VERSIONES

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ELIZABETH ENTRA EN COMBUSTIÓN
Prendida fuego, se echa a rodar por las laderas de Hollywood. Años de acumular lípidos, la han convertido en un inoportuno pabilo. Una mecha de un metro cincuenta y cuatro.
Encendida, devora nísperos y abedules.

Hollywood pierde a su Venus de celuloide. Su leyenda ríe a carcajadas sobre pasto ardiendo. El cartel que firma al monte, es derretido en un santiamén. La W se adhiere a los brazos de Elizabeth. Y entre gritos, la Reina, flamea su motín.

Los hierros se retuercen. Son de chocolate. Godzila adquiere velocidad. Volumen.

Rodando, enlaza anécdotas. Convida su gloria entre llamaradas y pedregullo. Vertiginosa, carboniza el olvido.

Entrenada para decapitar la verdad, enciende la ficción con el chipazo de sus muslos. Melancólica y artificial construye una memorabilia inimitable. Honesta y compulsiva, escribe con paso firme su venganza acalorada.

Lava imprudente. Estrella que libra a sartenazos su venganza. Un devenir desordenado lanza proyectiles redentorios.

Dos hornallas en las caderas sirven un monólogo de 200 páginas.

CONTRA LOS ESTUDIOS
Elizabeth devenida en bola de fuego embiste contra los Grandes Estudios. La Industria Cinematográfica prueba su furia. Reduce a cenizas palmeras y barrios huecos. La escenografía recupera su valor primero: la inutilidad.

El fuego deshace el artilugio. La estatua de la libertad es ahora cartapesta humeante.

DECESO
Muerta ELIZABETH, el cine desaparece. El fin del séptimo arte. El aullido del celuloide. El último rodaje.

BOEDO
Carla Aguero es una ignota ama de casa. Ajena a su voluntad, tropieza escenas que Elizabeth Taylor abandonó en la gran pantalla.

En la intimidad de su living, se vuelve la violentísima Martha de ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, o colgando sábanas en la terraza, es Cleopatra entrando a Roma.

Carla sucede de pronto en la vaquera desenfrenada de Gigante, y discute el precio del fiambrín con el almacenero de toda la vida.

Al regresar a sus quehaceres no recuerda ni una sola palabra de lo sucedido.
Elizabeth Taylor vive en el barrio de Boedo.

Como suele suceder en estos casos, la vecina nunca es inocente. Carla se quedará con todo. Y a Elizabeth sólo le resta aceptar la vida descartada de la Señorita Aguero.

Aunque la Policía aún no ha podido probarlo, la población murmura. Se la acusa de la desaparición de la antigua dueña de casa.
“Es envidia, porque ahora estoy vieja y gorda y no me reconocen”, aduce la actriz.

Juran haber visto a la enorme estrella haciendo un juego nuevo de llaves en la cerrajería de Quintino e Independencia.

“Ese pañuelo en la cabeza, y esos lentes negros no logran engañar a nadie. ¡Por quiénes nos toman!”

La ficción es el dispositivo iridiscente de la memoria.
El único objeto de recordar es construir un invento que nos satisfaga.
Moldeamos la verdad hasta convencernos de nuestra estelaridad.
Nos jactamos de cosechar, lo que nunca hemos sembrado.

Nadie escapa a Elizabeth Taylor.

COROLARIO
Casos similares han ocurrido. Cierta Olivia de Hallivand ha reencarnado en una vendedora de tamales de 11 años, en la antigua Nicaragua.
Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.
Y que desgraciadamente otro intrépido Buster Keaton cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

Nadie escapa a su biografía.

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SUITE SMALL

1. OBERTURA

1
Hice del escarnio, mi más nítido escenario.
Me he servido del abucheo, para engarzar piedras preciosas.
Sumergida en desventajas, provoqué mi más fulminante suceso.

Mi reino no existiría si no lo destruyera sistemáticamente.
Mi estado de gracia es el error. Y el hundimiento: mi estola de zorros.

Diva en permanente estado de avería.

 

2. PARAMÁUNTICA

2
Nadie, sino en un formidable estado de ebriedad, podría creer que llevo los ojos violetas.
¡Si es de circos! No existen tal par de ojos. Ni mujeres barbudas.
Sólo un fauno podría llevarlos.

Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad.
Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos, sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.
La honestidad jamás me ha rozado. Si yo misma, lo admito: son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

3
Si mis espectadores no han derramado lágrimas,
al menos han lanzado babas sobre sus palomitas de maíz.

Sus secreciones han valorado mi mejor hallazgo:
la monstruosidad.

Soy el mejor error desde que Hollywood inventó a la Naturaleza.
Existo, para que el mundo comprenda el significado de la palabra precaución.

4
No me ha picado jamás la serpiente, pero puedo asegurar que el veneno ha recorrido la pantalla.
Me han colmado de fragancias cuando mi actuación apestaba.

Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas.

5
– “Tu sólo repite las líneas que el patio de butacas lanza a tu mente, querida.”

Truman siempre me decía: -“Sólo entrego hojas en blanco a mi editor. En toda mi carrera no he escrito otra cosa que Elizabeth Taylor.”

Esa marica debió estar borracha, al pretender sobornarme con semejante patraña.

Katharine Hepburn, Deborah Kerr o cuanta starlet se cruzara en su camino, habrá debido soportar la misma chorreada de halagos. Sobre todo si poseía un marido lo suficientemente dotado como para ser bisexual, a cambio de una buena cantidad de pasta y cocaína.

¡Como supe amar a esa despiadada gallina!

6
No tolero la vida, sino es en Cinemascope.
No hallo intimidad, sino delante del fogonazo de los flashes.

Estaría perdida delante del ginecólogo, sino llevase conmigo a mi Director de Fotografía.

Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

  

3. SÓLO SOMOS LOS KILOS QUE PERDEMOS EN BETTY FORD

7
El único papel por el que he peleado, ha sido la cubierta de un chocolate Godiva.
Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

No domino las guarniciones. Acabaré con mi carrera a dentelladas.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

Vieja, gorda, alcohólica y divorciada. ¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

8
Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

9
A los fideos les voy a poner crema antiage.

10
Llevo una rosa de tallo largo en la mano. Intento ocultarme. Distraer mi volumen.
Un bouquet sería más adecuado.

Donde supo brillar mi cintura, se alza ahora un panteón.

La mejor parte de la cuchara, ha sido siempre la garganta.

4. RICHARD BOURBON

11
El único modo decente de llevar una sortija matrimonial en el dedo,
es cargando una copa de Bourbon en la mano.

12
Puedo perdonarte la bebida.
Fingir que lo que te metes, son antigripales.
Incluso, he aprendido a hacer la vista gorda, a los trastos de tus infidelidades.

Pero lo que no puedo perdonarte, es que hayas sido tan endiabladamente hermoso.
Eso sí, que no podré olvidarlo.

13
Me han elegido marido en el peor casting de la Historia.
Hombres en papel dorado. Cajas de maridos.

Es imposible que Suiza deje de tentarme. Soy el diablo desenvolviendo pecados.
Chupándome los dedos de fracasos.

No comprendo ni una palabra cuando me hablan de matrimonio.
Jamás he sabido diferenciar una boda de un cataclismo.

14
La única alfombra roja que he pisado, ha sido mi lengua.

 

5. GAFAS NEGRAS

15
1 ½ medida de vodka
5 medidas de zumo de tomate
2 gotas de salsa tabasco
1 pizca de sal de apio
1 vuelta de pimienta negra
1 rama de apio
1 rulo de cáscara de limón.

Semejante tributo a la rotura del himen de María me resulta enervante. No llevo tiempo para sacrilerías. Apenas estoy delante de una copa, la más ruda de las urgencias me precipita.

No podría en ese estado diferenciar mi pulgar, de una cáscara de limón.Mi huella digital quedaría guillotinada hundiéndose en el trago.

Me importa un bledo el Bloody Mary.

16
El hígado se me ha escapado. Saltó de mi busto.
A las puteadas intenté detenerlo. No hubo modo de convencerlo.

Harto de estertores. Aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.
Nada más injusto que un segmento.

Sin previo aviso. Ni cuchillos. Tomó envión, y escapó por sobre mi vestido.
Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles. Pegadas a mis caderas, digo.

Pero esta traición no quedará impune. Su alegría no tendrá mucho para decir.
He tolerado sus juicios. Sus migrañas. Hemos convivido a base de tisanas. A litros de Reliverán.
¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido. Podré ser obstinada. Multiplicar mis cuernos.
Pero he tenido siempre conciencia de conjunto. De unidad.
No ando desprendiéndome por ahí. Salpicándole libros a la muerte.

Pero ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.

Porto ahora una coqueta cartera de Nina Ricci, en su reemplazo.

He mandado abrir la fábrica. En víspera de año nuevo, no evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.

Un modelo de la temporada próxima habita sustituto en mi interior.
Sintética, pero vanguardista.

La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica. México.

Y hay quienes defienden que ha sido la primera glándula en recibirse de quiropráctica en La Sorbone.

Me toman por estúpida. Me encierro en un frigorífico, a esperar la llamada de mi agente.

17
Vademécum

Fractura de pie. Dedos rotos.
He bailado un bolero con los tobillos torcidos, y nadie se percató.
Una esquirla en un ojo, que bien valía un divorcio.
Hernia múltiple de columna. Derrame intravenoso. Tumor cerebral.
Disentería amébica, laringitis, faringitis.
Agotamiento. (Eso es normal).
Trastornos alimentarios múltiples.
Alcoholismo. Adicción a los barbitúricos.

Un niño maneja mejor las canicas, que los médicos mis recetas.
Un total de 26 operaciones. Sin contar una liposucción frenética en la primavera del 86.

He viajado a la Luna sin poner un pie en la NASA.

6. ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS

18
“Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.

Empadronada con el cielo viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis, cabalgo por los ombligos de Dios.

Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.

Estoy dispuesta a servir salmón.
Llevo en andas mi cintura de avispa.

Soy el manjar de los poetas.
Digo “sí, sí, sí” a todas las águilas
a aquella nave, aerodinámica, que me parpadea homenajes.

Respondo “acepto”,
“Claro que sí, Mon Dieu!”

Lanzo cascadas de astronautas.
Satélites, adornan mi busto de princesa en bancarrota.

Bebo del Espacio.
Mojo mis pies en el estallido Universal.
Me lanzo en órbitas hacia Saturno.

Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

Ovacionan mi alianza. ¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.

Cubro castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.

De fruto en fruto. Regia de carterita, soy jet.
Lanzallamas.
Malabarista en nupcias.

19
El descalabro es evidente. Invado nuevos films.
La programación está imposible. El horario de las funciones.
Aparezco en secuencias en las que jamás he participado.
Conquisto escenas que jamás he rodado.

En mitad de una batalla, se me puede ver bebiendo un martini con Dark Vader.

20
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas.
Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.

La sonrisa gira alrededor de mi dedo anular.
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.

 21
De una zancadilla derribo a Luis Buñuel.
Ingmar Bergman que nunca me toleró, lloriquea ahora, al verme habitar sus tomas más gloriosas.

Me entretengo desbaratando plots.
Invado secuencias, como quien devora pretzels.

Soy Elizabeth todo terreno.

22
Con motor de plumas, reboto en rabinos
Abandono el incendio de la monotonía
Escapo vertical.

Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.

23
Completé el reemplazo en la oscuridad del cine Condal.

Ensayé milimétricamente sus líneas.
Cada miércoles jueves y domingo de 13:50 a 18:20.

No seré uno más de los cadáveres de Elizabeth.
Ni la mano que sostiene la bandeja.
Mi plan me trasciende.

El único par de ojos aquí, ha sido el mío.

7. COROLARIO

24
Casos similares al de la Mrs. Taylor han ocurrido fuera de la pantalla:

Cierta Olivia de Hallivand ha reencarnado en una vendedora de tamales de 11 años de edad en la antigua Nicaragua.

Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.

Y que desgraciadamente, otro intrépido Buster Keaton, cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

Nadie escapa a su biografía.

 

THE END

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SUITE MEDIUM

1. OBERTURA

1
Hice del escarnio, mi más nítido escenario.
Me he servido del abucheo, para engarzar piedras preciosas.
Sumergida en desventajas, provoqué mi más fulminante suceso.

Mi reino no existiría si no lo destruyera sistemáticamente.
Mi estado de gracia es el error. Y el hundimiento: mi estola de zorros.

Diva en permanente estado de avería.

2. PARAMÁUNTICA

2
Nadie. Sino en un formidable estado de ebriedad, podría creer que llevo los ojos violetas.
¡Si es de circos! No existen tal par de ojos. Ni mujeres barbudas.
Sólo un fauno podría llevarlos. Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad.
Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos, sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.
La honestidad jamás me ha rozado. Si yo misma, lo admito: son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

3
He sido rodeada sistemáticamente por la espectacularidad.
Resulta imposible apagar el fuego de mis brillantes.
Bombardeada de aplausos ¿tendré yo, la culpa de portar una vida demasiado condimentada?

Aún en las más insignificantes rutinas, me recubre una pátina de caramelo.
Tomar un baño, es espolvorear a millones de voayeurs con la cocaína de la fama.

Pues nada. Me resisto a fragilizar mi obituario.
Deberán asumir el riesgo de que al terminar mi romanza, algunas caries visitarán vuestra alcoba. Y esa inflamación en la boca, llevará mis iniciales.

Una buena actriz en poco se diferencia de un terrorista.

4
Si mis espectadores no han derramado lágrimas,
al menos han lanzado babas sobre sus palomitas de maíz.
Sus secreciones han valorado mi mejor hallazgo:
la monstruosidad.

Soy el mejor error desde que Hollywood inventó a la Naturaleza.
Existo, para que el mundo comprenda el significado de la palabra precaución.

5
Mi única liturgia ha sido evaporar las fronteras del buen tino.
Esto no es religión, es Chanel.

6
No me ha picado jamás la serpiente, pero puedo asegurar que el veneno ha recorrido la pantalla.
Me han colmado de fragancias cuando mi actuación apestaba.

Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas.

7
– “Tu sólo repite las líneas que el patio de butacas lanza a tu mente, querida.”

Truman siempre me decía: -“Sólo entrego hojas en blanco a mi editor. En toda mi carrera no he escrito otra cosa que Elizabeth Taylor.”

Esa marica debió estar borracha, al pretender sobornarme con semejante patraña.
Katharine Hepburn, Deborah Kerr o cuanta starlet se cruzara en su camino, habrá debido soportar la misma chorreada de halagos. Sobre todo si poseía un marido lo suficientemente dotado como para ser bisexual, a cambio de una buena cantidad de pasta y cocaína.

¡Como supe amar a esa despiadada gallina!

8
No tolero la vida, sino es en Cinemascope.
No hallo intimidad, sino delante del fogonazo de los flashes.
Estaría perdida delante del ginecólogo, sino llevase conmigo a mi Director de Fotografía.

Lo esencial es invisible a tu botox.

9
Me han dejado envejecer, repitiendo hasta la tortura mis antiguos films.
Conservando antropófagos, mi belleza entre los dientes.

Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

3. SÓLO SOMOS LOS KILOS QUE PERDEMOS EN BETTY FORD

10
El único papel por el que he peleado, ha sido la cubierta de un chocolate Godiva.
Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

A medida que mi carrera desaparece, ensancho mis caderas. Soy el almacenamiento.
Con una cuchara de postre cavo mi propia tumba.
Contratos. Pollo frito. Críticas del New York Times. Proyectiles lanzados a mi boca.
No domino las guarniciones. Acabaré con mi carrera a dentelladas.

Lo tengo decidido. Estoy imposible de entallar. Propulsada, soy un dirigible entrando en Corseterías. En leotardos amarillos, me tengo rodeada.

No hay escapatoria. La miel me vuelve corrupta. He mordido la matriz. Giro en el infierno. La bestia devora la luna.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

Vieja, gorda, alcohólica y divorciada. ¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

11
Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

12
Me he quebrado las costillas por calzarme el último Lanvin.
Engordo, ingiriendo horas de divorcio.
Mi cuello es una pantera que exige tarteletas.
Llevo las manos repletas de proteínas, pero he perdido el rumbo de mi boca.

Sueño con matas de calabacines cubriéndome las espaldas.
Con alcanzar besos de sopa crema durante una siesta.
Íntima y marítima me sumerjo en las bondades del sambayón.

Enjuago mis encías en sémola y recuerdos.
Las huestes del sobrepeso se acumulan, y entro en sopor.

A los fideos les voy a poner crema antiage.

13
Trozada. Flieteada. Traspasada.
Una estrella condenada al plano americano.

14
Llevo una rosa de tallo largo en la mano. Intento ocultarme. Distraer mi volumen.
Un bouquet sería más adecuado. Donde supo brillar mi cintura, se alza ahora un panteón.

La mejor parte de la cuchara, ha sido siempre la garganta.

4. RICHARD BOURBON

15
El único modo decente de llevar una sortija matrimonial en el dedo,
es cargando una copa de Bourbon en la mano.

16
Puedo perdonarte la bebida.
Fingir que lo que te metes, son antigripales.
Incluso, he aprendido a hacer la vista gorda, a los trastos de tus infidelidades.

Pero lo que no puedo perdonarte, es que hayas sido tan endiabladamente hermoso.
Eso sí, que no podré olvidarlo.

17
Me han elegido marido en el peor casting de la Historia.
Hombres en papel dorado. Cajas de maridos.
Es imposible que Suiza deje de tentarme. Soy el diablo desenvolviendo pecados.
Chupándome los dedos de fracasos.

18
Lo único que no tolero del sacrificio, es la buena impresión que causa.
No comprendo ni una palabra cuando me hablan de matrimonio.
Jamás he sabido diferenciar una boda de un cataclismo.

19
Escarbo en el plato de spaghettis buscando tu rostro.
Entre montículos de queso crema, adivino pasadizos que conducen al Edén.

Existe sólo una forma de resarcirme,
y es enamorándote ferozmente.
Alimentarte, hasta el papelón.

Me he vuelto una experta en el manejo de la cuchara por sobre el amor.
Una esgrimista a la que el pulso no le tiembla.

Debo apresurarme antes de que la balanza te borre definitivamente del mapa. Flacucho.
Un benteveo que no tiene donde caerse muerto.

Embisto con la precisión de un oso.
Envuelta en vodka. Apareándome en el Mar Báltico, consigo tu obediencia.

A sartenazos obtendré el Sí en un altar.
Eso, a sartenazos.

20
He perdido la virginidad cientos de veces.
He soltado mi lengua donde ningún pistolero se atrevería.
He sembrado rosas por atraer culebras.

Pero la única alfombra roja que he pisado, ha sido mi lengua.

5. GAFAS NEGRAS

21
1 ½ medida de vodka
5 medidas de zumo de tomate
2 gotas de salsa tabasco
1 pizca de sal de apio
1 vuelta de pimienta negra
1 rama de apio
1 rulo de cáscara de limón.

Semejante tributo a la rotura del himen de María me resulta enervante. No llevo tiempo para sacrilerías.
Apenas estoy delante de una copa, la más ruda de las urgencias me precipita.
No podría en ese estado diferenciar mi pulgar, de una cáscara de limón.
Mi huella digital quedaría guillotinada hundiéndose en el trago.

Me importa un bledo el Bloody Mary.

22
He bebido las colinas de Hollywood. He gozado de sus acantilados.
Mi blusa ha sido festejada por miles de fanáticos.
Me han abucheado en Moralidad.
Llevo la juerga impresa en la médula espinal.

La belleza me ha confinado a la libertad más despiadada.

23
El hígado se me ha escapado. Saltó de mi busto.
A las puteadas intenté detenerlo. No hubo modo de convencerlo.

Harto de estertores. Aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.
Nada más injusto que un segmento.
Sin previo aviso. Ni cuchillos.

Tomó envión, y escapó por sobre mi vestido.
Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles. Pegadas a mis caderas, digo.

Pero esta traición no quedará impune. Su alegría no tendrá mucho para decir.
He tolerado sus juicios. Sus migrañas. Hemos convivido a base de tisanas. A litros de Reliverán.
¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido. Podré ser obstinada. Multiplicar mis cuernos.
Pero he tenido siempre conciencia de conjunto. De unidad.
No ando desprendiéndome por ahí. Salpicándole libros a la muerte.

Pero ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.

Porto ahora una coqueta cartera de Nina Ricci, en su reemplazo.

He mandado abrir la fábrica. En víspera de año nuevo, no evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.

Un modelo de la temporada próxima habita sustituto en mi interior.
Sintética, pero vanguardista.

La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica. México.

Y hay quienes defienden que ha sido la primera glándula en recibirse de quiropráctica en La Sorbone.
Me toman por estúpida.

Me encierro en un frigorífico, a esperar la llamada de mi agente.

24
Preferiría que me arrolle un jet, antes de volver a enamorarme. Pero daría mis dos piernas por ser deseada nuevamente.

25
Detrás del horizonte, no hay más que un viejo proyector.

26
Vademécum

Fractura de pie. Dedos rotos.
He bailado un bolero con los tobillos torcidos, y nadie se percató.
Una esquirla en un ojo, que bien valía un divorcio.
Hernia múltiple de columna. Derrame intravenoso. Tumor cerebral.
Disentería amébica, laringitis, faringitis.
Agotamiento. (Eso es normal).
Trastornos alimentarios múltiples.
Alcoholismo. Adicción a los barbitúricos.

Un niño maneja mejor las canicas, que los médicos mis recetas.
Un total de 26 operaciones. Sin contar una liposucción frenética en la primavera del 86.

He viajado a la Luna sin poner un pie en la NASA.

27
Simplemente bebo hasta que un pájaro azul se posa sobre mi coqueta.
Soy Heidi con demasiadas cabras.
Bonita y desorientada: un reemplazo del prozac.

28
Sistemáticamente me han bombardeado las desgracias.
Me he vuelto una especialista en deslizar mi vida hacia los acantilados.
He volcado. Dado trompos en las licorerías de Santa Mónica.
Envuelta en insultos y diamantes, me he paseado desnuda por Rodeo Drive.

Nadie miraría mi cuello, sino para arrebatarme de un zarpazo la personalidad.
Cristo se ha puesto de rodillas ante a mi colección de pestañas postizas.
Los Ángeles empeñan sus plumas por verme lloriquear.

29
Pero mis lágrimas jamás han sido a rímel corrido.
Estando borracha, ha sido cuando mejor supe comportarme.
Fui masculina. Siempre.
Nunca descuidé eso. He bebido whisky como quién expende semen.
Hay una nube de tabaco. Una sombra de bigotes, que asoma siempre al intoxicarme.
He mandado al Diablo corpiños y enaguas.
Cuando bebo huelo a fiera. Podría comer carne cruda. Recibir azotes.

Si es que no los he recibido ya.

6. ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS

30
“Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.

Empadronada con el cielo viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis, cabalgo por los ombligos de Dios.

Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.

Estoy dispuesta a servir salmón.
Llevo en andas mi cintura de avispa
Soy el manjar de los poetas.
Digo “sí, sí, sí” a todas las águilas
a aquella nave, aerodinámica, que me parpadea homenajes.

Respondo “acepto”,
“Claro que sí, Mon Dieu!”

Lanzo cascadas de astronautas.
Satélites, adornan mi busto de princesa en bancarrota.

Bebo del Espacio.
Mojo mis pies en el estallido Universal.
Me lanzo en órbitas hacia Saturno.

Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

Ovacionan mi alianza. ¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.
Cubro castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.

De fruto en fruto. Regia de carterita, soy jet.
Lanzallamas.
Malabarista en nupcias.

31
El descalabro es evidente. Invado nuevos films.
La programación está imposible. El horario de las funciones.
Aparezco en secuencias en las que jamás he participado.
Conquisto escenas que jamás he rodado.
En mitad de una batalla, se me puede ver, bebiendo un martini con Dark Vader.

32
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas.
Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.

La sonrisa gira alrededor de mi dedo anular.
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.

33
Le juro amor eterno a Flipper.
De una zancadilla derribo a Luis Buñuel.
Ingmar Bergman que nunca me toleró, lloriquea ahora, al verme habitar sus tomas más gloriosas.

Me entretengo desbaratando plots.
Invado secuencias, como quien devora pretzels.
Soy Elizabeth todo terreno.

34
Con motor de plumas, reboto en rabinos
Abandono el incendio de la monotonía
Escapo vertical.
Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.

35
Completé el reemplazo en la oscuridad del cine Condal.
Ensayé milimétricamente sus líneas. Cada miércoles jueves y domingo de 13:50 a 18:20.

No seré uno más de los cadáveres de Elizabeth.
Ni la mano que sostiene la bandeja.
Mi plan me trasciende.

El único par de ojos aquí, ha sido el mío.

7. COROLARIO

36
Casos similares al de la Mrs. Taylor han ocurrido fuera de la pantalla:

Cierta Olivia de Hallivand ha reencarnado en una vendedora de tamales de 11 años de edad en la antigua Nicaragua.

Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.

Y que desgraciadamente, otro intrépido Buster Keaton, cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

Nadie escapa a su biografía.

THE END

la foto (35)

SUITE LARGE

1. OBERTURA

1
Hice del escarnio, mi más nítido escenario.
Me he servido del abucheo, para engarzar piedras preciosas.
Sumergida en desventajas, provoqué mi más fulminante suceso.

Mi reino no existiría si no lo destruyera sistemáticamente.
Mi estado de gracia es el error. Y el hundimiento: mi estola de zorros.

Diva en permanente estado de avería.

2. PARAMÁUNTICA

2
Nadie, sino en un formidable estado de ebriedad, podría creer que llevo los ojos violetas.
¡Si es de circos! No existen tal par de ojos. Ni mujeres barbudas.

Sólo un fauno podría llevarlos. Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad. Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos, sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.

La honestidad jamás me ha rozado. Si yo misma, lo admito: son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

 

 

3

Inicié esta novela con el único propósito de acabar definitivamente con la literatura.

Como el obeso que devora sus dientes, hasta volver completamente inútil a su boca, hice de cada página escrita: un filete para mi cena.

Desaparecí 315 párrafos de mi biografía durante el último ataque al refrigerador. Este apetito ya no lo sacia ni boletos de tren, ni recetas de farmacéuticos. Mi ansia clama por sílabas fornidas. Atomatadas.

Detesto quién reza sin aderezos, a quién se enamora con diptongos magros. No existe mejor adverbio que un plato de lentejas.

He convencido al fuego, que mis memorias ardían. Paseo por la Morgue, mi carterita Louis Vuitton.

Ningún recuerdo es de fiar, si resulta ciento por ciento verdadero.

 

4

He sido rodeada sistemáticamente por la espectacularidad.
Resulta imposible apagar el fuego de mis brillantes.
Bombardeada de aplausos, ¿tendré yo, la culpa de portar una vida demasiado condimentada?

Aún en las más insignificantes rutinas, me recubre una pátina de caramelo.
Tomar un baño, es espolvorear a millones de voayeurs con la cocaína de la fama.

Pues nada, me resisto a fragilizar mi obituario. Deberán asumir el riesgo de que al terminar mi romanza, algunas caries visitarán vuestra alcoba. Y esa inflamación en la boca, llevará mis iniciales.

Una buena actriz en poco se diferencia de un terrorista.

5
Si mis espectadores no han derramado lágrimas,
al menos han lanzado babas sobre sus palomitas de maíz.

Sus secreciones han valorado mi mejor hallazgo:
la monstruosidad.

Soy el mejor error desde que Hollywood inventó a la Naturaleza.
Existo, para que el mundo comprenda el significado de la palabra precaución.

 

6
Mi única liturgia ha sido evaporar las fronteras del buen tino.
Esto no es religión, es Chanel.

 

 

7

El postre de la Costa Oeste

Mis ojos violetas en las alacenas de cada cocina americana.

De Hawaii. Espléndidamente traídos. Ananá. Piña en latas. Mi rostro en las portadas de cada lata. Cine en Latas. Fruta. La pulpa de la Reina en Primer Plano.

Envuelta en almíbar, soportaré Pearl Harbor.

Mi marido y su empresa. Una familia dulce. Un dólar noventa el kilo de fantasía. Nacerán niños de arrope. La industria del hambre y el entretenimiento.

Una estrella resbaladiza.

A mis colegas les resulta imposible sobrevivirme.

8
No me ha picado jamás la serpiente, pero puedo asegurar que el veneno ha recorrido la pantalla.

Me han colmado de fragancias cuando mi actuación apestaba.

Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas.

 

9
– “Tu sólo repite las líneas que el patio de butacas lanza a tu mente, querida.

Truman siempre me decía: -“Sólo entrego hojas en blanco a mi editor. En toda mi carrera no he escrito otra cosa que Elizabeth Taylor.”

Esa marica debió estar borracha, al pretender sobornarme con semejante patraña.

Katharine Hepburn, Deborah Kerr o cuanta starlet se cruzara en su camino, habrá debido soportar la misma chorreada de halagos. Sobre todo si poseía un marido lo suficientemente dotado como para ser bisexual, a cambio de una buena cantidad de pasta y cocaína.

¡Como supe amar a esa despiadada gallina!

 

10
No tolero la vida, sino es en Cinemascope.
No hallo intimidad, sino delante del fogonazo de los flashes.
Estaría perdida delante del ginecólogo, sino llevase conmigo a mi Director de Fotografía.

Lo esencial es invisible a tu botox.

11
Me han dejado envejecer, repitiendo hasta la tortura mis antiguos films.
Conservando antropófagos, mi belleza entre los dientes.

Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

3. SÓLO SOMOS LOS KILOS QUE PERDEMOS EN BETTY FORD

12
El único papel por el que he peleado, ha sido la cubierta de un chocolate Godiva. Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

13

A medida que mi carrera desaparece, ensancho mis caderas. Soy el almacenamiento. Con una cuchara de postre cavo mi propia tumba.

Contratos. Pollo frito. Críticas del New York Times. Proyectiles lanzados a mi boca.

No domino las guarniciones. Acabaré con mi carrera a dentelladas.

Lo tengo decidido. Estoy imposible de entallar. Propulsada, soy un dirigible entrando en Corseterías. En leotardos amarillos, me tengo rodeada.

No hay escapatoria. La miel me vuelve corrupta. He mordido la matriz. Giro en el infierno. La bestia devora a la luna.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

Vieja, gorda, alcohólica y divorciada. ¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

 

14
Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

 

 

15
Me he quebrado las costillas por calzarme el último Lanvin.
Engordo, ingiriendo horas de divorcio.

Mi cuello es una pantera que exige tarteletas.
Llevo las manos repletas de proteínas, pero he perdido el rumbo de mi boca.

Sueño con matas de calabacines cubriéndome las espaldas.
Con alcanzar besos de sopa crema durante una siesta.
Íntima y marítima me sumerjo en las bondades del sambayón.

Enjuago mis encías en sémola y recuerdos.
Las huestes del sobrepeso se acumulan, y entro en sopor.

A los fideos les voy a poner crema antiage.

 

16
Trozada. Flieteada. Traspasada.
Una estrella condenada al plano americano.

 

 

17
Llevo una rosa de tallo largo en la mano. Intento ocultarme. Distraer mi volumen.
Un bouquet sería más adecuado. Donde supo brillar mi cintura, se alza ahora un panteón.

La mejor parte de la cuchara, ha sido siempre la garganta.

4. RICHARD BOURBON

18
El único modo decente de llevar una sortija matrimonial en el dedo,
es cargando una copa de bourbon en la mano.

 

 

19
Puedo perdonarte la bebida.
Fingir que lo que te metes, son antigripales.
Incluso, he aprendido a hacer la vista gorda, a los trastos de tus infidelidades.

Pero lo que no puedo perdonarte, es que hayas sido tan endiabladamente hermoso.

Eso sí, que no podré olvidarlo.

20

Su auto descapotable. El convertible de mi marido, hundido en la maleza. “Exceso de velocidad”, me dicen. “No debió virar”.

No debió intentar escapar con un cargamento semejante. Estrellado. La estrella, y su marido acusado de fraude. Los titulares volverán a destrozarlo.

La cajuela del Chrysler dejó escapar cientos de latas. Rodajas de piña alfombrando la escena. La Policía resbala.

“Ha muerto en el acto”. La sangre y el almíbar firman mi soledad sobre el asfalto.

Llego desesperada. Me ha traído un Oficial. Cruzamos miradas por el espejo retrovisor.

Desciendo, y el viento roba mi pañoleta verde.

21

Soy un ave de tormenta dispuesta a freírse la memoria por un cheesecake.

La reina de la aniquilación.

Me han educado obesa, dentro de una cintura de cincuenta y cuatro centímetros.

Pero Cristo se ha puesto de rodillas ante a mi colección de pestañas postizas.

22
Me han elegido marido en el peor casting de la Historia.
Hombres en papel dorado. Cajas de maridos.
Es imposible que Suiza deje de tentarme. Soy el diablo desenvolviendo pecados. Chupándome los dedos de fracasos.

 

23
Lo único que no tolero del sacrificio, es la buena impresión que causa.
No comprendo ni una palabra cuando me hablan de matrimonio.
Jamás he sabido diferenciar una boda de un cataclismo.

 

24
Escarbo en el plato de spaghettis buscando tu rostro.
Entre montículos de queso crema, adivino pasadizos que conducen al Edén.

Existe sólo una forma de resarcirme, y es enamorándote ferozmente.
Alimentarte, hasta el papelón.

Me he vuelto una experta en el manejo de la cuchara por sobre el amor.
Una esgrimista a la que el pulso no le tiembla.

Debo apresurarme antes de que la balanza te borre definitivamente del mapa. Flacucho.
Un benteveo que no tiene donde caerse muerto.

Embisto con la precisión de un oso.
Envuelta en vodka. Apareándome en el Mar Báltico, consigo tu obediencia.

A sartenazos obtendré el Sí en un altar.
Eso, a sartenazos.

25

Me he quebrado las costillas por calzarme el último Lanvin.

He sido vulgar hasta la exageración. He lavado los platos sucios ante un séquito de abogados.

Engordo, ingiriendo horas de divorcio.

26
He perdido la virginidad cientos de veces.
He soltado mi lengua donde ningún pistolero se atrevería.
He sembrado rosas por atraer culebras.

Pero la única alfombra roja que he pisado, ha sido mi lengua.

5. GAFAS NEGRAS

27
1 ½ medida de vodka
5 medidas de zumo de tomate
2 gotas de salsa tabasco
1 pizca de sal de apio
1 vuelta de pimienta negra
1 rama de apio
1 rulo de cáscara de limón.

Semejante tributo a la rotura del himen de María me resulta enervante. No llevo tiempo para sacrilerías. Apenas estoy delante de una copa, la más ruda de las urgencias me precipita.

No podría en ese estado diferenciar mi pulgar, de una cáscara de limón.
Mi huella digital quedaría guillotinada hundiéndose en el trago.

Me importa un bledo el Bloody Mary.

 

28
He bebido las colinas de Hollywood. He gozado de sus acantilados.
Mi blusa ha sido festejada por miles de fanáticos.
Me han abucheado en Moralidad.
Llevo la juerga impresa en la médula espinal.

La belleza me ha confinado a la libertad más despiadada.

 

29

Eliza vete
El hígado se me ha escapado. Saltó de mi busto.
A las puteadas intenté detenerlo. No hubo modo de convencerlo.

Harto de estertores. Aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.

Nada más injusto que un segmento.
Sin previo aviso. Ni cuchillos.

Tomó envión, y escapó por sobre mi vestido.
Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles. Pegadas a mis caderas, digo.

Pero esta traición no quedará impune. Su alegría no tendrá mucho para decir.
He tolerado sus juicios. Sus migrañas. Hemos convivido a base de tisanas. A litros de Reliverán.

¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido. Podré ser obstinada. Multiplicar mis cuernos.
Pero he tenido siempre conciencia de conjunto. De unidad.
No ando desprendiéndome por ahí. Salpicándole libros a la muerte.

Pero ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.

Porto ahora una coqueta cartera de Nina Ricci, en su reemplazo.

He mandado abrir la fábrica. En víspera de año nuevo, no evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.

Un modelo de la temporada próxima habita sustituto en mi interior.
Sintética, pero vanguardista.

La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica: México.

Y hay quienes defienden que ha sido la primera glándula en recibirse de quiropráctica en La Sorbone.

Me toman por estúpida. Me encierro en un frigorífico, a esperar la llamada de mi agente.

30
Preferiría que me arrolle un jet, antes de volver a enamorarme. Pero daría mis dos piernas por ser deseada nuevamente.

31

Desmiente el Vaticano que el pene de Burton sabía a chocolate.

Stroessner criticó la relación, y la KGB nos miró con sorna.

Detrás del horizonte, no hay más que un viejo proyector.

 

 

32

“Me resulta muy difícil tener una aventura.

Tengo que estar realmente enamorada para acostarme con un hombre.

Y cuando estoy realmente enamorada, entonces quiero casarme.”

 

 

33
Vademécum

Fractura de pie. Dedos rotos.
He bailado un bolero con los tobillos torcidos, y nadie se percató.
Una esquirla en un ojo, que bien valía un divorcio.
Hernia múltiple de columna. Derrame intravenoso. Tumor cerebral.
Disentería amébica, laringitis, faringitis.
Agotamiento. (Eso es normal).

Trastornos alimentarios múltiples.
Alcoholismo. Adicción a los barbitúricos.

Un niño maneja mejor las canicas, que los médicos mis recetas.
Un total de 26 operaciones. Sin contar una liposucción frenética en la primavera del 86.

He viajado a la Luna sin poner un pie en la NASA.

 

34
Simplemente bebo hasta que un pájaro azul se posa sobre mi coqueta.
Soy Heidi con demasiadas cabras.
Bonita y desorientada: un reemplazo del prozac.

35
Sistemáticamente me han bombardeado las desgracias.
Me he vuelto una especialista en deslizar mi vida hacia los acantilados.
He volcado. Dado trompos en las licorerías de Santa Mónica.
Envuelta en insultos y diamantes, me he paseado desnuda por Rodeo Drive.

Nadie miraría mi cuello, sino para arrebatarme de un zarpazo la personalidad.

35
Lizérgica Taylor

El sismo permanente de mis operaciones de columna ha sido transmitido en vivo. Escupo madreselvas on screen.

Me han paseado en ambulancia como si mi duodeno fuera un Carnival.

Cada vez que me han exigido sobriedad, me he ido por las ramas. Puedo convencerlos de ser Godzila, o una gatita siamesa.

Se atreven a llamar alcoholismo, lo que a las claras resulta ser homicidio.

Aplauden, por verme asesinar a Elizabeth.

36

Mis lágrimas jamás han sido a rímel corrido.
Estando borracha, ha sido cuando mejor supe comportarme.
Fui masculina. Siempre.
Nunca descuidé eso. He bebido whisky como quién expende semen.
Hay una nube de tabaco. Una sombra de bigotes, que asoma siempre al intoxicarme.

He mandado al Diablo corpiños y enaguas.

Cuando bebo huelo a fiera. Podría comer carne cruda. Recibir azotes.

Si es que no los he recibido ya.

Los Ángeles empeñan sus plumas por verme lloriquear.

6. CORTOMETRAJE I: DEVOTA

 

37

1. Panadería. Ext. / Día

Una dulce Viejecita entra a la panadería a comprar su pequeña ración diaria.

2. Panadería. Int. / Día

Urga en su monedero, y cuenta los pocos centavos que tiene. Es claro que no le alcanza.

El Panadero de pésimo humo, la observa.

La Viejecita halla entre sus miserias, una estampita de Elizabeth Taylor. La besa.

El Panadero cambia de actitud. El morrudo hombre descorre una cortina detrás del mostrador. Un altar dedicado a la diva se ilumina entre rosquillas y baguettes. Conmovido, le regala a la anciana una generosa cantidad de pasteles y bocadillos.

Se oye un bucólico coro de ángeles.

Funde a violeta.

7. DIOS EN RUEDA DE PRENSA

 

38

En la cima, destapo el milagro.

Llevo años acumulando lípidos.

Brandys, barbacoas, entremeses adquieren, por fin, utilidad.

Despiertan. Me habitan frenéticos.

El calor me inunda. Estoy irreversible.

Trepo a temperaturas inauditas.

Una pátina amarillenta me acompaña. Me blinda.

De mi cintura descienden años.

¡Elizabeth Taylor entra en combustión!

39

Muta mi fragilidad. Cede la piel.

Inicio la revolución. Adquiero majestuosidad.

Las llamas me abrazan.

Soy la quintaescencia de la Justicia.

Prendida fuego, me echo a rodar por las laderas de Hollywood.

Me he convertido en un inoportuno pabilo.

En una mecha de un metro cincuenta y siete.

40

Encendida, devoro nísperos y abedules.

Me topo en el descenso con el cartel que firma el monte.

La W se adhiere a mi brazo.

Sin su cartel, Hollywood no es más que pasto ardiendo.

La hija de Hefesto sentencia, y la estructura cae.

Los hierros se retuercen. Son de chocolate.

Es un guante que llevo en el cortejo.

Entre gritos de guerra, flameo mi botín.

Godzila adquiere velocidad. Volumen.

41

Rodando, convido llamaradas y pedregullo.

Vertiginosa, carbonizo el olvido.

He sido entrenada para decapitar la verdad. Para asesinar con el chipazo de una cámara, la más intensa cordura.

Artificial y voraz, enciendo la ficción inimitable. Honesta y compulsiva, incrusto con paso firme, mi venganza acalorada.

Emerjo con imprudencia divina. Lanzo  proyectiles redentorios. Expulso escarmientos molotov.

Dos hornallas en las caderas guisan mi monólogo final.

Estoy violando la sensatez.

 

42

Es tiempo de freírlos. La pantalla es combustible. Suplicaban poseerme. Pero esta vez seré yo, quien termine satisfecha.

43

Lava. Roca fluida. Piedra pómez entre los dientes.

Estoy pariendo el incendio de mi fama.

Quedarán exhaustos. Pongo fin, sirviendo la última orgía.

44

No sé cuanto más resistirán mis rodillas.

Enormes porciones de soledad se incrustan a mi paso.

Llevo impresa la cacería. Ya no podré separar nunca al hielo del whisky.

45

Una esfera incontrolable vestida por Cardin.

Mis pantorillas no conciben el suelo. Soy Juana de Arco envuelta en perlas.

No habrá cuerpo de Bomberos que logre detenerme.

La carne es innegable.

Vencer a la muerte, ha sido ya suficiente castigo.

Me he vuelto incandescente.

Propalo meteoritos.

La estrella convida urgencias.

Soy el 911 del Séptimo arte.

46

Debo procurarme amantes en trajes de amianto. Con interiores plateados, y casquetes del departamento de explosivos.

Hasta ahora, nadie ha logrado acompañarme en mi sobrenaturalidad.

 

47

Una estrella chamuscada. Entrada en carnes.

Asada.

Sin más altar que el rencor.

Una diva echada a la parrilla.

Una carbonada con lentes oscuros.

La flama gobierna.

Soy un alarde en erupción.

Volcánica y desolada, el amor no ha hecho otra cosa que enfurecerme.

Volverme cada kilo más rabiosa.

 

 

48

Mis brazos son látigos. Sables, que domino quirúrgica.

Moldes, para mi antojo.

Diecisiete metros de carne humeante.

Voy cocida. Sería capaz de probarme. Morder y deglutirme la mano.

¿A qué sabe una estrella?

 

49

No conocí la felicidad hasta el instante que entré en combustión.

Puedo tallarme como a una vela.

Mi cuerpo dirime estertores.

El diablo que tanto me ha fisgoneado las enaguas, hierve ahora, en sus pantalones.

El fuego rodea mis nalgas.

Soy de hule. Crezco a voluntad.

La mozzarella de una formidable porción de pizza.

Mis huesos conforman una pasta independiente a la razón. Si yo misma no dispongo del asombro. Pero mis ojos son irrevocables.

Sucedo como las grosellas, explotando ante el calor del verano.

 

50

Cada centavo de este prodigio me pertenece.

La faraona bebe del infierno.

Un dragón en cinemascope.

Aquí, el ángel halla materia.

No habrá secretos donde refugiarse.

Ahora que mi carrera se extingue, resulta imposible detener el rodaje.

8. CORTOMETRAJE II: NO TENDRÍA LOS OJOS VIOLETAS SINO ME LLAMASE ELIZABETH TAYLOR

51

Tres Limones

Casino. Interior.

Maquina tragamonedas.

Una mano de mujer jala la palanca, e inicia el juego.

Plano detalle: lleva un anillo con una importante piedra violeta.

El azar cobra movimiento. Espera la coincidencia de las tres figuras.

La maquina se detiene.

En el primer casillero: la carita de Elizabeth.

Casi inmediato, en el segundo también es Elizabeth la elegida.

Y por último, y como debe ser: Elizabeth.

Suena la sirena. Las luces giran.

Se oye el caer de las monedas.

Ambición, y festejo.

Corte a:

 

 

52  

Conservas

Supermercado. Interior.

La misma mano. El mismo anillo con piedra violeta. Conduce un carro por los pasillos del supermercado.

Se detiene entre dos góndolas.

Perfectamente decorados, faraónicamente expuestos: cientos de latas de piña con la carita de Elizabeth Taylor en la cubierta.

La Dama del carrito adquiere velocidad. Embestirá el carrito contra la pirámide de latas.

Corte abrupto a:

 

 

53

Violencia familiar

Living Clase Media. Interior.

Violentamente se abre la puerta de entrada, un marido borracho llega a su hogar.

Su mujer asustada deja caer un plato al piso, y se destroza.

Nota de Audio: Se oye el caer de las latas de la escena anterior.

Le cruza la cara de un golpe.

Ella huye, forcejean, le jala del pelo. Una desagradable situación.

Baño Clase Media. Interior.

Ella logra encerrarse en el baño. Corre el pasador.

Temblando y sangrando llama por su celular a Emergencias.

 

Fachada Casa Clase Media. Exterior.

Un patrullero de la Policía llega a gran velocidad. Se detiene delante de la casa. Dos enormes agentes descienden del coche. Nunca vemos sus rostros. En la espalda de sus cazadoras, llevan bordado “E.T. Patrol”.

Baño Clase Media. Interior.

La mujer aterrada, observa cómo la madera de la puerta se agrieta con cada embiste. La bestia está punto de entrar.

 

Living Clase Media. Interior.

Una enorme mano masculina, detiene por el hombro al golpeador. Lleva uñas pintadas de violeta rabioso.

Forcejeo. Tiran al piso, y esposan al agresor.

La mujer sale del baño. Sonriendo, aliviada. Con lágrimas en los ojos.

Plano de los dos policías: Son dos hombres muy masculinos, sólo que llevan pelucas y maquillajes que nos recuerdan a Elizabeth Taylor.

El agente protesta con un chistido.En el forcejeo, una uña se le ha despegado.

Corte a:

 

 

 

54  

Globo

Calle céntrica. Exterior.

Una niña de rulos juega por la calle. Lleva un globo violeta en la mano.

De pronto, en un descuido, el viento vuela su inocente compañía.

La niña llora desconsoladamente.

Aparece una Mujer no muy alta y regordeta, entallada en un body de lycra. Lleva una capa violeta. Jamás vemos su rostro.

Vuelve a salir de plano. Conocemos que vuela.

La niña con lágrimas aún en los ojos, observa esperanzada.

Un instante, y la heroína regresa con el globo. La niña festeja, y aplaude.

Veinte palomas blancas cruzan el cielo.

En plano detalle notamos que, claramente, nuestra justiciera debajo del guante lleva un anillo con una piedra, que adivinamos violeta.

Sale hacia sus amigas las palomas.

Corte a:

 

 

55

Carla Aguero

Cine Condal. Exterior.

Estamos en el Paral-lel de Barcelona. Llueve torrencialmente. La cartelera anuncia: “De pronto, el último verano” en un glorioso blanco y negro.

Carla entra con su carterita.

Cine Condal. Platea. Interior.

Carla se acomoda en la butaca. La sala se encuentra prácticamente desierta.

El característico león de la MGM ruge, anunciando el inicio de la función.

 

Mansión de Bel Air. Exterior. Noche

Fachada.

Mansión de Bel Air. Interior. Dormitorio. Noche.

Delante del espejo tripartito, Elizabeth en camisón se quita su enorme anillo de piedra violeta, y lo apoya en su coqueta.

Comienza a cepillarse el cabello, como cada noche antes de acostarse.

 

Cine Condal. Platea. Interior.

Carla extasiada por lo que sucede en la pantalla, come automática palomitas de maíz.

De pronto, algo la atraganta. Un instante de pánico.

Supermercado. Interior. Día.

El carro embiste contra la pirámide de ananá enlatado.

Rodando. El desparramo es monumental. Cientos de caritas de Elizabeth cayendo. Decapitada.

Nota de audio: Sólo oímos el rugido del león de la MGM.

 

Cine Condal. Platea. Interior.

Carla logra escupir aquello que la tenía ahogada. Es el anillo de piedra color violeta.

Mansión de Bel Air. Dormitorio. Interior.

Elizabeth durmiendo en su enorme cama king size.

Plano detalle en la coqueta: donde debía estar el anillo, no hay nada.

Nota de audio: Se oye la sirena del tragamonedas otorgando el Premio Mayor de la primera escena.

 

Corte Final.

9. EL GUIÓN QUE EL DIABLO NO SE ATREVE A RODAR

56

Me llevan en silla hasta el barco.

Anclamos en mitad del océano.

Bahamas. O podría ser el archipiélago de Hawaii. No lo sé. Me resulta imposible asegurarlo. Al menos, en este estado.

El Capitán me promete barracudas, peces-espada, los ambiguos delfines. Pero la jaula, y mis expectativas son contundentes: aspiro a cruzarme con las mejores dentaduras.

 

57

Al sumergirme, las piernas regresan aliadas.

El agua esquiva mi parálisis. La sirena de los ojos más viejos del mundo está dispuesta. Soy tan violeta como el turquesa que me rodea.

 

58

La prensa insulta a la maniobra tildándola de “capricho”, “extravagancia”. Conservan, como siempre, la superficie de los hechos. Catalogan de “aburrimiento”, a la urgencia.

Especulan si mi cerebro será capaz de resistir la presión. Subestiman la profundidad de mi alcance.

Los caballeros no miden el apuro de mi proceder.

 

59

Muñida de un arpón y un guía mancebo, aguardo redonda y calificada.

De pronto un alarido ruge en las profundidades. Es el mejor aplauso que jamás se me ha brindado.

Soy la carnada perfecta. La voz se ha corrido de inmediato entre mis puntualísimos fanáticos.

Vengo a alimentar tiburones con AZT.

 

60

Abro la jaula. Aterrado, el mancebo intenta detenerme. Pero un golpe seco, lo deja fuera de combate.

Leona.

 

61

Me lanzo a la libertad, despliego mi avatar volando océano adentro.

He mandado construir una gargantilla acorde. Despliego un rosario de píldoras, anchoas, besugos, antivirales, efavirenza y esmeraldas.

De mi cuello parten ofrendas, destellos y esperanzas finamente hilvanados. Son cientos. Miles.

Nace la eucaristía. Se acercan. Giro. Un trompo ofreciendo sino milagros, treguas.

La formidable Fedra. Si sobreviven es gracias a mis joyas, y no a las medicinas. No se acercarían sin el brillo.

 

62

Puedo identificar cada mirada. La cicatrices en el lomo. Aquél que sólo conserva una de sus branquias.

Mi antiguo coiffeur.

Amputados. Tuertos. El mayordomo que un día huyó de la Mansión, sin que mi idiotez de burguesa se percatara de la verdadera razón de esos pañuelos manchados con sangre.

Regresa apresurado. Sin tiempo para el rencor. Pero las heridas son inolvidables.

La naturaleza empecina a sus hijos a sobrevivir.

Anclados, se retuercen. Es imposible librarlos.

 

63

Podría perder un brazo en el reparto. La lengua de acero de mis abandonados escualos podría destrozarme en un descuido. Su piel de lija, deshacerme.

Enfermos terminales devorándome en segundos. No alcanzo ni a pensarlo.

 

64

¡Es el ballet del AZT!

Lápices labiales para millones de depredadores.

Soy la espina que bendice. Una emperatriz necrológica. Luciérnaga entre bombardeos.

Apaciguo con pétalos a la calumnia.

A merced de las corrientes, soy una marsopa desbocada.

Y ellos: pájaros con demasiadas horas de vuelo. Islas desorientadas.

Me rodean. Se aglutinan en torno a su madre. Devoran.

Sirvo las virtudes sanadoras del diamante.

Protagonizan el guión que el Diablo no se atreve a rodar.

10. CARLA AGÜERO

65

Soy la reina de los quehaceres. Una momia en pleno siglo veintiuno. La virgen sobornada por Woolite.

Aireo sábanas, como quien domina motines.

El sol condena a mis postizos. He sido coronada con una ristra de pinzas para la ropa.

Una cuarentona muerta de miedo, y sin una puta esmeralda.

Pero lustro un ánfora entre mis piernas.

Mi marido no sospecha la alfombra en la que vuelo.

Rebatida, me despliego en episodios intrascendentes.

Fregar una toalla, cocer una carne. Las he vuelto tareas de faraona.

La ficción es la única memoria de la que dispongo.

11. ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS

66
“Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.

Empadronada con el cielo viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis, cabalgo por los ombligos de Dios.

Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.

Estoy dispuesta a servir salmón.
Llevo en andas mi cintura de avispa
Soy el manjar de los poetas.
Digo “sí, sí, sí” a todas las águilas
a aquella nave, aerodinámica, que me parpadea homenajes.

Respondo “acepto”,
“Claro que sí, Mon Dieu!”

Lanzo cascadas de astronautas.
Satélites, adornan mi busto de princesa en bancarrota.

Bebo del Espacio.
Mojo mis pies en el estallido Universal.
Me lanzo en órbitas hacia Saturno.

Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

Ovacionan mi alianza. ¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.
Cubro castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.

De fruto en fruto. Regia de carterita, soy jet.
Lanzallamas.
Malabarista en nupcias.

 

67
El descalabro es evidente. Invado nuevos films.
La programación está imposible. El horario de las funciones.
Aparezco en secuencias en las que jamás he participado.
Conquisto escenas que jamás he rodado.
En mitad de una batalla, se me puede ver, bebiendo un martini con Dark Vader.

 

 

68
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas.
Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.

La sonrisa gira alrededor de mi dedo anular.
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.

 

69
Le juro amor eterno a Flipper.
De una zancadilla derribo a Luis Buñuel.
Ingmar Bergman que nunca me toleró, lloriquea ahora, al verme habitar sus tomas más gloriosas.

Me entretengo desbaratando plots.
Invado secuencias, como quien devora pretzels.
Soy Elizabeth todo terreno.

70
Con motor de plumas, reboto en rabinos
Abandono el incendio de la monotonía
Escapo vertical.
Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.

 

 

71
Completé el reemplazo en la oscuridad del cine Condal.
Ensayé milimétricamente sus líneas. Cada miércoles jueves y domingo de 13:50 a 18:20.

No seré uno más de los cadáveres de Elizabeth.
Ni la mano que sostiene la bandeja.
Mi plan me trasciende.

El único par de ojos aquí, ha sido el mío.

12. COROLARIO

72
Casos similares al de la Mrs. Taylor han ocurrido fuera de la pantalla:

Cierta Olivia de Hallivand ha reencarnado en una vendedora de tamales de 11 años de edad en la antigua Nicaragua.

Aseguran que Jerry Lewis ha sido visto en bikini por las heladas costas de Oslo.

Y que desgraciadamente, otro intrépido Buster Keaton, cayó del Empire State destrozándose contra el pavimento.

Nadie escapa a su biografía.

 

THE END

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Lorna, la fan número 1 de Susana Giménez.

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