo en la mano. Intento ocultarme. Distraer mi volumen.
Un bouquet sería más adecuado. Donde supo brillar mi cintura, se alza ahora un panteón.

La mejor parte de la cuchara, ha sido siempre la garganta.

4. RICHARD BOURBON

15
El único modo decente de llevar una sortija matrimonial en el dedo,
es cargando una copa de Bourbon en la mano.

16
Puedo perdonarte la bebida.
Fingir que lo que te metes, son antigripales.
Incluso, he aprendido a hacer la vista gorda, a los trastos de tus infidelidades.

Pero lo que no puedo perdonarte, es que hayas sido tan endiabladamente hermoso.
Eso sí, que no podré olvidarlo.

17
Me han elegido marido en el peor casting de la Historia.
Hombres en papel dorado. Cajas de maridos.
Es imposible que Suiza deje de tentarme. Soy el diablo desenvolviendo pecados.
Chupándome los dedos de fracasos.

18
Lo único que no tolero del sacrificio, es la buena impresión que causa.
No comprendo ni una palabra cuando me hablan de matrimonio.
Jamás he sabido diferenciar una boda de un cataclismo.

19
Escarbo en el plato de spaghettis buscando tu rostro.
Entre montículos de queso crema, adivino pasadizos que conducen al Edén.

Existe sólo una forma de resarcirme,
y es enamorándote ferozmente.
Alimentarte, hasta el papelón.

Me he vuelto una experta en el manejo de la cuchara por sobre el amor.
Una esgrimista a la que el pulso no le tiembla.

Debo apresurarme antes de que la balanza te borre definitivamente del mapa. Flacucho.
Un benteveo que no tiene donde caerse muerto.

Embisto con la precisión de un oso.
Envuelta en vodka. Apareándome en el Mar Báltico, consigo tu obediencia.

A sartenazos obtendré el Sí en un altar.
Eso, a sartenazos.

20
He perdido la virginidad cientos de veces.
He soltado mi lengua donde ningún pistolero se atrevería.
He sembrado rosas por atraer culebras.

Pero la única alfombra roja que he pisado, ha sido mi lengua.

5. GAFAS NEGRAS

21
1 ½ medida de vodka
5 medidas de zumo de tomate
2 gotas de salsa tabasco
1 pizca de sal de apio
1 vuelta de pimienta negra
1 rama de apio
1 rulo de cáscara de limón.

Semejante tributo a la rotura del himen de María me resulta enervante. No llevo tiempo para sacrilerías.
Apenas estoy delante de una copa, la más ruda de las urgencias me precipita.
No podría en ese estado diferenciar mi pulgar, de una cáscara de limón.
Mi huella digital quedaría guillotinada hundiéndose en el trago.

Me importa un bledo el Bloody Mary.

22
He bebido las colinas de Hollywood. He gozado de sus acantilados.
Mi blusa ha sido festejada por miles de fanáticos.
Me han abucheado en Moralidad.
Llevo la juerga impresa en la médula espinal.

La belleza me ha confinado a la libertad más despiadada.

23
El hígado se me ha escapado. Saltó de mi busto.
A las puteadas intenté detenerlo. No hubo modo de convencerlo.

Harto de estertores. Aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.
Nada más injusto que un segmento.
Sin previo aviso. Ni cuchillos.

Tomó envión, y escapó por sobre mi vestido.
Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles. Pegadas a mis caderas, digo.

Pero esta traición no quedará impune. Su alegría no tendrá mucho para decir.
He tolerado sus juicios. Sus migrañas. Hemos convivido a base de tisanas. A litros de Reliverán.
¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido. Podré ser obstinada. Multiplicar mis cuernos.
Pero he tenido siempre conciencia de conjunto. De unidad.
No ando desprendiéndome por ahí. Salpicándole libros a la muerte.

Pero ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.

Porto ahora una coqueta cartera de Nina Ricci, en su reemplazo.

He mandado abrir la fábrica. En víspera de año nuevo, no evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.

Un modelo de la temporada próxima habita sustituto en mi interior.
Sintética, pero vanguardista.

La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica. México.

Y hay quienes defienden que ha sido la primera glándula en recibirse de quiropráctica en La Sorbone.
Me toman por estúpida.

Me encierro en un frigorífico, a esperar la llamada de mi agente.

24
Preferiría que me arrolle un jet, antes de volver a enamorarme. Pero daría mis dos piernas por ser deseada nuevamente.

25
Detrás del horizonte, no hay más que un viejo proyector.

26
Vademécum

Fractura de pie. Dedos rotos.
He bailado un bolero con los tobillos torcidos, y nadie se percató.
Una esquirla en un ojo, que bien valía un divorcio.
Hernia múltiple de columna. Derrame intravenoso. Tumor cerebral.
Disentería amébica, laringitis, faringitis.
Agotamiento. (Eso es normal).
Trastornos alimentarios múltiples.
Alcoholismo. Adicción a los barbitúricos.

Un niño maneja mejor las canicas, que los médicos mis recetas.
Un total de 26 operaciones. Sin contar una liposucción frenética en la primavera del 86.

He viajado a la Luna sin poner un pie en la NASA.

27
Simplemente bebo hasta que un pájaro azul se posa sobre mi coqueta.
Soy Heidi con demasiadas cabras.
Bonita y desorientada: un reemplazo del prozac.

28
Sistemáticamente me han bombardeado las desgracias.
Me he vuelto una especialista en deslizar mi vida hacia los acantilados.
He volcado. Dado trompos en las licorerías de Santa Mónica.
Envuelta en insultos y diamantes, me he paseado desnuda por Rodeo Drive.

Nadie miraría mi cuello, sino para arrebatarme de un zarpazo la personalidad.
Cristo se ha puesto de rodillas ante a mi colección de pestañas postizas.
Los Ángeles empeñan sus plumas por verme lloriquear.

29
Pero mis lágrimas jamás han sido a rímel corrido.
Estando borracha, ha sido cuando mejor supe comportarme.
Fui masculina. Siempre.
Nunca descuidé eso. He bebido whisky como quién expende semen.
Hay una nube de tabaco. Una sombra de bigotes, que asoma siempre al intoxicarme.
He mandado al Diablo corpiños y enaguas.
Cuando bebo huelo a fiera. Podría comer carne cruda. Recibir azotes.

Si es que no los he recibido ya.

6. ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS

30
“Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.

Empadronada con el cielo viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis, cabalgo por los ombligos de Dios.

Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.

Estoy dispuesta a servir salmón.
Llevo en andas mi cintura de avispa
Soy el manjar de los poetas.
Digo “sí, sí, sí” a todas las águilas
a aquella nave, aerodinámica, que me parpadea homenajes.

Respondo “acepto”,
“Claro que sí, Mon Dieu!”

Lanzo cascadas de astronautas.
Satélites, adornan mi busto de princesa en bancarrota.

Bebo del Espacio.
Mojo mis pies en el estallido Universal.
Me lanzo en órbitas hacia Saturno.

Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

Ovacionan mi alianza. ¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.
Cubro castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.

De fruto en fruto. Regia de carterita, soy jet.
Lanzallamas.
Malabarista en nupcias.

31
El descalabro es evidente. Invado nuevos films.
La programación está imposible. El horario de las funciones.
Aparezco en secuencias en las que jamás he participado.
Conquisto escenas que jamás he rodado.
En mitad de una batalla, se me puede ver, bebiendo un martini con Dark Vader.

32
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas.
Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.

La sonrisa gira alrededor de mi dedo anular.
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.

33
Le juro amor eterno a Flipper.
De una zancadilla derribo a Luis Buñuel.
Ingmar Bergman que nunca me toleró, lloriquea ahora, al verme habitar sus tomas más gloriosas.

Me entretengo desbaratando plots.
Invado secuencias, como quien devora pretzels.
Soy Elizabeth todo terreno.

34
Con motor de plumas, reboto en rabinos
Abandono el incendio de la monotonía
Escapo vertical.
Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.

35
Completé el reemplazo en la oscuridad del cine Condal.
Ensayé milimétricamente sus líneas. Cada miércoles jueves y domingo de 13:50 a 18:20.

No seré uno más de los cadáveres de Elizabeth.
Ni la mano que sostiene la bandeja.
Mi plan me trasciende.

El único par de ojos aquí, ha sido el mío.

7. COROLARIO

36
Casos similares al de la Mrs. Taylor han ocurrido fuera de la pantalla:

Cierta Olivia de Hallivand ha reencarnado en una vendedora de tamales de 11 años de edad en la antigua Nicaragua.

Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.

Y que desgraciadamente, otro intrépido Buster Keaton, cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

Nadie escapa a su biografía.

THE END

 

la foto (35)

SUITE LARGE

1. OBERTURA

1
Hice del escarnio, mi más nítido escenario.
Me he servido del abucheo, para engarzar piedras preciosas.
Sumergida en desventajas, provoqué mi más fulminante suceso.

Mi reino no existiría si no lo destruyera sistemáticamente.
Mi estado de gracia es el error. Y el hundimiento: mi estola de zorros.

Diva en permanente estado de avería.

 

2. PARAMÁUNTICA

2
Nadie, sino en un formidable estado de ebriedad, podría creer que llevo los ojos violetas.
¡Si es de circos! No existen tal par de ojos. Ni mujeres barbudas.

Sólo un fauno podría llevarlos. Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad. Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos, sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.

La honestidad jamás me ha rozado. Si yo misma, lo admito: son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

 

3

Inicié esta novela con el único propósito de acabar definitivamente con la literatura.

Como el obeso que devora sus dientes, hasta volver completamente inútil a su boca, hice de cada página escrita: un filete para mi cena.

Desaparecí 315 párrafos de mi biografía durante el último ataque al refrigerador. Este apetito ya no lo sacia ni boletos de tren, ni recetas de farmacéuticos. Mi ansia clama por sílabas fornidas. Atomatadas.

Detesto quién reza sin aderezos, a quién se enamora con diptongos magros. No existe mejor adverbio que un plato de lentejas.

He convencido al fuego, que mis memorias ardían. Paseo por la Morgue, mi carterita Louis Vuitton.

Ningún recuerdo es de fiar, si resulta ciento por ciento verdadero.

 

4

He sido rodeada sistemáticamente por la espectacularidad.
Resulta imposible apagar el fuego de mis brillantes.
Bombardeada de aplausos, ¿tendré yo, la culpa de portar una vida demasiado condimentada?

Aún en las más insignificantes rutinas, me recubre una pátina de caramelo.
Tomar un baño, es espolvorear a millones de voayeurs con la cocaína de la fama.

Pues nada, me resisto a fragilizar mi obituario. Deberán asumir el riesgo de que al terminar mi romanza, algunas caries visitarán vuestra alcoba. Y esa inflamación en la boca, llevará mis iniciales.

Una buena actriz en poco se diferencia de un terrorista.

 

5
Si mis espectadores no han derramado lágrimas,
al menos han lanzado babas sobre sus palomitas de maíz.

Sus secreciones han valorado mi mejor hallazgo:
la monstruosidad.

Soy el mejor error desde que Hollywood inventó a la Naturaleza.
Existo, para que el mundo comprenda el significado de la palabra precaución.

 

6
Mi única liturgia ha sido evaporar las fronteras del buen tino.
Esto no es religión, es Chanel.

 

7

El postre de la Costa Oeste

Mis ojos violetas en las alacenas de cada cocina americana.

De Hawaii. Espléndidamente traídos. Ananá. Piña en latas. Mi rostro en las portadas de cada lata. Cine en Latas. Fruta. La pulpa de la Reina en Primer Plano.

Envuelta en almíbar, soportaré Pearl Harbor.

Mi marido y su empresa. Una familia dulce. Un dólar noventa el kilo de fantasía. Nacerán niños de arrope. La industria del hambre y el entretenimiento.

Una estrella resbaladiza.

A mis colegas les resulta imposible sobrevivirme.

 

8
No me ha picado jamás la serpiente, pero puedo asegurar que el veneno ha recorrido la pantalla.

Me han colmado de fragancias cuando mi actuación apestaba.

Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas.

 

9
– “Tu sólo repite las líneas que el patio de butacas lanza a tu mente, querida.

Truman siempre me decía: -“Sólo entrego hojas en blanco a mi editor. En toda mi carrera no he escrito otra cosa que Elizabeth Taylor.”

Esa marica debió estar borracha, al pretender sobornarme con semejante patraña.

Katharine Hepburn, Deborah Kerr o cuanta starlet se cruzara en su camino, habrá debido soportar la misma chorreada de halagos. Sobre todo si poseía un marido lo suficientemente dotado como para ser bisexual, a cambio de una buena cantidad de pasta y cocaína.

¡Como supe amar a esa despiadada gallina!

 

10
No tolero la vida, sino es en Cinemascope.
No hallo intimidad, sino delante del fogonazo de los flashes.
Estaría perdida delante del ginecólogo, sino llevase conmigo a mi Director de Fotografía.

Lo esencial es invisible a tu botox.

 

11
Me han dejado envejecer, repitiendo hasta la tortura mis antiguos films.
Conservando antropófagos, mi belleza entre los dientes.

Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

 

3. SÓLO SOMOS LOS KILOS QUE PERDEMOS EN BETTY FORD

12
El único papel por el que he peleado, ha sido la cubierta de un chocolate Godiva. Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

 

13

A medida que mi carrera desaparece, ensancho mis caderas. Soy el almacenamiento. Con una cuchara de postre cavo mi propia tumba.

Contratos. Pollo frito. Críticas del New York Times. Proyectiles lanzados a mi boca.

No domino las guarniciones. Acabaré con mi carrera a dentelladas.

Lo tengo decidido. Estoy imposible de entallar. Propulsada, soy un dirigible entrando en Corseterías. En leotardos amarillos, me tengo rodeada.

No hay escapatoria. La miel me vuelve corrupta. He mordido la matriz. Giro en el infierno. La bestia devora a la luna.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

Vieja, gorda, alcohólica y divorciada. ¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

 

14
Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

 

15
Me he quebrado las costillas por calzarme el último Lanvin.
Engordo, ingiriendo horas de divorcio.

Mi cuello es una pantera que exige tarteletas.
Llevo las manos repletas de proteínas, pero he perdido el rumbo de mi boca.

Sueño con matas de calabacines cubriéndome las espaldas.
Con alcanzar besos de sopa crema durante una siesta.
Íntima y marítima me sumerjo en las bondades del sambayón.

Enjuago mis encías en sémola y recuerdos.
Las huestes del sobrepeso se acumulan, y entro en sopor.

A los fideos les voy a poner crema antiage.

 

16
Trozada. Flieteada. Traspasada.
Una estrella condenada al plano americano.

 

17
Llevo una rosa de tallo largo en la mano. Intento ocultarme. Distraer mi volumen.
Un bouquet sería más adecuado. Donde supo brillar mi cintura, se alza ahora un panteón.

La mejor parte de la cuchara, ha sido siempre la garganta.

4. RICHARD BOURBON

18
El único modo decente de llevar una sortija matrimonial en el dedo,
es cargando una copa de bourbon en la mano.

 

19
Puedo perdonarte la bebida.
Fingir que lo que te metes, son antigripales.
Incluso, he aprendido a hacer la vista gorda, a los trastos de tus infidelidades.

Pero lo que no puedo perdonarte, es que hayas sido tan endiabladamente hermoso.

Eso sí, que no podré olvidarlo.

 

20

Su auto descapotable. El convertible de mi marido, hundido en la maleza. “Exceso de velocidad”, me dicen. “No debió virar”.

No debió intentar escapar con un cargamento semejante. Estrellado. La estrella, y su marido acusado de fraude. Los titulares volverán a destrozarlo.

La cajuela del Chrysler dejó escapar cientos de latas. Rodajas de piña alfombrando la escena. La Policía resbala.

“Ha muerto en el acto”. La sangre y el almíbar firman mi soledad sobre el asfalto.

Llego desesperada. Me ha traído un Oficial. Cruzamos miradas por el espejo retrovisor.

Desciendo, y el viento roba mi pañoleta verde.

 

21

Soy un ave de tormenta dispuesta a freírse la memoria por un cheesecake.

La reina de la aniquilación.

Me han educado obesa, dentro de una cintura de cincuenta y cuatro centímetros.

Pero Cristo se ha puesto de rodillas ante a mi colección de pestañas postizas.

 

22
Me han elegido marido en el peor casting de la Historia.
Hombres en papel dorado. Cajas de maridos.
Es imposible que Suiza deje de tentarme. Soy el diablo desenvolviendo pecados. Chupándome los dedos de fracasos.

 

23
Lo único que no tolero del sacrificio, es la buena impresión que causa.
No comprendo ni una palabra cuando me hablan de matrimonio.
Jamás he sabido diferenciar una boda de un cataclismo.

 

24
Escarbo en el plato de spaghettis buscando tu rostro.
Entre montículos de queso crema, adivino pasadizos que conducen al Edén.

Existe sólo una forma de resarcirme, y es enamorándote ferozmente.
Alimentarte, hasta el papelón.

Me he vuelto una experta en el manejo de la cuchara por sobre el amor.
Una esgrimista a la que el pulso no le tiembla.

Debo apresurarme antes de que la balanza te borre definitivamente del mapa. Flacucho.
Un benteveo que no tiene donde caerse muerto.

Embisto con la precisión de un oso.
Envuelta en vodka. Apareándome en el Mar Báltico, consigo tu obediencia.

A sartenazos obtendré el Sí en un altar.
Eso, a sartenazos.

 

25

Me he quebrado las costillas por calzarme el último Lanvin.

He sido vulgar hasta la exageración. He lavado los platos sucios ante un séquito de abogados.

Engordo, ingiriendo horas de divorcio.

 

26
He perdido la virginidad cientos de veces.
He soltado mi lengua donde ningún pistolero se atrevería.
He sembrado rosas por atraer culebras.

Pero la única alfombra roja que he pisado, ha sido mi lengua.

5. GAFAS NEGRAS

27
1 ½ medida de vodka
5 medidas de zumo de tomate
2 gotas de salsa tabasco
1 pizca de sal de apio
1 vuelta de pimienta negra
1 rama de apio
1 rulo de cáscara de limón.

Semejante tributo a la rotura del himen de María me resulta enervante. No llevo tiempo para sacrilerías. Apenas estoy delante de una copa, la más ruda de las urgencias me precipita.

No podría en ese estado diferenciar mi pulgar, de una cáscara de limón.
Mi huella digital quedaría guillotinada hundiéndose en el trago.

Me importa un bledo el Bloody Mary.

 

28
He bebido las colinas de Hollywood. He gozado de sus acantilados.
Mi blusa ha sido festejada por miles de fanáticos.
Me han abucheado en Moralidad.
Llevo la juerga impresa en la médula espinal.

La belleza me ha confinado a la libertad más despiadada.

 

29

Eliza vete
El hígado se me ha escapado. Saltó de mi busto.
A las puteadas intenté detenerlo. No hubo modo de convencerlo.

Harto de estertores. Aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.

Nada más injusto que un segmento.
Sin previo aviso. Ni cuchillos.

Tomó envión, y escapó por sobre mi vestido.
Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles. Pegadas a mis caderas, digo.

Pero esta traición no quedará impune. Su alegría no tendrá mucho para decir.
He tolerado sus juicios. Sus migrañas. Hemos convivido a base de tisanas. A litros de Reliverán.

¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido. Podré ser obstinada. Multiplicar mis cuernos.
Pero he tenido siempre conciencia de conjunto. De unidad.
No ando desprendiéndome por ahí. Salpicándole libros a la muerte.

Pero ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.

Porto ahora una coqueta cartera de Nina Ricci, en su reemplazo.

He mandado abrir la fábrica. En víspera de año nuevo, no evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.

Un modelo de la temporada próxima habita sustituto en mi interior.
Sintética, pero vanguardista.

La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica: México.

Y hay quienes defienden que ha sido la primera glándula en recibirse de quiropráctica en La Sorbone.

Me toman por estúpida. Me encierro en un frigorífico, a esperar la llamada de mi agente.

 

30
Preferiría que me arrolle un jet, antes de volver a enamorarme. Pero daría mis dos piernas por ser deseada nuevamente.

 

31

Desmiente el Vaticano que el pene de Burton sabía a chocolate.

Stroessner criticó la relación, y la KGB nos miró con sorna.

Detrás del horizonte, no hay más que un viejo proyector.

 

32

“Me resulta muy difícil tener una aventura.

Tengo que estar realmente enamorada para acostarme con un hombre.

Y cuando estoy realmente enamorada, entonces quiero casarme.”

 

33
Vademécum

Fractura de pie. Dedos rotos.
He bailado un bolero con los tobillos torcidos, y nadie se percató.
Una esquirla en un ojo, que bien valía un divorcio.
Hernia múltiple de columna. Derrame intravenoso. Tumor cerebral.
Disentería amébica, laringitis, faringitis.
Agotamiento. (Eso es normal).

Trastornos alimentarios múltiples.
Alcoholismo. Adicción a los barbitúricos.

Un niño maneja mejor las canicas, que los médicos mis recetas.
Un total de 26 operaciones. Sin contar una liposucción frenética en la primavera del 86.

He viajado a la Luna sin poner un pie en la NASA.

 

34
Simplemente bebo hasta que un pájaro azul se posa sobre mi coqueta.
Soy Heidi con demasiadas cabras.
Bonita y desorientada: un reemplazo del prozac.

 

35
Sistemáticamente me han bombardeado las desgracias.
Me he vuelto una especialista en deslizar mi vida hacia los acantilados.
He volcado. Dado trompos en las licorerías de Santa Mónica.
Envuelta en insultos y diamantes, me he paseado desnuda por Rodeo Drive.

Nadie miraría mi cuello, sino para arrebatarme de un zarpazo la personalidad.

36

Lizérgica Taylor

El sismo permanente de mis operaciones de columna ha sido transmitido en vivo. Escupo madreselvas on screen.

Me han paseado en ambulancia como si mi duodeno fuera un Carnival.

Cada vez que me han exigido sobriedad, me he ido por las ramas. Puedo convencerlos de ser Godzila, o una gatita siamesa.

Se atreven a llamar alcoholismo, lo que a las claras resulta ser homicidio.

Aplauden, por verme asesinar a Elizabeth.

 

37

Mis lágrimas jamás han sido a rímel corrido.
Estando borracha, ha sido cuando mejor supe comportarme.
Fui masculina. Siempre.
Nunca descuidé eso. He bebido whisky como quién expende semen.
Hay una nube de tabaco. Una sombra de bigotes, que asoma siempre al intoxicarme.

He mandado al Diablo corpiños y enaguas.

Cuando bebo huelo a fiera. Podría comer carne cruda. Recibir azotes.

Si es que no los he recibido ya.

Los Ángeles empeñan sus plumas por verme lloriquear.

6. CORTOMETRAJE I: DEVOTA

38

1. Panadería. Ext. / Día

Una dulce Viejecita entra a la panadería a comprar su pequeña ración diaria.

 

2. Panadería. Int. / Día

Urga en su monedero, y cuenta los pocos centavos que tiene. Es claro que no le alcanza.

El Panadero de pésimo humo, la observa.

La Viejecita halla entre sus miserias, una estampita de Elizabeth Taylor. La besa.

El Panadero cambia de actitud. El morrudo hombre descorre una cortina detrás del mostrador. Un altar dedicado a la diva se ilumina entre rosquillas y baguettes. Conmovido, le regala a la anciana una generosa cantidad de pasteles y bocadillos.

Se oye un bucólico coro de ángeles.

Funde a violeta.

7. DIOS EN RUEDA DE PRENSA

39

En la cima, destapo el milagro.

Llevo años acumulando lípidos.

Brandys, barbacoas, entremeses adquieren, por fin, utilidad.

Despiertan. Me habitan frenéticos.

El calor me inunda. Estoy irreversible.

Trepo a temperaturas inauditas.

Una pátina amarillenta me acompaña. Me blinda.

De mi cintura descienden años.

¡Elizabeth Taylor entra en combustión!

 

40

Muta mi fragilidad. Cede la piel.

Inicio la revolución. Adquiero majestuosidad.

Las llamas me abrazan.

Soy la quintaescencia de la Justicia.

Prendida fuego, me echo a rodar por las laderas de Hollywood.

Me he convertido en un inoportuno pabilo.

En una mecha de un metro cincuenta y siete.

 

41

Encendida, devoro nísperos y abedules.

Me topo en el descenso con el cartel que firma el monte.

La W se adhiere a mi brazo.

Sin su cartel, Hollywood no es más que pasto ardiendo.

La hija de Hefesto sentencia, y la estructura cae.

Los hierros se retuercen. Son de chocolate.

Es un guante que llevo en el cortejo.

Entre gritos de guerra, flameo mi botín.

Godzila adquiere velocidad. Volumen.

 

42

Rodando, convido llamaradas y pedregullo.

Vertiginosa, carbonizo el olvido.

He sido entrenada para decapitar la verdad. Para asesinar con el chipazo de una cámara, la más intensa cordura.

Artificial y voraz, enciendo la ficción inimitable. Honesta y compulsiva, incrusto con paso firme, mi venganza acalorada.

Emerjo con imprudencia divina. Lanzo  proyectiles redentorios. Expulso escarmientos molotov.

Dos hornallas en las caderas guisan mi monólogo final.

Estoy violando la sensatez.

 

43

Es tiempo de freírlos. La pantalla es combustible. Suplicaban poseerme. Pero esta vez seré yo, quien termine satisfecha.

 

44

Lava. Roca fluida. Piedra pómez entre los dientes.

Estoy pariendo el incendio de mi fama.

Quedarán exhaustos. Pongo fin, sirviendo la última orgía.

 

45

No sé cuanto más resistirán mis rodillas.

Enormes porciones de soledad se incrustan a mi paso.

Llevo impresa la cacería. Ya no podré separar nunca al hielo del whisky.

 

46

Una esfera incontrolable vestida por Cardin.

Mis pantorillas no conciben el suelo. Soy Juana de Arco envuelta en perlas.

No habrá cuerpo de Bomberos que logre detenerme.

La carne es innegable.

Vencer a la muerte, ha sido ya suficiente castigo.

Me he vuelto incandescente.

Propalo meteoritos.

La estrella convida urgencias.

Soy el 911 del Séptimo arte.

 

47

Debo procurarme amantes en trajes de amianto. Con interiores plateados, y casquetes del departamento de explosivos.

Hasta ahora, nadie ha logrado acompañarme en mi sobrenaturalidad.

 

48

Una estrella chamuscada. Entrada en carnes.

Asada.

Sin más altar que el rencor.

Una diva echada a la parrilla.

Una carbonada con lentes oscuros.

La flama gobierna.

Soy un alarde en erupción.

Volcánica y desolada, el amor no ha hecho otra cosa que enfurecerme.

Volverme cada kilo más rabiosa.

 

 49

Mis brazos son látigos. Sables, que domino quirúrgica.

Moldes, para mi antojo.

Diecisiete metros de carne humeante.

Voy cocida. Sería capaz de probarme. Morder y deglutirme la mano.

¿A qué sabe una estrella?

 

50

No conocí la felicidad hasta el instante que entré en combustión.

Puedo tallarme como a una vela.

Mi cuerpo dirime estertores.

El diablo que tanto me ha fisgoneado las enaguas, hierve ahora, en sus pantalones.

El fuego rodea mis nalgas.

Soy de hule. Crezco a voluntad.

La mozzarella de una formidable porción de pizza.

Mis huesos conforman una pasta independiente a la razón. Si yo misma no dispongo del asombro. Pero mis ojos son irrevocables.

Sucedo como las grosellas, explotando ante el calor del verano.

 

51

Cada centavo de este prodigio me pertenece.

La faraona bebe del infierno.

Un dragón en cinemascope.

Aquí, el ángel halla materia.

No habrá secretos donde refugiarse.

Ahora que mi carrera se extingue, resulta imposible detener el rodaje.

8. CORTOMETRAJE II: NO TENDRÍA LOS OJOS VIOLETAS SINO ME LLAMASE ELIZABETH TAYLOR

52

Tres Limones

Casino. Interior.

Maquina tragamonedas.

Una mano de mujer jala la palanca, e inicia el juego.

Plano detalle: lleva un anillo con una importante piedra violeta.

El azar cobra movimiento. Espera la coincidencia de las tres figuras.

La maquina se detiene.

En el primer casillero: la carita de Elizabeth.

Casi inmediato, en el segundo también es Elizabeth la elegida.

Y por último, y como debe ser: Elizabeth.

Suena la sirena. Las luces giran.

Se oye el caer de las monedas.

Ambición, y festejo.

Corte a:

  

53  

Conservas

Supermercado. Interior.

La misma mano. El mismo anillo con piedra violeta. Conduce un carro por los pasillos del supermercado.

Se detiene entre dos góndolas.

Perfectamente decorados, faraónicamente expuestos: cientos de latas de piña con la carita de Elizabeth Taylor en la cubierta.

La Dama del carrito adquiere velocidad. Embestirá el carrito contra la pirámide de latas.

Corte abrupto a:

 

54

Violencia familiar

Living Clase Media. Interior.

Violentamente se abre la puerta de entrada, un marido borracho llega a su hogar.

Su mujer asustada deja caer un plato al piso, y se destroza.

Nota de Audio: Se oye el caer de las latas de la escena anterior.

Le cruza la cara de un golpe.

Ella huye, forcejean, le jala del pelo. Una desagradable situación.

Baño Clase Media. Interior.

Ella logra encerrarse en el baño. Corre el pasador.

Temblando y sangrando llama por su celular a Emergencias.

 

Fachada Casa Clase Media. Exterior.

Un patrullero de la Policía llega a gran velocidad. Se detiene delante de la casa. Dos enormes agentes descienden del coche. Nunca vemos sus rostros. En la espalda de sus cazadoras, llevan bordado “E.T. Patrol”.

 

Baño Clase Media. Interior.

La mujer aterrada, observa cómo la madera de la puerta se agrieta con cada embiste. La bestia está punto de entrar.

 

Living Clase Media. Interior.

Una enorme mano masculina, detiene por el hombro al golpeador. Lleva uñas pintadas de violeta rabioso.

Forcejeo. Tiran al piso, y esposan al agresor.

La mujer sale del baño. Sonriendo, aliviada. Con lágrimas en los ojos.

Plano de los dos policías: Son dos hombres muy masculinos, sólo que llevan pelucas y maquillajes que nos recuerdan a Elizabeth Taylor.

El agente protesta con un chistido.En el forcejeo, una uña se le ha despegado.

Corte a:

 

55

Globo

Calle céntrica. Exterior.

Una niña de rulos juega por la calle. Lleva un globo violeta en la mano.

De pronto, en un descuido, el viento vuela su inocente compañía.

La niña llora desconsoladamente.

Aparece una Mujer no muy alta y regordeta, entallada en un body de lycra. Lleva una capa violeta. Jamás vemos su rostro.

Vuelve a salir de plano. Conocemos que vuela.

La niña con lágrimas aún en los ojos, observa esperanzada.

Un instante, y la heroína regresa con el globo. La niña festeja, y aplaude.

Veinte palomas blancas cruzan el cielo.

En plano detalle notamos que, claramente, nuestra justiciera debajo del guante lleva un anillo con una piedra, que adivinamos violeta.

Sale hacia sus amigas las palomas.

Corte a:

 

56

Carla Aguero

Cine Condal. Exterior.

Estamos en el Paral-lel de Barcelona. Llueve torrencialmente. La cartelera anuncia: “De pronto, el último verano” en un glorioso blanco y negro.

Carla entra con su carterita.

Cine Condal. Platea. Interior.

Carla se acomoda en la butaca. La sala se encuentra prácticamente desierta.

El característico león de la MGM ruge, anunciando el inicio de la función.

 

Mansión de Bel Air. Exterior. Noche

Fachada.

Mansión de Bel Air. Interior. Dormitorio. Noche.

Delante del espejo tripartito, Elizabeth en camisón se quita su enorme anillo de piedra violeta, y lo apoya en su coqueta.

Comienza a cepillarse el cabello, como cada noche antes de acostarse.

 

Cine Condal. Platea. Interior.

Carla extasiada por lo que sucede en la pantalla, come automática palomitas de maíz.

De pronto, algo la atraganta. Un instante de pánico.

Supermercado. Interior. Día.

El carro embiste contra la pirámide de ananá enlatado.

Rodando. El desparramo es monumental. Cientos de caritas de Elizabeth cayendo. Decapitada.

Nota de audio: Sólo oímos el rugido del león de la MGM.

 

Cine Condal. Platea. Interior.

Carla logra escupir aquello que la tenía ahogada. Es el anillo de piedra color violeta.

Mansión de Bel Air. Dormitorio. Interior.

Elizabeth durmiendo en su enorme cama king size.

Plano detalle en la coqueta: donde debía estar el anillo, no hay nada.

Nota de audio: Se oye la sirena del tragamonedas otorgando el Premio Mayor de la primera escena.

 

Corte Final.

9. EL GUIÓN QUE EL DIABLO NO SE ATREVE A RODAR

57

Me llevan en silla hasta el barco.

Anclamos en mitad del océano.

Bahamas. O podría ser el archipiélago de Hawaii. No lo sé. Me resulta imposible asegurarlo. Al menos, en este estado.

El Capitán me promete barracudas, peces-espada, los ambiguos delfines. Pero la jaula, y mis expectativas son contundentes: aspiro a cruzarme con las mejores dentaduras.

 

58

Al sumergirme, las piernas regresan aliadas.

El agua esquiva mi parálisis. La sirena de los ojos más viejos del mundo está dispuesta. Soy tan violeta como el turquesa que me rodea.

 

59

La prensa insulta a la maniobra tildándola de “capricho”, “extravagancia”. Conservan, como siempre, la superficie de los hechos. Catalogan de “aburrimiento”, a la urgencia.

Especulan si mi cerebro será capaz de resistir la presión. Subestiman la profundidad de mi alcance.

Los caballeros no miden el apuro de mi proceder.

 

60

Muñida de un arpón y un guía mancebo, aguardo redonda y calificada.

De pronto un alarido ruge en las profundidades. Es el mejor aplauso que jamás se me ha brindado.

Soy la carnada perfecta. La voz se ha corrido de inmediato entre mis puntualísimos fanáticos.

Vengo a alimentar tiburones con AZT.

 

61

Abro la jaula. Aterrado, el mancebo intenta detenerme. Pero un golpe seco, lo deja fuera de combate.

Leona.

 

62

Me lanzo a la libertad, despliego mi avatar volando océano adentro.

He mandado construir una gargantilla acorde. Despliego un rosario de píldoras, anchoas, besugos, antivirales, efavirenza y esmeraldas.

De mi cuello parten ofrendas, destellos y esperanzas finamente hilvanados. Son cientos. Miles.

Nace la eucaristía. Se acercan. Giro. Un trompo ofreciendo sino milagros, treguas.

La formidable Fedra. Si sobreviven es gracias a mis joyas, y no a las medicinas. No se acercarían sin el brillo.

 

63

Puedo identificar cada mirada. La cicatrices en el lomo. Aquél que sólo conserva una de sus branquias.

Mi antiguo coiffeur.

Amputados. Tuertos. El mayordomo que un día huyó de la Mansión, sin que mi idiotez de burguesa se percatara de la verdadera razón de esos pañuelos manchados con sangre.

Regresa apresurado. Sin tiempo para el rencor. Pero las heridas son inolvidables.

La naturaleza empecina a sus hijos a sobrevivir.

Anclados, se retuercen. Es imposible librarlos.

 

64

Podría perder un brazo en el reparto. La lengua de acero de mis abandonados escualos podría destrozarme en un descuido. Su piel de lija, deshacerme.

Enfermos terminales devorándome en segundos. No alcanzo ni a pensarlo.

 

65

¡Es el ballet del AZT!

Lápices labiales para millones de depredadores.

Soy la espina que bendice. Una emperatriz necrológica. Luciérnaga entre bombardeos.

Apaciguo con pétalos a la calumnia.

A merced de las corrientes, soy una marsopa desbocada.

Y ellos: pájaros con demasiadas horas de vuelo. Islas desorientadas.

Me rodean. Se aglutinan en torno a su madre. Devoran.

Sirvo las virtudes sanadoras del diamante.

Protagonizan el guión que el Diablo no se atreve a rodar.

10. CARLA AGÜERO

66

Soy la reina de los quehaceres. Una momia en pleno siglo veintiuno. La virgen sobornada por Woolite.

Aireo sábanas, como quien domina motines.

El sol condena a mis postizos. He sido coronada con una ristra de pinzas para la ropa.

Una cuarentona muerta de miedo, y sin una puta esmeralda.

Pero lustro un ánfora entre mis piernas.

Mi marido no sospecha la alfombra en la que vuelo.

Rebatida, me despliego en episodios intrascendentes.

Fregar una toalla, cocer una carne. Las he vuelto tareas de faraona.

La ficción es la única memoria de la que dispongo.

11. ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS

67
“Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.

Empadronada con el cielo viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis, cabalgo por los ombligos de Dios.

Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.

Estoy dispuesta a servir salmón.
Llevo en andas mi cintura de avispa
Soy el manjar de los poetas.
Digo “sí, sí, sí” a todas las águilas
a aquella nave, aerodinámica, que me parpadea homenajes.

Respondo “acepto”,
“Claro que sí, Mon Dieu!”

Lanzo cascadas de astronautas.
Satélites, adornan mi busto de princesa en bancarrota.

Bebo del Espacio.
Mojo mis pies en el estallido Universal.
Me lanzo en órbitas hacia Saturno.

Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

Ovacionan mi alianza. ¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.
Cubro castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.

De fruto en fruto. Regia de carterita, soy jet.
Lanzallamas.
Malabarista en nupcias.

 

68
El descalabro es evidente. Invado nuevos films.
La programación está imposible. El horario de las funciones.
Aparezco en secuencias en las que jamás he participado.
Conquisto escenas que jamás he rodado.
En mitad de una batalla, se me puede ver, bebiendo un martini con Dark Vader.

 

69
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas.
Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.

La sonrisa gira alrededor de mi dedo anular.
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.

 

70
Le juro amor eterno a Flipper.
De una zancadilla derribo a Luis Buñuel.
Ingmar Bergman que nunca me toleró, lloriquea ahora, al verme habitar sus tomas más gloriosas.

Me entretengo desbaratando plots.
Invado secuencias, como quien devora pretzels.
Soy Elizabeth todo terreno.

 

71
Con motor de plumas, reboto en rabinos
Abandono el incendio de la monotonía
Escapo vertical.
Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.

 

72
Completé el reemplazo en la oscuridad del cine Condal.
Ensayé milimétricamente sus líneas. Cada miércoles jueves y domingo de 13:50 a 18:20.

No seré uno más de los cadáveres de Elizabeth.
Ni la mano que sostiene la bandeja.
Mi plan me trasciende.

El único par de ojos aquí, ha sido el mío.

12. COROLARIO

73
Casos similares al de la Mrs. Taylor han ocurrido fuera de la pantalla:

Cierta Olivia de Hallivand ha reencarnado en una vendedora de tamales de 11 años de edad en la antigua Nicaragua.

Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.

Y que desgraciadamente, otro intrépido Buster Keaton, cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

Nadie escapa a su biografía.

 

THE END

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Lorna, la fan número 1 de Susana Giménez.

 

DOSSIER

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¿A qué sabe una estrella?

Biblia

Nadie escapa a Elizabeth Taylor nació con intención y formato teatral. Aunque con ínfulas de novela, y pretensiones fílmicas, su literatura vomita las entrañas de un mito. Es un campo de batalla donde el star-system implosiona a fuerza de alcohol, gula, y divorcios. Imprudente y desbocada, Elizabeth flamea delante de su único espejo: el público.

¿Cuántos metros de celuloide pesa una estrella?

Género

Comedia. Berrinche de formatos.
Monólogo bijou. Haikus de cocaína.
Verdades de pollo frito.

Nadie escapa a Elizabeth Taylor es una deuda resarcida. Una granada de hule. Un precipicio en un cine de Boedo.

¿La culpa es astringente?

Sinopsis argumental

Carla Aguero es acomodadora del Cine Los Andes. En la oscuridad del patio de butacas, admira a Elizabeth Taylor. Consiguió el empleo sólo para poder ver a su estrella en continuado.

Le roba a la estrella talle y fonemas. Repite perpetua sus diálogos y portazos. Poseída Aguero deshabita su existencia, tornando sus vísceras en celuloide.

La fusión no halla límites, imposible distinguir una mujer de la otra. Elizabeth de todo se entera y a puño cerrado saca ventaja. Y Carla: su encantada derribada.

 

Nadie escapa a Elizabeth Taylor Suite es un extracto de 15’ de la pieza completa

“El único modo decente de llevar una sortija matrimonial en el dedo, es cargando una copa de bourbon en la mano.”

 

Propuesta escénica

Reparto: Verónica Riutort.

Libro y Dirección: Diego Kehrig

Duración: 15 minutos.

 

Iluminación:
Naciendo el espectáculo, habrá un Apagón. Durante el monólogo precisaremos una sola luz fija. Y terminada la propuesta, regresamos al Apagón. Más simple tirame un Oscar.

Nuestra actriz munida de linternas prenderá destaques con sus propias zarpas.

 

Escenografía:
No precisamos.

 

Sitio web: El proyecto cuenta con su propio espacio en el internet.

http://www.nadieescapa.com

Prontuario, bitácora, huevo, harina y el horneado está pronto. El teatro ha sido emplatado.

Compañía Teatral:
Tanquecito Sherman con proyectiles de Stanislavsky. Chessecake con butifarra. Atropello escénico. Beso cognitivo. Eso somos: habitadísimos.

Cariños.

DIEGO KEHRIG, autor y director

VERÓNICA RIUTORT, intérprete

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Actriz y monologuista, ha transitado por el mundo del periodismo y del espectáculo con el interés puesto en los diferentes universos femeninos y en la realidad social de la mujer. Trabajó con Diego Kehrig en Negro Corazón. Actualmente escribe e interpreta sus propios monólogos. Reside en Mallorca.

 

GRAGEAS

KRAKATOA

CARLA: Yo también besé a Montgomery Clift en la Sala 2 del Cine Los Andes.

Recibimos el Oscar con idénticos peinados.
Ella: de Lanvin. Yo: con mi repasador como cetro.

Supe mirarme entre sus frases.
acomodarme entre sus brillantes.
Latir con sus perfumes.

No toleraría mi vida en blanco y negro,
sin su majestuoso technicolor .

El día que Elizabeth y yo corramos de la mano por una isla del Pacífico.
Felices y bombardeadas.
Ataviadas de milagros salvaremos pandas y homosexuales.

No concibo la felicidad, sino en un plano americano.

WINCHESTER

Me he librado ferozmente de la alegría.
Arranqué de cuajo
las miradas de complacencia y aprobación
de mis eventuales acompañantes.

Domestiqué Arlequines a los sopapos.
No pondrá nadie en tela de juicio, mi cobardía.

Escarban en mis páncreas.
Puedo oírlos. Murmurandome asfixias.
Insolencias.

Siempre he tenido debilidad por los prepotentes.
Los torcidos.

Pero a cada cual su sable.

Embisto.
Voy debajo de volcanes.
Ejerzo furias insensatas.
Seré un gendarme Sin secretos.
Lejos de la mampostería. No habrá forma de ocultarme.

Me han cazado como a un surubí con el zoom de sus cámaras.
Si tuviera mi Winchester no dudaría en derribar paparazzis.
(Ruge).

ANTAGONISTA



Soldados de papel,
de organza.
Envueltos en tacones de segunda selección.
Han hecho de mis postizos: nitroglicerina.
Y con cada mohín, encendieron la mecha.

Una terrorista en las llagas de la beneficencia.
He salido a levantar pellejos de voz aflautada.
Arrastré homosexuales, arropándolos con diseños de Lanvin.

Hice de mis párpados: dos patrullas.
Y del living: un sidiario.

No dudé en acomodar reinas desdentadas,
coiffeurs dopados, y comisarios de abordo desahuciados en las recámaras de mi mansión.

Rocié de Channel Number Five el infierno de sus incontinencias.

Cuando ya no quedaba consuelo,
yo misma les he alzado la mascarilla de oxígeno.

No me tembló la mano al cubrir llagas con pancake.
He rellenado crisis con bases de Lancome.

Utilicé pinceles y delineadores
con la precisión de un bisturí.

OCASO

Entro al ocaso con un sobrepeso inusitado.
Se ha iniciado el rodaje de mi circunferencia.
A medida que mi carrera desaparece, ensancho mis caderas.

Con una cuchara de postre cavo mi propia tumba.
Kilos. Contratos.
Críticas del New York Times.
Proyectiles lanzados a mi boca.
No domino las guarniciones.

Vuelo mi aparato digestivo.
Acabaré con mi carrera a dentelladas.

Volveré al anonimato entrada en carnes.
Será imposible distinguirme.
Me cubriré de párpados.
Lo tengo decidido.

Estoy imposible de entallar.
Propulsada, soy un dirigible entrando en Corseterías.
En leotardos amarillos.

Me tengo rodeada.
Abrillantada.
No hay escapatoria.
La miel me vuelve corrupta.

He mordido la matriz.
Giro en el infierno.
La bestia devora la luna.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

Soy el almacenamiento.
Elizabeth en el Paraíso.

La obesidad es el mejor antifaz que he podido construir.
El único papel por el que he peleado, ha sido la cubierta de un chocolate Godiva.
Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

Soy un ave de tormenta dispuesta a freírse la memoria por un cheesecake.
La reina de la aniquilación.
Me han educado obesa, dentro de una cintura de cincuenta y cuatro centímetros.

Hice del bestialismo, la mayor de mis gracias,
y de la caída: un refugio.

Vieja, gorda, alcohólica y divorciada.
¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

actors studio

Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

 

ROMÁNTICA HASTA LA PRECISIÓN


Plagada de complicaciones.
Subordinada hasta en las más espinosas boberías.
Indefensa y atolondrada.

Me ensancho.
Escapo entre fotogramas.
El metraje cede.
Me extiendo en cada lata de celuloide.

Los rollos que median 32 minutos,
alcanzan 34, de pronto 36.
Triunfo en 37 minutos.

Nadie comprende.
Pero el descalabro es evidente.
Invado nuevos films.
La programación está imposible.

El horario de las funciones.
Aparezco en films que jamás he rodado.
Conquisto escenas en las que nunca hube participado.
Bebo un martini con Dark Vader.

 

ESCOBA DE LA MGM

El sismo permanente de mis operaciones de columna ha sido transmitido en vivo.
Escupo madreselvas on screen.
Me han paseado en cuatriciclo.
Me he quedado muda.
Y un periodista bombardea mi última avant premier.

Soy momia sin el menor signo de tritón.
Cristo se ha puesto de rodillas ante a mi colección de pestañas postizas.

YELMO

Me han decapitado la infancia.

Una bruja aplastaba mi busto a los trece años.
Fajada para entronar la inocencia, debí callar delante del arco iris.

Debí ser yo, y no Judy quién se quedara con el papel.
Hollywood siempre tuvo debilidad por los alaridos.

No se me permitió morir de sobredosis.
No podría escapar de la fama, como no podría desprenderme de mi esqueleto.
Momificada por el celuloide, he sido constituida para el ejercicio de fisgonear.

Las miradas se empecinan en mi bolso.
El diseño de mis aretes es debate en los baños del Palacio de Buckingham.
La máquina se ha activado. Y nada puedo hacer para impedirlo.

Acorazada por la chisme, me he vuelto indeleble.
Es imposible hallar un respiro. Escapatoria, dentro de Europa.
La prensa se masturba con las delicias de mis divorcios.

<a href=”https://nadieescapaaelizabethtaylor.files.wordpress.com/2010/07/elizabeth_taylor_02.jpg”><img class=”aligncenter size-full wp-image-1086″ title=”elizabeth_taylor_02″ src=”https://nadieescapaaelizabethtaylor.files.wordpress.com/2010/07/elizabeth_taylor_02.jpg&#8221; alt=”” width=”297″ height=”400″

Ojalá explotes de felicidad.
Y esta noche, al acostarte, descanses en paz.

TOUCHÉ

Concurso de Esgrima.
Bastoncitos de queso. Dados de salamín. Salchichitas con mostaza.

Destreza, si las hay.
Copetín al paso, en casa del Embajador.

FILMO, LUEGO EXISTO

Permanezco invicta en celuloide.
He sido confinada a la eternidad.
Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

Cae la siesta, y me resguardo en sus brazos.
Pide la niña a gritos su alimento.

Lloriqueo enfilando cerbatanas.

He bebido las colinas de Hollywood.
He gozado de sus acantilados.

Mi blusa ha sido festejada por miles de fanáticos.
Me han abucheado en Moralidad.
Llevo la juerga impresa a la médula espinal.

La belleza me ha confinado a la libertad más despiadada.

 

He sido vulgar hasta la exageración.
He lavado los platos sucios ante un séquito de abogados.
Engordo, ingiriendo horas de divorcio.

Gucci ha bautizado modelos con mis fracasos matrimoniales.
Nada más generoso que un idiota.

Me he vuelto una granada en los círculos de la beneficencia.

CULEBRÓN

Parida para la contemplación.
Un culebrón aquejado de gigantismo.
Bella, pero inestable.

Mis almohadas pertenecen ahora al Museo Metropolitano de Nueva York.
Mi caso debería contemplarse en la Constitución.
Si yo misma debería ser una enmienda. Un artículo.

Mi rostro en los billetes de 100 dólares
Eso es perfectamente una estupidez.
Jamás le he dado valor a las réplicas.

SIN SEMÁFORO

Obra de Silvia Levenson

Escarbo en el plato de spaghettis buscando tu rostro.
Entre montículos de queso crema adivino pasadizos que conducen al Edén.

Existe sólo una forma de resarcirme, y es enamorándote ferozmente.
Alimentarte hasta el papelón.

Me he vuelto una experta en el manejo de la cuchara por sobre el amor.
Una esgrimista a la que el pulso no le tiembla.

Debo apresurarme antes de que la balanza te borre definitivamente del mapa.
Flacucho.
Un benteveo que no tiene donde caerse muerto.

Embisto con la precisión de un oso.
Envuelta en vodka.
Apareándome en el Mar Báltico consigo tu obediencia.

A sartenazos obtendré el Sí en un altar.
Eso, a sartenazos.

LÁTIGO

Me sirvo de sílabas.

Píglet!
La pé, la í.
Pequeñas explosiones en mi rostro.

Píglet!
Bicho ambiguo.
Píglet! Píglet!

Entre las comisuras de mis pómulos.
Si es preciso, al enfadarme las despliego.
Exigencias de una princesa regordeta.
Retrato mi urgencia al pronunciarlo: Píglet!

La violencia de mis reclamos inunda de sudor a un ejército de asistentes.

 

2
Puras técnicas de actuación.
La impureza ha sido siempre mi refugio.

Si se orinan al verme pregonar.
Destapar las botellas de los más efervescentes caprichos.

Enlazo un buey de un solo vuelo.
Mi eco podría cruzar el Altiplano.

 

3
Pítsburg!
No los abandonará jamás mi lanzallamas.
Píglet!

Debería llevar casco al discutir.
Manipulo radioactividad.
Dios conoce mis destrezas.
No hay fistulas en mi credo.

 

4
Resulto, por lo pronto, impostergable.
El mal genio me ha signado.
Me ha valido de un Oscar.

Y ahora pretenden recato.
Si es de idiotas!
Píglet!

La falta de consecuencias.
Prostitutas de Wall street.
Pretenden que intoxique mis reacciones.

¡Adormezcan a sus madres, cobardes sin asunto!

Portal del Instituto de recuperación Betty Ford.
El blindex debió ser cambiado. La pierna de la Señora Burton lleva ahora 12 puntadas.

CINDIRELLA CONTRA LOS HUSOS HORARIOS

Una huerfanita enfurecida.

Agarrar a los bofetones el Big Ben.
¡Qué meridiano de Greenwich, ni que ocho cuartos!
Harta.

¡Con qué desavenencia intentan enfrentarme a un zapatito de cristal!
Es soberanamente imposible que un carruaje descienda de un zapallo.
Es lucha de clases. Simplemente.
Reescriban ese cuento, ¡moscovitas!

Harta de requisitos, Cenicienta se hizo zapatera.

El bosque es la entrepierna de la princesa.
Y me importa un bledo si el lobo no lleva preservativos en la canasta.

– ¡Abuelita que orejas tan grandes tienes!
– Para operarte mejor.

El Edén es apenas un desvío de la ruta 2.
Somos Starky & Hutch tras el pecado universal.
Hemos lanzado demasiadas pelotitas de tenis contra Jaime Sommers.
La Wonder Woman no es más que una alcohólica con las tetas gigantes. Punto.

¡Por quién nos toman!
Aquí no hay lazo de la verdad. Aquí nadie precisa confesar nada.

Los crímenes no son más que párpados delante de la TV.
Hansel y Gretel se han vuelto sibaritas.
Blancanieves ha muerto ahorcada por su estola.
(Confundida, la muy idiota intimó con Dios y María Santísima.)

Una desclasada que bien merece una paliza.
La única electricidad que ha iluminado a Hollywood, han sido mis orgasmos con Richard.

Ya no hay nazis debajo de la cama.
No está Herodes persiguiendo canastos por el Nilo.
Y no hay ceniceros contra las caras de Roviralta.

La naturaleza ha caído en banca rota.
Nadie escapa a Emilio Disi.

LICENCIA

Mi marido no sospecha la alfombra en la que vuelo.
Rebatida, me despliego en episodios intrascendentes.
Fregar una toalla, cocer una carne. Las he vuelto tareas de faraona.

La ficción es la única memoria de la que dispongo.

En la oscurdiad del cine Los Andes, ensayé milimétricamente sus líneas.
Cada miércoles y jueves de 13:50 a 18:20.

No seré uno más de los cadáveres de Elizabeth.

Hasta hoy, mi único domicilio ha sido el silencio.
Me he vuelto virtuosa en el arte de maldecir entredientes.

Pero he tomado las riendas. Voy a galope.
No seré más, la mano que sostiene a la bandeja.

Mi plan me trasciende.
El único par de ojos aquí, han sido los míos.

EN LA TERRAZA

Aireo sábanas como quien domina motines.
Llevo una vida diminuta, pero envuelta en fuego.

El sol condena a mis postizos.
He sido coronada con una ristra de broches.
Una cuarentona muerta de miedo, y sin una puta esmeralda.

Pero lustro un ánfora entre mis piernas.
Soy la reina de los quehaceres.
Una momia en pleno siglo veintiuno.

La virgen sobornada por Woolite.

DEBERÍA ENTREVISTARME CARL SAGAN

Nadie. Sino en un formidable estado de ebriedad, podría creer que llevo los ojos color violeta.
De circo. No existen tal par de ojos.
Ni mujeres barbudas. (Pausa con sorna).
Sólo un fauno podría llevarlos.

Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad.
Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos,
sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.

La honestidad jamás me ha rozado.
Si yo misma, lo admito.
Son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

LIZÉRGICA TAYLOR

De la noche a la mañana no fuí más princesa. Bella Donna.
Cuando descubrí que existía un mundo por conquistar,
fui enamorada.

La pavota cayó en la jaula.

Han instalado un periscopio en los retretes de mi Casa de Malibú.
Todo me pertenece, excepto el rostro.
Mi busto de avispa ha sufrido infecciones que el blanco y negro ha sabido disimular perfectamente.
Trozada. Flieteada. Traspasada.

Una estrella con 53 centímetros de cintura
condenada al plano americano.


Me han dejado envejecer, repitiendo hasta la tortura mis antiguos films.
Conservando antropófagos mi belleza entre los dientes.

Nado desnuda entre tiburones,
acorazada por una silla de ruedas.

RUBIA

De cada catástrofe, emergí satisfecha.
Cada vez que me atacó la serpiente,
supe antes empuñarle mis excesos.

He sido un muchacho de artellería con tacones.
Un guardavidas con los nervios destrozados.

Cada vez que me han exigido sobriedad, me he ido por las ramas.
Puedo convencerlos de ser Godzila, o una gatita siamesa.
Se atreven a llamar alcoholismo, lo que a las claras resulta ser homicidio.
Aplauden por verme asesinar a Elizabeth.

La actuación ha siempre una excusa para desaparecer.
Cuanto más volumen alcanzaba en la pantalla,
menos reconocía a mis ojos.

Soy un cienpiés en el cuerpo de un rinoceronte.

BARBIETÚRICA

I. Tres Limones
1. Casino. Interior.
Maquina tragamonedas.
Una mano de mujer jala la palanca, e inicia el juego.

Plano detalle: lleva un anillo con una importante piedra violeta.

El azar cobra movimiento. Se espera la coincidencia de las tres figuras.
La maquina se detiene.

En el primer casillero aparece la carita de Elizabeth.
Casi inmediato, en el segundo también es Elizabeth la elegida.
Y por último, y como debe ser: Elizabeth.

Suena la sirena. Las luces giran.
Se oye el caer de las monedas. ¡Es el premio mayor!
De fondo los gritos de festejo de la jugadora.

Corte a:

 

II. Conserva
2. Supermercado. Interior.
La misma mano. El mismo anillo con piedra violeta.
Conduce el changuito por los pasillos del supermercado.
Se detiene entre dos góndolas.

Vemos perfectamente decorados. Faraonamente expuestos. Cientos y cientos de latas de Ananá con la carita de E.T. en la cubierta.

La dama del changuito adquiere velocidad.
Seguro que hará embiste contra la pirámide de latas.

Corte abrupto a:

 

III. Violencia familiar
3. Living Clase Media. Interior.
Violentamente se abre la puerta de entrada, un marido borracho llega a su hogar.
Su mujer asustada deja caer un plato al piso y se destroza.
Se oye el caer de las latas de la escena anterior.

Le cruza la cara de un golpe.
Ella huye, forcejean, le jala del pelo.
Una desagradable situación.

4. Baño Clase Media. Interior.
Ella logra encerrarse. Corre el pasador.
Temblando y sangrando llama por su celular a Emergencias.

5. Fachada Casa Clase Media. Exterior.
Un patrullero de la Policía llega a gran velocidad, y se detiene delante de la casa.
Dos enormes agentes descienden del auto. Nunca vemos sus rostros.
En la espalda de sus camparas, llevan bordado “E.T. Patrol”.

6. Baño Clase Media. Interior.
La mujer aterrada, observa como la madera de la puerta se agrieta con cada embiste.
La bestia está punto de entrar.

7. Living Clase Media. Interior.
Una enorme mano masculina, detiene por el hombro al golpeador. Lleva uñas pintadas de violeta rabioso.
Forcejeo.
Tiran al piso, y esposan al agresor.

La mujer sale del baño. Sonriendo, aliviada. Con lágrimas en los ojos.

Plano de los dos policías:
Son dos hombres muy masculinos, sólo que llevan pelucas y maquillajes que nos recuerdan a Elizabeth Taylor.

Pausa.

El agente protesta con un chistido. En el forcejeo una uña se le ha despegado.

Corte a:

 

IV.  Globo 
8. Calle céntrica. Exterior.
Una niña de rulos juega por la calle.
Lleva un globo violeta en la mano.

De pronto, en un descuido, el viento vuela su inocente compañía.
La niña llora desconsoladamente.

Aparece una mujer no muy alta y regordeta entallada en un body de lycra. Lleva una capa violeta.
Jamás vemos su rostro.

Vuelve a salir de plano. Conocemos que vuela.
La niña con lágrimas aun en los ojos, esperanzada.

Un instante, y la superheroína regresa con el globo.

La niña festeja y la aplaude.
Veinte palomas blancas cruzan el cielo.

En plano detalle  notamos que claramente debajo del guante lleva un anillo con una piedra, que adivinamos violeta.

Sale hacia sus amigas las palomas.

Corte a:

 

V. Travestis
9. Hospital Fernández. Interior.
Una larga fila de travestis caracterizados con las diferentes películas de Elizabeth.
Cleopatra, Gata sobre el tejado de zinc caliente, Quien le teme a Virginia Woolf, Lassie, Los picapiedras, etc. hacen fila.

Un pequeño mostrador.
Una enfermera a medida que van llegando, entrega AZT.

Firman y se van.

Corte a:

10. Supermercado. Interior. Día.
El changuito embiste contra la pirámide de Ananá Enlatado.
Rodando. El desparramo es monumental.
Cientos de caritas de Elizabeth cayendo. Decapitada.

Nota de audio: Sólo oímos el rugido de un león. Nada más.

Corte a:

 

VI. Carla
11. Cine Los Andes. Exterior.
Estamos en el barrio de Boedo.
La cartelera anuncia: “De pronto, el último verano” en un glorioso blanco y negro.
Carla entra con su carterita.

12. Cine Los Andes. Platea. Interior.
Carla se acomoda en su butaca.
La sala se encuentra prácticamente desierta.
El característico león de la MGM ruge, anunciando el inicio de la función.

Corte a:

13. Mansión de Bel Air. Dormitorio. Interior.
Delante del espejo tripartito Elizabeth en camisón se quita su enorme anillo de piedra violeta, y lo apoya en su coqueta.
Comienza a cepillarse el cabello, como cada noche antes de acostarse.

Corte a:

14. Cine Los Andes. Platea. Interior.
Carla extasiada por lo que sucede come automática palomitas de maíz.

De pronto, algo la atraganta.
Un instante de pánico.
Logra escupirlo.

Es el anillo de piedra violeta.

Corte a:

15. Mansión de Bel Air. Dormitorio. Interior.
Elizabeth durmiendo en su enorme cama king size.

Plano detalle en la coqueta: donde debía estar el anillo, no hay nada.

Nota de audio: Se oye la sirena del tragamonedas otorgando el premio mayor idéntico al de la primera escena.

Corte Final.

PARAMÓUNTICA

Me han colmado de fragancias, cuando mi actuación apestaba.
nada mas

ROAST BEEF

Protagonizo lo inimaginable.
Transito mi interior a los ponchazos.
Regida por la urgencia y el traspié, arrastro una novela de varios tomos.
Apretada, aguardo la estocada.
Como si cada amante fuese una granada,
y estuviera destinada a arrojarlos mar adentro.

ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS


1
“Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.
Estoy empadronada con el cielo,
viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis.
Cabalgo por los ombligos de Dios.

2
Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.
Estoy dispuesta a servir salmón.

Llevo en andas mi cintura de avispa
Soy el manjar de los poetas.

Digo “sí, sí, sí” a todas las águilas
a aquella nave
aerodinámica
que me parpadea homenajes

Respondo “acepto”,
“Claro que sí, Mon Dieu!”

Lanzo cascadas de astronautas.
Satélites adornan mi busto de princesa en bancarrota.
Bebo el Espacio
Mojo mis pies en el estallido Universal

Me lanzo en órbitas hacia Saturno
Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

3
En una lata de ananá he conquistado al infinito.
Mi boda estelar: Fruto que brinca.

Ovacionen mi alianza.
¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.

Cubro los castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.
De fruto en fruto
Regia de carterita, soy jet
Lanzallamas
Malabarista en nupcias.

4
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas

Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.
La sonrisa gira alrededor de mi dedo anular.

5
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.
Con motor de plumas, soy un tobogán.
Reboto en rabinos
Abandono el incendio de la monotonía

Escapo vertical.
Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.
Marcho presa a la merienda de mi ukelele.

6
¡Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas!

ELIZA VETE

El hígado se me ha escapado.

Saltó de mi busto. A las puteadas intenté detenerlo.
No hubo modo de convencerlo.

Harto de estertores.
Aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.

Nada más injusto que un segmento.
Sin previo aviso.
Ni cuchillos.
Tomó envión, y escapó por sobre mi vestido.

Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles.
Pegadas a mis caderas, digo.

Pero este traición no quedará impune.
Su alegría no tendrá mucho para decir.

He tolerado sus juicios. Sus migrañas.
Hemos convivido a base de tisanas. A gotas de reliverán.
¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido.
Podré ser obstinada.
Multiplicar mis cuernos.
Pero he tenido siempre conciencia de conjunto.
De unidad.

No ando desprendiéndome por ahí.
Salpicándole libros a la muerte.

Un zorro blanco ha caido del techo.
Ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.

Porto ahora una coqueta cartera de Nina Ricci, en su reemplazo.
He mandado abrir la fábrica para mí sola.
Aunque sea en víspera de año nuevo.
No evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.
Un modelo de la temporada próxima habitará en mi interior.

Sintética,
pero vanguardista.


II
La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica.
México.

Y hay quienes defienden que ha sido la primer glándula en recibirse de quiropráctico en La Sorbone.
Me toman por estúpida.

Me encierro en un frigorífico a esperar la llamada de mi agente.

PABILO

Una esfera incontrolable vestida por Lanvin.
La niña anciana avanza, explotando.

Sus pantorillas no conciben el suelo.
Juana de Arco envuelta en perlas y combustible.
No habrá cuerpo de Bomberos que logre detenerla.

La carne es innegable.
Vencer a la muerte ha sido ya suficiente castigo.
Me he vuelto incandescente.
Lanzo meteoritos.
La estrella convida urgencias.

Soy el 911 del séptimo arte.
Debo procurarme amantes en trajes de amianto,
con interiores plateados, y casquetes del departamento de explosivos.

Hasta ahora, nadie ha logrado sobrevivir a mi sobrenaturalidad.

LEGADO

Litros de alcohol me habitan.
Una pátina grasosa y amarillenta me acompaña.
De mi cintura descienden años.
No lo dudo. Estoy violando la sensatez.

No hallarán ni una página de mi novela.
Sólo una gargantilla de palomitas de maíz,
y una burda copia de mi tiara de dominatriz.

Es tiempo de freírlos.
La pantalla es combustible.
Suplicaban poseerme.
Pero esta vez seré yo quien termine satisfecha.

Lava. Roca fluida. Piedra pómez entre los dientes.

Estoy pariendo el incendio de mi fama.
He naufragado ante un ejército de antihistamínicos y diuréticos.

Pongo fin sirviendo mi última orgía.
No sé cuanto más resistirán mis rodillas.
Enormes porciones de soledad se incrustan a mi paso.

Llevo impresa la cacería de una cámara.
Ya no podrán separar el hielo de mi whisky.
Bebo sangre.

 

DIOS EN RUEDA DE PRENSA
Una estrella chamuscada.
Entrada en carnes.
Asada.
Sin más altar que un chispazo.

Una diva echada a la parrilla.
Una carbonada con lentes oscuros.
La flama gobierna.

Soy un alarde echando lava.
Un milagro en erupción.
Volcánica y desolada,
el amor no ha hecho otra cosa que enfurecerme.
Volverme cada kilo más rabiosa.

Mis brazos son látigos.
Sables, que domino quirúrgica.
Moldes, para mi antojo.

Diecisiete metros de carne humeante.
Voy cocida.
Sería capaz de provarme.
Morder y deglutirme la mano.
¿A qué sabe una estrella?

La “W” se aúna.
Es apenas un guante que se adhiere a mi cortejo.
La piel cede.
Hollywood se retuerce
Arraso su cartel muñida de espanto.

Ramas carbonizadas perplejan mis bucles.
La llamas conquistan mis muslos.
La lengua donde me deslizo.
Gobierno velocidades inauditas.

No conocí la felicidad hasta el instante que entré en combustión.

Puedo tallarme como una vela.
Mi cuerpo dirime estertores.
El diablo que tanto me ha fisgoneado las enaguas,
hierve ahora en sus pantalones.

Sólo mi gargantilla de esmeraldas se mantiene incólume.
Resguarda el alboroto.

El fuego rodea mis nalgas.
Soy de hule.
Crezco a voluntad.

La muzzarella de una formidable porción de pizza.
Mis huesos conforman una pasta independiente a la razón.

Si yo misma no dispongo del asombro.

Pero mis ojos son irrevocables.
Sucedo como las grosellas,
explotando ante el calor del verano.

Cada centavo de este prodigio me pertenece.
La faraona bebe del infierno.
Un dragón en cinemascope.

Aquí, el ángel halla materia.
No habrá secretos donde refugiarse.

Ahora que mi carrera se extingue resulta imposible detener el rodaje.

 

C.H.E. (COMBUSTIÓN HUMANA ESPONTÁNEA)

Una estrella chamuscada. Entrada en carnes.
Asada.
Sin más altares que un incendio.

Una vaca echada a la parilla.
Una carbonada. Tu enamorada carabinera.
Un lanzallamas del imperio Otaviano.

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La bola obesa y maquillada entra en combustión.
Demasiados lípidos.
Demasiadas medidas de alcohol.
Una formidable esfera en aladelta.

Ardo. Soy una amenaza.
El calor me envuelve.
Embisto acebos, nísperos y avellanos.
La reina, poda.

Cebada en pirotecnia, imparto justicia.
Envuelta en furia, echo castañas al cosmos.
Mis glándulas son de artillería.

Carbonizo inspectores.
Voy por la hecatombe.
Dominada por la hoguera.
Flambeada por el rencor.
La mecha propicia del Apocalipsis.

Acción.
El último rodaje.
La muerte en technicolor.
Infernal y Paramáuntica.

Mis pómulos permanecerán horneados en la eternidad.
He dejado la cima, y adquiero velocidad.
El enorme cartel no es más que un desafío.

Arranco una letra de cuajo.
Los hierros se retuercen.
Acaramelada, la “W” se adhiere.

Cayendo me elevo.
Adquiero volumen. Dignidad.

Voy mejor que en mis guiones.
Una matrona envuelta en celuloide.
Difiero poco de un calefón.
Del diablo.

II
Llego hasta los Estudios
No atinan a escapar
Sabrá Dios cuándo tendré suficiente.

En cuestión de segundos las llamaradas, contagian mi destreza.
Chasmusco decorados,
reduzco los vestuarios a inciensos.

Una nube gigante escapada de mis entrañas, se eleva dominante.
Es el fin del séptimo arte.
Cubierta de esmeraldas y sarcasmos embisto traicionera.

Un misil sediento.
Irrefrenable.
Vulcano muerde.
Verán desvanecer la industria.

Lamentarán no haber escrito otro final.

hollywoord fire
Una mala actriz difiere poco de un terrorista.

 

CALESITA

Tema 1: Amiga mía
Intérprete: Valeria Lynch

Tema 2: Kilómetro 11
Intérpretes: Ramona Galarza y Antonio Tarragó Ros

Tema 3: No me arrepiento de este amor
Intérprete: Gilda

Tema 4: Asunción del Paraguay
Ndaikuaái ojehúva chéve, che ko’ênte sapy’a
che ygue ygue rei, imposible ndavy’ái
ama’ê y Paraguaýre, che resa anga ko ikâ
ajuségui rohecha Asunción del Paraguay.

Ymaitéma ku guyráicha aikove iñapytîmby
iñañáva tekove che pepo anga oikytî
noguahêiva cherendápe peteî ára tory
che pejuva’erâ po’ápe che reru rohechami.

Âgâ péina Ñandejára «iporâmante» he’i
ha peteî guyrami che rendápema ojokuái
che rupívo ipepo ári chereru rohechami
amano mboyve jaíre, Asunción del Paraguay.

Nendivéma che ko’êvo, che pytu arumi jevy
chepeju yvytu ambue noguâhêivami amoite
omymyi che korasô, oikovéma che ruguy
oje’omive chugui tukumbo rapykuere.

Aheja che rembiayhu jepevérô ambyasy
añandúva che jopy tekoasy chemonguerái
aheja avei che symíme tapere ha pore’ỹ
ajuségui rohechávo, Asunción del Paraguay.

Che rasy techaga’úgui iñypytû che rekove
ha amoite javorái guýpe nahi’âi chéve amano
ha aru che korasôme ojehýiva ku pere
ha kyvômante ikatúne yvotýpe aipohano.

Rehendúva apurahéirô, rehendúva che ñe’ê
rehendúva che pyambúrô, che rova nderehechái
kóina upévare aru mbykymi ajapova’ekue
purahéi ndéve guarâ Asunción del Paraguay.

Ahetûma ku jazmín ahetûma reseda
ahetûma ku cedrón che py’a rupi rupi
hyakuâvu Paraguay ku yvága ja’eha
iporâ ndaijojahái Juan de Ayolas tapyîmi.

Tomimbi mbyja ko’ê, tahyapu laurel rakâ
toveve pindo rogué, leonmi tosapukái
ñande sy topukavy, tomboveve iñakâhoja
imembýpe tohovasa, Asunción del Paraguay.

 

INFLUENCIAS
El hijo argentino de Michael Jackson

Acomodadora – Linterna – Minuto 05:52

 

 

PORTADAS

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Jugetería para NADIE ESCAPA A ELIZABETH TAYLOR

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