LA OBRA

 nadie escapa

“Me resulta muy difícil tener una aventura. Tengo que estar realmente enamorada para acostarme con un hombre. Y cuando estoy realmente enamorada, entonces quiero casarme.”
Elizabeth Taylor

ÍNDICE

1. Obertura
2. Nadie escapa a su biografía
3. Paramáuntica
4. Azotea
5. Sólo somos los kilos que perdemos en Betty Ford
6. Cortometraje I: Devota
7. Richard Bourbon
8. Cortometraje II: No llevaría ojos violetas si no me llamase Elizabeth Taylor
9. Gafas negras
10. Los Andes
11. Vademecum
12. Tiburombres
13. I love you
14. Dios en rueda de prensa
15. Pandas
16. Águilas, ángeles y astronautas
17. Elásticas
18. Taylor & Hyde
19. De glorias vivamos

 

Uno

OBERTURA

1
ELIZABETH: Hice del escarnio, mi más nítido escenario.
Me he servido del abucheo para engarzar piedras preciosas.
Sumergida en desventajas, provoqué mi más fulminante suceso.

Mi reino no existiría si no lo destruyera sistemáticamente.
Mi estado de gracia es el error, y el hundimiento: mi estola de zorros.

Diva en permanente estado de avería.

 

Dos

NADIE ESCAPA A SU BIOGRAFÍA

2
ELIZABETH: Inicié esta novela con el único propósito de acabar definitivamente con la literatura.
Como el obeso que devora sus dientes hasta volver inútil a su boca, hice de cada página escrita: un filete para mi cena.

Desaparecí entre los párrafos de mi biografía durante el último ataque al refrigerador.
A este apetito ya no lo sacian ni visitas al juez de paz, ni recetas de farmacéuticos.

Mi ansia clama por sílabas fornidas. Atomatadas.
Detesto a quien reza sin aderezos, a quien enamora con orgasmos lánguidos.

No existe mejor adverbio que un plato de lentejas.
La mejor parte de la cuchara ha sido siempre la garganta.

3
Regida por la urgencia y el traspié, arrastro una novela de varios tomos.
Como si cada capítulo fuese una granada de mano
y estuviera destinada a lanzarla mar adentro.

Una buena actriz, en poco se diferencia de un terrorista.

4
Debería intercalar con mi relato sucesos livianos.
Desperdigar croûtons de vida ignota, entre episodios de alpinismo y primicias mundiales.
Anécdotas, donde el lector pudiera equilibrar el paladar.
Morder, y que no resulte siempre una alhaja.

¿Pero tendré yo la culpa de portar una vida demasiado condimentada?

He sido rodeada, sistemáticamente, por la espectacularidad.
Aún en las más insignificantes rutinas me recubre una pátina de caramelo.
Tomar un baño, es espolvorear a millones de vouyeurs con la cocaína de la fama.

Pues no. Me resisto a fragilizar mi obituario.
Deberán asumir el riesgo de que al terminar esta romanza,
algunas caries visitarán vuestras gulas.
Y esa inflamación en la boca llevará mis iniciales.

Bombardeada de aplausos,
no podría jamás escapar de Elizabeth Taylor.

 

Tres

PARAMÁUNTICA

5
ELIZABETH: (Leyendo sus análisis clínicos.) Debería entrevistarme Carl Sagan.

Nadie, sino en un formidable estado de ebriedad,
podría creer que llevo los ojos violetas.
¡Si es de circo! No existe tal par de ojos. Sólo un fauno podría llevarlos.

Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad.
Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos,
sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.
La honestidad jamás me ha rozado.
Si yo misma lo admito: son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

6
Me han decapitado la infancia.
Una bruja aplastaba mi busto a los trece años.
Fajada para estancar mi inocencia,
me resistí a callar delante del arco iris.

Debí ser yo, y no Judy, quién se quedara con el papel.
Hollywood ha tenido siempre debilidad por los alaridos.

7
No me ha picado jamás la serpiente,
pero puedo asegurar que el veneno ha recorrido la pantalla.
Me han colmado de fragancias, cuando mi actuación apestaba.
Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas.

8
Tennessee siempre decía: “Sólo entrego hojas en blanco a mi editor.
En toda mi carrera no he escrito otra cosa que Elizabeth Taylor
.”

Debió estar borracho al pretender sobornarme con semejante patraña.
Katharine Hepburn, Deborah Kerr o cuanta starlet se le cruzara en el camino debió soportar la misma chorreada de halagos.
Especialmente si poseía un marido lo suficientemente dotado como para ser bisexual.

¡Como supe amar a esa despiadada gallina!

9
Si mis espectadores no han derramado lágrimas,
al menos han lanzado babas sobre sus palomitas de maíz.

Sus secreciones han valorado mi mejor hallazgo:
la monstruosidad.

10
(Con arco y flecha, colmada de goce acierta en el blanco en cada intento.)
Mis ojos violetas en las alacenas de cada cocina americana.
Desde Hawaii, espléndidamente traídos.
Ananá. Piña en latas.
Mi rostro en la portada de cada lata.
Cine en Latas.
Fruta.
La pulpa de la diva en su plato.
Envuelta en almíbar, soportaré Pearl Harbor.

Mi marido y su empresa de Ananá.
Una familia dulce.
Un dólar noventa el kilo de fantasía.
Nacerán niños de arrope.

La industria del hambre y el entretenimiento.
Una estrella resbaladiza.

A mis colegas, les resulta imposible sobrevivirme.

11
La única alfombra roja que he pisado ha sido mi lengua.

12
No tolero la vida, si no es en Cinemascope.
No hallo intimidad, sino delante del fogonazo de los flashes.

Estaría perdida delante del ginecólogo,
si no llevase conmigo a mi Director de Fotografía.

13
Soy el mejor error desde que Hollywood inventó la naturaleza.
Existo para que el mundo comprenda el significado de la palabra precaución.

14
He peleado con el león de la Metro en una sinagoga de Santa Bárbara.
Le he reventado el cráneo, muñida de dos premios Oscar.
Una experta en triturar adversarios.
Eso he sido siempre: inteligentísima.

15
Me han dejado envejecer, repitiendo hasta la tortura mis antiguos films.
Conservando antropófagos, mi belleza entre sus dientes.
Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

16
No puedo escapar de la fama,
como no puedo desprenderme de mi esqueleto.

Momificada por el celuloide,
estoy constituida para el ejercicio de fisgonear.

Las miradas se empecinan con mi bolso.
El diseño de mis aretes es debate en los baños del Palacio de Buckingham.

La máquina se ha activado. Y nada puedo hacer por impedirlo.

Revestida por el chisme, es imposible hallar un respiro.
Escapatoria, dentro de la Vía Láctea.

La prensa se masturba con las delicias de mis múltiples divorcios.

Ojalá explotes de felicidad.
Y esta noche, al acostarte, descanses en paz.

 

Cuatro

AZOTEA
(Entra un ama de casa. Una desdicha. Una mujer, aunque parezca una puerta cerrada. El amor se ha hundido en su rostro.)

17
CARLA: Soy la reina de los quehaceres.
Una momia en pleno siglo veintiuno.
La virgen bendecida del Woolite.

Aireo sábanas, como quien domina motines.
El sol condena a mis postizos.

He sido coronada con una ristra de broches.
Una cuarentona muerta de miedo y sin una puta esmeralda.

18
Pero lustro un ánfora entre mis párpados.
Mi marido no sospecha la alfombra en la que vuelo.
Rebatida, me entreno en episodios intrascendentes.
Fregar una toalla,
cocer una carne.
Las he vuelto tareas de faraona.

La ficción es la única memoria de la que dispongo.

 

Cinco

SÓLO SOMOS LOS KILOS QUE PERDEMOS EN BETTY FORD

19
ELIZABETH: Entro al ocaso con un sobrepeso inusitado.
A medida que mi carrera desaparece, ensancho mis caderas.
Con una cuchara de postre cavo mi tumba.
Contratos. Pollo frito. Críticas del New York Times.
Proyectiles lanzados a mi boca.

No domino las guarniciones.
Vuelo mi aparato digestivo.
Acabo mi carrera a dentelladas.

Regreso al anonimato entrada en carnes.
Propulsada, soy un dirigible entrando en Corseterías.
En leotardos amarillos, me tengo rodeada.

Abrillantada.
La miel me vuelve corrupta.
Muerdo la matriz.
Giro el infierno.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

20
Soy el almacenamiento.
Elizabeth en el Paraíso.

El único papel por el que he peleado,
ha sido la cubierta de un chocolate Godiva.
Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

La obesidad es el mejor antifaz que he podido construir.

21
Soy un ave de tormenta dispuesta a freírse la memoria por un cheesecake.
La reina de la aniquilación.

Me han educado obesa, en una cintura de cincuenta y cuatro centímetros.
Vieja, gorda, alcohólica y divorciada.
¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

22
Me he volado cartílagos para desatar mi canibalismo.
He padecido hemorragias bajo un secador de pelo.

Soy la Indiana Jones de los tacones.
El tanque Sherman de los coloretes.

Una espía al spiedo.
Una butifarra con demasiados humos.

Cristo se ha puesto de rodillas ante mi colección de pestañas postizas.

23
Concurso de Esgrima.
Bastoncitos de queso. Dados de salamín. Salchichitas con mostaza.
Destreza, si las hay.

Copetín al paso, en casa del Embajador.
¡Touché!

24
Me he quebrado costillas por calzarme el último Lanvin.
He sido vulgar hasta la exageración.
He lavado los platos sucios de mi cuarto divorcio, ante un séquito de abogados.
Engordo, ingiriendo horas de velorio.

A los fideos les voy a poner crema antiage.

25
He vendido la virtud por una albóndiga,
y conocí la hermandad sobre una fuente de fetuccinis.

26
Mi cuello es una pantera que exige tarteletas.
Llevo las manos repletas de proteínas
pero, he perdido el rumbo de mi boca.
Sueño con matas de calabacines cubriéndome las espaldas.

Con alcanzar besos de sopa crema durante una siesta.
Íntima y marítima me sumerjo en las bondades del sambayón.

Partenaires de harinas triple cero.
Alvéolos de Coca Cola.
Enjuago mis encías en sémola y recuerdos.

El sobrepeso me acumula, y entro en sopor.

27
Mi busto de avispa ha sufrido infecciones que el blanco y negro ha sabido disimular, perfectamente.
Trozada. Fileteada. Traspasada.

28
Llevo una rosa de tallo largo en la mano.
Intento ocultarme.
Distraer mi volumen.
Un bouquet sería más adecuado.

Donde supo brillar mi cintura,
se alza ahora un panteón.

 

Seis

29
CORTOMETRAJE I: DEVOTA
1. Panadería. Exterior. Día
Una dulce viejecita entra a comprar.

2. Panadería. Interior. Día
La viejecita Hurga en su monedero y cuenta los pocos centavos que tiene. Es claro que no le alcanza.

Carla es la panadera. Está de pésimo humor, la observa irritada por la espera.

La viejecita halla entre las miserias de su cartera, una estampita de Elizabeth Taylor.
La besa.

La panadera cambia de actitud.
Descorre una pequeña cortina detrás del mostrador.
Vemos un altar dedicado a la diva que se ilumina entre rosquillas y baguettes.
Conmovida con la humildísima clienta,
le regala una generosa cantidad de pasteles y bocadillos.

Se oye un bucólico coro de ángeles:
¡Ñam! ¡Ñam!
Funde a violeta.

 

Siete

RICHARD BOURBON

30
ELIZABETH: El único modo decente de llevar una sortija matrimonial en el dedo,
es cargando una copa de Bourbon en la mano.

31
(Imitando la voz de Richard) “Puedo perdonarte la bebida.
Fingir que lo que te metes son antigripales.
Incluso, he aprendido a hacer la vista gorda, a los trastos de tus infidelidades.

Pero, lo que no puedo perdonarte es que hayas sido tan endiabladamente hermosa.
Eso sí, que no podré olvidarlo.”

32
Desmiente el Vaticano que el pene de Burton sepa a chocolate.”
“Stroessner criticó la relación, y la KGB los miró con sorna.”

Me han elegido marido en el peor casting de la historia.
Me han matrimoniado a las apuradas con Dios y María Santísima.

Hombres en papel dorado. Cajas de maridos.
Es imposible que Suiza deje de tentarme.
Soy el diablo desenvolviendo pecados.
Chupándome los dedos de fracasos.

33
Practico mis días, organizando esmeraldas.
Insulto a mis fanáticos que pagan por verme sobreactuar.
Abrazo las seis cifras de mis divorcios.

34
Lo esencial es invisible a tu botox.

35
Existe solo una forma de resarcirme,
y es enamorándote ferozmente.

Alimentarte hasta el papelón.
Me he vuelto una experta en el manejo de la cuchara por sobre el amor.
Una asesina a la que el pulso no le tiembla.

Flacucho.
Debo apresurarme antes de que la balanza te borre, definitivamente.
Esmirriado.
Un benteveo que no tiene donde caerse muerto.

Embisto con la precisión de un oso.
Envuelta en vodka.
Apareándome en el Mar Báltico, consigo tu devoción.

A sartenazos obtendré el Sí en un altar.
Eso, a sartenazos.

36
ELIZABETH y CARLA: (Al unísono.) Su auto descapotable.
El convertible de mi marido hundido en la maleza.

Exceso de velocidad. No debió virar.
No debió intentar escapar con un cargamento semejante.

Estrellado.

La estrella y su marido acusado de fraude.
Los titulares volverán a destrozarlo.

La cajuela del Chrysler dejó escapar cientos de latas.
Rodajas de piña alfombran la carretera.
La sangre y el almíbar dibujan el autógrafo final.

Llego desesperada.
Me ha traído un Oficial:
Ha muerto en el acto.”, asegura.

El viento roba mi pañoleta verde.

37
ELIZABETH: Lo único que no tolero del sacrificio, es la buena impresión que causa.
No comprendo ni una palabra cuando hablan de felicidad.

CARLA: Jamás he sabido diferenciar una boda de un cataclismo.

 

Ocho

CORTOMETRAJE II: NO LLEVARÍA OJOS VIOLETAS SI NO ME LLAMASE ELIZABETH TAYLOR

38
Tres limones
CARLA: Casino. Interior. Noche
Maquina tragamonedas.
Una mano de mujer jala la palanca e inicia el juego.

Plano detalle: lleva un anillo con una importante piedra violeta

El azar cobra movimiento.
Espera la coincidencia de las tres figuras.
La maquina se detiene.

En el primer casillero, la carita de Elizabeth.
Casi de inmediato, en el segundo también es Elizabeth la elegida.
Y por último, y como debe ser: Elizabeth.

Suena la sirena. Las luces giran.
Se oye el caer de las monedas.
Ambición y festejo.
¡Jauja Taylor para todos!

Corte a:

39
Conservas
Supermercado. Interior. Día
La misma mano. El mismo anillo con piedra violeta.
Conduce un carro por los pasillos del supermercado.
Se detiene entre dos góndolas.

Vemos perfectamente decorados.
Faraónicamente expuestos, cientos de latas de piña con la carita de Elizabeth Taylor en la cubierta.

La dama del carrito adquiere velocidad.
Embestirá contra la pirámide de latas.

Corte abrupto a:

40
Violencia familiar
Living Clase Media. Interior. Noche.
Violentamente, se abre la puerta de entrada.
Un marido borracho llega a su hogar.

Su mujer asustada deja caer un plato al piso,
que se destroza.

Nota de Audio: Se oye el caer de las latas de la escena anterior.

Le cruza la cara de un golpe.
Ella intenta huir, forcejean, le jala del pelo.
Una desagradable situación.

Baño Clase Media. Interior. Noche.
Ella logra encerrarse en el baño. Corre el pasador.
Temblando y sangrando llama por su celular a Emergencias.

Fachada Casa Clase Media. Exterior. Noche.
Un patrullero de la Policía llega a gran velocidad.
Se detiene delante de la casa.

Dos enormes agentes descienden del coche.
Nunca vemos sus rostros.

En la espalda de sus chaquetas llevan bordado: “E.T. Patrol”.

Baño Clase Media. Interior. Noche.
La mujer aterrada observa cómo la madera de la puerta se agrieta con cada embiste. La bestia está punto de entrar.

Living Clase Media. Interior. Noche.
Una enorme mano masculina detiene por el hombro al golpeador.
Lleva uñas pintadas de violeta rabioso.

Forcejeo.
Tiran al piso y esposan al agresor.
La mujer sale del baño.
Sonriendo, aliviada, con lágrimas en los ojos.

Plano de los dos policías:
Son dos hombres masculinos,
sólo que llevan pelucas y maquillajes que nos recuerdan a Elizabeth Taylor.

El agente protesta con un chistido. Con el forcejeo, se le ha despegado una uña.

Corte a:

41
Globo
Calle céntrica. Exterior. Día.
Una niña de rulos juega en la calle.
Lleva un globo violeta en la mano.

De pronto, en un descuido, el viento vuela su inocente compañía.
La niña llora, desconsoladamente.

Aparece una mujer, no muy alta y regordeta, entallada en un body de lycra.
Lleva una capa violeta. Jamás vemos su rostro.

Sale de plano. Conocemos que vuela por el ruido de su embión.
La niña con lágrimas aún en los ojos observa esperanzada.

Un instante,
y la heroína regresa con el globo.

La niña festeja y aplaude.

Veinte palomas blancas cruzan el cielo.

En plano detalle notamos que, nuestra justiciera, lleva debajo del guante,
un anillo con una piedra, que adivinamos violeta.

Sale, junto a sus amigas las palomas.

Corte a:

42
Carla Agüero
Cine Los Andes. Exterior. Tarde.
Fachada del cine Los Andes de Boedo. Llueve torrencialmente.
La cartelera anuncia: De pronto, el último verano en un glorioso blanco y negro.
Carla entra con su carterita.

Cine Los Andes. Platea. Interior. Tarde.
Carla se acomoda en la butaca.
La sala se encuentra, prácticamente, desierta.
El característico rugido del león de la MGM, anuncia el inicio de la función.

Mansión de Bel Air. Exterior. Noche.
Fachada.

Mansión de Bel Air. Interior. Dormitorio. Noche.
Delante del espejo tripartito, Elizabeth en camisón se quita su enorme anillo con piedra violeta y lo apoya en su coqueta.
Comienza a cepillarse el cabello como cada noche antes de acostarse.

Cine Los Andes. Platea. Interior. Tarde.
Carla, extasiada por lo que sucede en la pantalla, come automática palomitas de maíz.

De pronto, algo la atraganta.
Un instante de pánico. Está a punto de morir ahogada.

Supermercado. Interior. Día.
El carro embiste contra la pirámide de ananá enlatado.
Rodando. El desparramo es monumental.
Cientos de caritas de Elizabeth cayendo. Decapitada.

Nota de audio: Sólo oímos el rugido del león de la MGM

Cine Los Andes. Platea. Interior. Tarde.
Carla logra escupir aquello que la tenía ahogada.
Es el anillo de piedra color violeta.

Mansión de Bel Air. Dormitorio. Interior. Noche.
Elizabeth durmiendo en su enorme cama king size.

Plano detalle en la coqueta
Donde debía estar el anillo, está el cubo de palomitas de maíz.

Nota de audio: Se oye la sirena del tragamonedas otorgando el Premio Mayor de la primera escena
Corte Final

 

Nueve

GAFAS NEGRAS

43
ELIZABETH: 1 1⁄2 medida de vodka
5 de zumo de tomate
3 gotas de salsa tabasco
1 pizca de sal de apio
1 vuelta de pimienta negra
1 rama de apio
1 rulo de cáscara de limón

Semejante tributo a la rotura del himen de María me resulta enervante.
No llevo tiempo para sacrilerías.

Apenas estoy delante de una copa, la más ruda de las urgencias me precipita.
No podría en ese estado diferenciar mi pulgar de una cáscara de limón.
Mi huella digital guillotinada hundiéndose en el trago.

Me importa un bledo el Bloody Mary.

44
He bebido las colinas de Hollywood.
He gozado de sus acantilados.
Mi blusa ha sido festejada por miles de fanáticos.

Me han abucheado en Moralidad.
Llevo la juerga impresa a la médula espinal.
La belleza me ha confinado a la libertad más despiadada.

45
Eliza vete
El hígado se me ha escapado.
Saltó de mi busto.
A las puteadas intenté detenerlo.

No hubo modo de convencerlo.
Harto de estertores,
aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.

Nada más injusto que un segmento.
Sin previo aviso.
Ni cuchillos.

Tomó envión y escapó por sobre mi vestido.
Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles.
Pegadas a mis caderas, digo.

Pero, esta traición no quedará impune.
Su alegría no tendrá mucho para decir.

He tolerado sus juicios. Sus migrañas.
Hemos convivido a base de tisanas. A litros de Reliverán.
¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido.
Podré ser obstinada.
Multiplicar mis cuernos.
Pero, he tenido siempre conciencia de conjunto. De unidad.
No ando desprendiéndome por ahí. Salpicándole libros a la muerte.

Ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.
Porto ahora una coqueta carterita de Nina Ricci en su reemplazo.
He mandado abrir la fábrica.
En víspera de año nuevo no evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.

Un modelo de la temporada próxima habita sustituto en mi interior.
Sintética, pero vanguardista.

46
La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica.
México.

Y hay quienes defienden
que ha sido la primera glándula en recibirse de quiropráctica en La Sorbone.

Me toman por estúpida.
Me encierro en un frigorífico, a esperar la llamada de mi agente.

 

Diez

LOS ANDES

47
CARLA: Roque no entiende.
El orgullo lo enceguece.

7,50 la hora.
Claro que sí”, le dije.
¡Lo bien que nos vendría una estufa en el cuarto!
Cuatro horitas, tres veces por semana.

Elizabeth aprendió de chiquita a pelear sus contratos.
Con un embarazo fuera de útero, luchó por su primer millón de dólares frente a los directivos del Estudio.

Cómo no voy exigirle a Gutiérrez:
Matinée y vermouth. Nada más. Nunca de noche, mucho menos trasnoche. A mi marido no le gusta que ande sola a esas horas por la calle, sabe. Son cuatro cuadras, es verdad. Pero una tiene su reputación. Su frente alta.

A la función de 13:45 asisten damas y niños acompañados por las criadas.
Algún caballero que prolongaba su hora de almuerzo, vaya a saber con qué excusa.

Pero no me pagan para eso.
Les indico su butaca, les encuentro el guante si lo perdieron.
Y les sonrío.
Nada más.

Los detalles, a Roque, se los evito.
¿Para qué? El orgullo.

El orgullo.

48
Para firmar el contrato me compré un par de zapatos. Para que la letra me saliera mejor.
A siete centímetros del suelo una infunde otro respeto. Otra seguridad.

En mi cabeza estaba con Mister DeMille firmando por una cifra escandalosa.
No voy a negar que pensé que lo haríamos en su despacho,
y no detrás de la boletería, apoyándome sobre una revista porque la birome no marcaba.

Borroneada. Horrible. Quería romperlo.
Porque quieras que no, es un contrato con La Industria.

El tema es entrar.
Empezar.

El Cine Los Andes, desde ahora “el empleador,” se compromete a pagar a la Señora Agüero 314.60 pesos mensuales. Es decir 7,15 la hora.

¿Cómo 15? ¡50, Gutiérrez!
El sindicato. El sindicato.

DeMille nunca me hubiera hecho esto.

De acuerdo, pero las pilas de las linternas las pone usted.” Ahí me planté. Orgullosa, como el Roque.

Hoy le recé una novena.
Las cartas que he mandado para que la canonicen.
El Papa, ahí tenés. ¡Otro!

No tenés más que calentar el plato, Roque. La estufa. Pensá en la estufa.

49
Exigí, imploré, y tanto le insistí que al final accedió:

Tiene que ofrecer prestigio. No todo son disparos y trompadas. Una sala como ésta, Gutiérrez, tiene la obligación de ampliar el gusto de su distinguida clientela.

La semana que viene arrancamos con Lassie.
Va a ser un boom.
Estoy segura.

 

Once

VADEMÉCUM

50
ELIZABETH: Fractura de pie.
Meñique y anular rotos.
He bailado un bolero con los tobillos torcidos y nadie se percató.

Una esquirla en un ojo, que bien valía un divorcio.
Hernia múltiple de columna.
Derrame intravenoso.
Tumor cerebral.
Disentería amébica, laringitis, faringitis.
Agotamiento. (Eso es normal).

Trastornos alimentarios múltiples.
Alcoholismo.
Adicción a los barbitúricos.

Un niño maneja mejor las canicas que los médicos mis recetas.
Un total de 26 operaciones.
Sin contar una liposucción frenética en la primavera del ’86.

He viajado a la Luna sin poner un pie en la NASA.

51
Simplemente, bebo hasta que un pájaro azul se posa sobre mi tocador.
Hasta cubrirme con el horroroso amparo de la ingenuidad.

Nuevamente, internada en el Betty Ford.
Esta vez atiné a traer un par de carteras,
y los gatitos inflables de mi aparador.

El diablo es hermafrodita.
Soy Heidi con demasiadas cabras.
Bonita y desorientada.

Un reemplazo del prozac.

52
Mi segundo matrimonio con Richard
ha desencadenado más portadas que las caídas Torres Gemelas.
Me he vuelto de titanio.
Acorazada de zafiros, porto una reputación de golfa estelar.

53
Cada vez que me han exigido sobriedad,
me he ido por las ramas.

Puedo convencerlos de ser Godzilla
o una gatita siamesa.

54
He perdido la virginidad cientos de veces.
He soltado mi lengua donde ningún pistolero se atrevería.
He sembrado rosas por atraer culebras.
Se atreven a llamar alcoholismo, lo que a las claras resulta ser homicidio.

Aplauden, por verme aniquilar a Elizabeth Taylor.

55
Mis lágrimas jamás han sido a rímel corrido.
Estando borracha, ha sido cuando mejor supe comportarme.

Fui masculina. Siempre.
Jamás lloré desperdiciando bebidas blancas.

Ingiero whisky como quién expende semen.
Hay una nube de tabaco.
Una sombra de bigotes que asomo siempre al intoxicarme.

He mandado al Diablo corpiños y enaguas.
Cuando bebo huelo a fiera.
Podría comer carne cruda. Recibir azotes.
Si es que no los he recibido ya.

56
Me he vuelto una especialista en deslizar mi vida hacia los precipicios.
He volcado dado trompos en las licorerías de Santa Mónica.

Envuelta en insultos y diamantes, me he paseado desnuda por Rodeo Drive.
Nadie miraría mi cuello,
sino para arrebatarme de un zarpazo la personalidad.

57
Cientos de paparazzis exigen la exclusiva.
Aguardan mi tropiezo.
La niña obesa juega en la nieve.
La cámara exige lo imposible.
El calendario me ha dado con su bate de béisbol.
Caigo empapada sobre mi enorme traste.

La fama no ha hecho otra cosa que confinarme a un quirófano.

58
Preferiría que me arrolle un jet antes de volver a enamorarme.
Pero daría mis dos piernas por ser deseada nuevamente.

Detrás del horizonte
no hay más que un viejo proyector.

 

Doce

TIBUROMBRES

59
ELIZABETH: Me llevan en silla hasta el barco.
Anclamos en mitad del océano.
Bahamas. O podría ser el archipiélago de Malay.
No lo sé. Me resulta imposible asegurarlo.
Al menos, en este estado.

El Capitán me promete barracudas, peces-espada, los ambiguos delfines.

Pero, la jaula y mis expectativas son contundentes:
aspiro a cruzarme con las mejores dentaduras.

60
Al sumergirme, las piernas regresan aliadas.
El agua esquiva mi parálisis.
La sirena de los ojos más viejos del mundo está dispuesta.
Soy tan violeta como el turquesa que me rodea.

61
La prensa insulta a la maniobra tildándola de “capricho”, “extravagancia”.

Conservan, como siempre, la superficie de los hechos.
Catalogan de “aburrimiento” a la urgencia.

Especulan si mi cerebro será capaz de resistir la presión.
Subestiman la profundidad de mi alcance.

Los caballeros se ahogan en el apuro de mi gesta.

62
Muñida con un arpón y un guía mancebo, aguardo redonda y descalificada.

De pronto, un alarido ruge en las profundidades.
Es el mejor aplauso que jamás se me ha brindado.

Soy la carnada perfecta.
La voz se ha corrido de inmediato entre mis puntualísimos fanáticos.
Vengo a alimentar tiburones con AZT.

63
Abro la jaula.
Aterrado, el mancebo intenta detenerme.
Pero, un golpe seco lo deja fuera de combate.
Leona.

64
Me lanzo a la libertad, despliego mi avatar volando océano adentro.
He mandado construir una gargantilla acorde.

Despliego un rosario de píldoras, anchoas, besugos, antivirales, efavirenza y esmeraldas.
De mi cuello parten ofrendas;
destellos y esperanzas hipnóticamente hilvanados.

Son cientos. Miles.
Nace la eucaristía.
Se acercan.
Giro.

Un trompo ofreciendo sino milagros, treguas.
La formidable Fedra.
Si sobreviven es gracias a mis joyas, y no a las medicinas.
No se acercarían sin el brillo.

65
Puedo identificar cada mirada.
La cicatrices en el lomo.
Aquél que sólo conserva una de sus branquias.

Mi antiguo coiffeur.
Amputados. Tuertos.
El mayordomo que huyó de la Mansión sin que mi idiotez de burguesa
percatara la verdadera razón
de esos pañuelos manchados con sangre.

Regresa apresurado. Sin tiempo para el rencor.
Pero las heridas son inolvidables.
La naturaleza empecina a sus hijos a sobrevivir.

Anclados,
se retuercen.
Es imposible librarlos.

66
Podría perder un brazo en el reparto.
La lengua de acero de mis abandonados escualos, destrozarme en un descuido.
Su piel de lija con sarcomas, deshaciéndome.
Enfermos terminales devorando una estrella en segundos.

No alcanzo ni a pensarlo.

67
¡Es el ballet del AZT!

Lápices de labio rojo para mis depredadores.
Soy la espina que bendice.
Una emperatriz necrológica.

Luciérnaga entre bombardeos.
Apaciguo con pétalos a la calumnia.
A merced de las corrientes,
soy una marsopa por primera vez útil.

Y ellos:
Pájaros,
islas desorientadas, que me rodean.
Se aglutinan en torno a su madre.

Sirvo las virtudes sanadoras del diamante.
Devoren.
Protagonicen el guión que el Diablo no se atreve a rodar.

 

Trece

I LOVE YOU

68
CARLA: A las 3 empezó con los vómitos.
Yo dije: “Es el pescado.”
Seven up, y a otra cosa.

No terminé de dar la segunda vuelta a la cucharita,
que empezó a llamarla.
A los gritos: “Liz, te amo”. “¡Liz sos mi vida!”.

Un confianzudo.

Que la tengo escondida…
Que yo no quiero que él sea feliz…

Un disparate tras otro.

Al principio pensé que me estaba cachando.
¡Dónde!, ¿me querés decir?

Y él insistiendo:
Que me iba a denunciar al FBI…
Que esa mujer no tiene pasaporte…
Que los directivos de los Grandes Estudios son todos mafiosos…
Que van a mandar a sus gorilas.
Y que le van a venir a romper las piernas a él, por cómplice.

No se cuántas estupideces más.

¡Mirá si va a aceptar esconderse en el cuartito de los cachivaches, Roque. Razoná, por favor!

Yo, encantadísima, pero ¿qué va a venir a hacer Elizabeth Taylor a Boedo?

¡Llamo ya a una ambulancia!
Estás delirando.
Es el pescado, yo sabía. Tenía olor fuerte.

69
“Elizabeth, quiero ser tu nuevo esposo. Casémonos en Chascomús. Yo conozco un curita que nos haría el favor.”

“Roque, respetá”. Ahí me puse firme, che.

La considero mi hermana. Lo sabés. Como te vas a casar con tu cuñada. Es incesto. ¡Y por Iglesia! Es pecado.

“Sí, ese pescado podrido que me diste.”

No oyes. Stop.

Y él: “Te la voy a encontrar y es peor. No me hagás enojar.

Y yo: “Vos ya estabas enojado. Todo esto empezó cuando conseguí el trabajito en el Cine Los Andes. Calmate.”

70
Ya estuvo con un plomero. Su sexto marido fue un hombre de la construcción. “Plomery” le dicen allá. ¿Por qué no me va a querer a mí? ¡Qué tengo! ¿Sarna?

Me dio ternura.
Porque es verdad, arreglando calefones es un as.

¡Las veces que lo han llamado de BGH! Hasta su propio maletín con herramientas, le daban.
Y él, nada.
Orgulloso.

Por eso odia a Gutiérrez.
La relación de dependencia no va con su modus operandi.

Y se dice plumber, viejo. No plomery.
Plumber, como Christopher.

71
Me tuve que encerrar en el baño.
Violento.
Y él que nunca. Jamás me levantó la hand.

Me revuelve las cosas. Lo oigo. Busca la llave.

¿Qué llave, Roque? A ese cuartito no entró más nadie desde que mamita nos dejó. 
¡Qué sé yo, dónde está esa llave!
Cuidado con mis perfumes. Carísimos.

72
A las patadas.
“Hasta que Elizabeth no salga del baño, no me calmo… I love you, Liz. I love you, Liz”

Roque, no hablás en idioma. Un cocoliche sos.

No como yo, todo por fonética.

73
(Maquillándose.) Va a bajar la puerta a trompadas.
No tuve más remedio que seguirle el juego.

Ok, Darling. I love you too, Julius Caesare. I am a cat in the tejado”

Con eso lo calmo un poco. Pero, yo no dejo de temblar.

74
Roque, que hacés desnudo. No juegues con eso. Es carísimo ese papel.

Colocándose la peluca. La semejanza es notoria.
Abre la puerta del baño, está vestida de Elizabeth Taylor.

Roque envuelto en papel plateado de horno: “Soy el Oscar de la Academy”.
“Vení, ganaste”. “Sujetame con fuerza hacia tu pecho”.

Todo el mundo nos conoce. Si nos llegan a ver los vecinos.

Corré la cortina. Sos Roque de Quintino Bocayuba. Un gasista de confianza.”

 

Catorce

DIOS EN RUEDA DE PRENSA

75
En la cima.
Destapo el milagro.
Años de acumular lípidos.
Brandys, barbacoas, entremeses adquieren por fin utilidad.
Me habitan frenéticos.
Despiertan.

El calor me inunda. Estoy irreversible.
Trepo a temperaturas inauditas.
Una pátina amarilla me acompaña. Me blinda.

Entro en combustión humana espontánea.
Estoy naranja. Rojo furiosa.

76
Muta mi fragilidad.
Cede la piel.
Toda revolución se inicia con un chispazo.

Adquiero majestuosidad.
Las llamas me abrazan.

Soy la quintaescencia de la Justicia.

Escapo del error.
Prendida fuego, me echo a rodar por las laderas de Hollywood.

Me he convertido en un inoportuno pabilo.
En una mecha de un metro cincuenta y siete.

Encendida, devoro nísperos y abedules.
Crezco.

77
Ruedo.

En el descenso me topo con hierros.
Una enorme “Doble V” se adhiere a mi brazo.
Sin su cartel, Hollywood no es más que pasto ardiendo.

La hija de Hefesto sentencia, y la estructura cae.
Las letras se retuercen. Las chapas son de chocolate.
Es un guante que llevo en el cortejo.

Entre gritos de guerra, flameo mi botín.
Godzilla adquiere velocidad.
Volumen.

78
Convido fogonazos.
Vertiginosa, carbonizo el olvido.

He sido entrenada para decapitar la verdad.
Encender la ficción delante de la cámara.

Compulsiva, incrusto mi venganza acalorada.

79
Emerjo de la hoguera con imprudencia divina.
Lanzo proyectiles redentorios.
Expulso escarmientos molotov.

Dos hornallas en las caderas guisan mi monólogo final.
Estoy violando la sensatez.

No hallarán ni una página de esta novela.

80
Es tiempo de freírlos.
La pantalla es combustible.

Suplicaban poseerme. Pero, esta vez seré yo quien termine satisfecha.

81
Lava. Roca fluida.
Calcinados entre mi dientes.
Estoy pariendo el incendio de mi fama.

Los Estudios quedarán hechos escombros.
Soy un ejército de revanchas.
Sirvo Capitana, la última orgía.

82
Llevo impresa la cacería.
Una esfera incontrolable vestida por Lanvin.

Mis pantorrillas no conciben el suelo.
Soy Juana de Arco envuelta en perlas.

No habrá cuerpo de Bomberos que consiga detenerme.
Resulta imposible separar el hielo del whisky.

83
La carne es innegable.
Venzo la muerte.
Me he vuelto forever incandescente.

Propalo meteoritos.
La estrella convida urgencias.
Soy el 911 del Séptimo Arte.

84
Una estrella chamuscada.
Entrada en carnes. Asada.
Sin más altar que su rencor.

Una diva echada a la parrilla.
Una carbonada con lentes oscuros.

La flama gobierna.
Soy un alarde en erupción.

85
Volcánica y desolada,
el amor no ha hecho otra cosa que enfurecerme.
Volverme cada kilo más rabiosa.

Debí procurarme amantes con trajes de amianto,
con interiores plateados y casquetes del departamento de explosivos.
Ninguno ha logrado acompañar mi sobrenaturaleza.

86
Diecisiete metros de carne humeante.
Voy cocida.
Sería capaz de probarme.
Morder y deglutirme la mano.

¿A qué sabe una estrella?

87
El diablo, que tanto me ha fisgoneado las enaguas,
hierve ahora en sus pantalones.

Soy de hule.
Crezco a voluntad.
La mozzarella de una formidable porción de pizza.

Mis huesos conforman una pasta independiente a la razón.
Si yo misma no dispongo del asombro.

Pero, los ojos son irrevocables.
Sucedo como las grosellas, explotando ante el calor del verano.

88
Cada centavo de este prodigio me pertenece.

 

Quince

PANDAS

89
CARLA: Besé a Montgomery Clift en la Sala 2 del Cine Los Andes.
Recibimos a la Reina con idénticos peinados.

Supe respirar entre sus frases.
Acomodarme entre sus brillantes.
Latir con sus perfumes.

90
El día que Elizabeth y yo corramos de la mano por una isla del Pacífico.
Felices y bombardeadas.
Ataviadas de milagros, salvaremos pandas y homosexuales.

91
No concibo la felicidad, sino en un plano americano.

 

Dieciséis

ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS

92
ELIZABETH:Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.

Empadronada con el cielo viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis.
Cabalgo por los ombligos de Dios.

Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.
Estoy dispuesta a servir salmón.
Llevo en andas mi cintura de avispa.

Soy el manjar de los poetas.
Digo: “Sí, sí, sí” a todas las águilas,
a aquella nave
aerodinámica,
que me parpadea homenajes.

Respondo: “Acepto”,
“¡Claro que sí, Mon Dieu!
Lanzo cascadas de astronautas.

Satélites adornan mi busto de princesa despatarrada.

Bebo del Espacio.
Mojo mis pies en el estallido Universal.
Me lanzo en órbitas hacia Saturno.

Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

93
En una lata de piña he conquistado al infinito.
Mi boda estelar
Fruto que brinca.

Ovacionan mi alianza.
¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.

Cubro castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.
De fruto en frito.
Regia, de carterita, soy jet.
Lanzallamas.
Malabarista en nupcias.

94
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas.
Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.

La sonrisa gira alrededor de mi dedo.
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.

Con motor de plumas, reboto en rabinos.
Escapo vertical.

Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.

 

Diecisiete

ELÁSTICAS

95
CARLA: Algo sucede entre los fotogramas.
El metraje cede.
Algo incesante se adhiere al celuloide.

Los rollos que median 32 minutos, alcanzan ahora 34.
Y de pronto 36.
Excedidos.
Absolutamente: 37.

96
El descalabro es evidente.
Me resistía a creerlo, pero invado films.
No sabría cómo explicarlo.
Acaso si fuese culpable.

Pero estoy brillante delante de la cámara.
Mi cerebro y gestos responden milimétricos.
Los decorados son mi hogar.
Habito escenas de Elizabeth. Superponiéndome.

97
ELIZABETH: La programación está imposible.
El horario de las funciones.

Aparezco en secuencias en las que jamás he participado.
Conquisto escenas que nunca he rodado.

En mitad de una batalla, se me puede ver bebiendo un martini con Darth Vader.

98
CARLA: De una zancadilla derribo a Luis Buñuel.

ELIZABETH: Ingmar Bergman que nunca me toleró,
lloriquea ahora, al verme domiciliar mis pómulos
en sus tomas más gloriosas.

Me entretengo desbaratando plots.
Corto secuencias, como quien devora pretzels.
Soy Elizabeth todo terreno.

CARLA: Su estelaridad sobrepasa los límites.
Ya no son sus films los que la glorifican.
Sino todo el Séptimo Arte.

 

Dieciocho

TAYLOR AND HYDE

99
CARLA y ELIZABETH: Completamos el reemplazo en la oscuridad del cine Los Andes.

CARLA: Ensayé sus líneas.

ELIZABETH: Yo: sus recetas.

CARLA: Cada miércoles y jueves.

ELIZABETH: Seré Carla de 13:45 a 18:20.

CARLA: Seré Elizabeth cada vez más gloriosa.

ELIZABETH: Nadie notará la diferencia. Anónima y liberada.

CARLA: Reconquistaré Egipto, con Roque de mi brazo.

ELIZABETH: Estarás magnífica, supliéndome.

CARLA: Siempre he sabido brillar en el plagio.

ELIZABETH y CARLA: Los únicos ojos aquí, han sido los míos.

 

Diecinueve

DE GLORIAS VIVAMOS

100
CARLA: Casos similares han sucedido. Pero la Prensa y la aún tostada Industria los han mantenido rigurosamente ocultos. El séptimo harto bajo siete llaves.

ELIZABETH: Cierta Olivia de Havilland ha reencarnado en una vendedora de tamales en la antigua Nicaragua.

CARLA: Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.

ELIZABETH: Y que, desgraciadamente, otro intrépido Buster Keaton cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

CARLA y ELIZABETH: Nadie escapa a su biografía.

 

THE END

 

Revisión 25 Diciembre 2020