GRAGEAS

KRAKATOA

CARLA: Yo también besé a Montgomery Clift en la Sala 2 del Cine Los Andes.

Recibimos el Oscar con idénticos peinados.
Ella: de Lanvin. Yo: con mi repasador como cetro.

Supe mirarme entre sus frases.
acomodarme entre sus brillantes.
Latir con sus perfumes.

No toleraría mi vida en blanco y negro,
sin su majestuoso technicolor .

El día que Elizabeth y yo corramos de la mano por una isla del Pacífico.
Felices y bombardeadas.
Ataviadas de milagros salvaremos pandas y homosexuales.

No concibo la felicidad, sino en un plano americano.

WINCHESTER

Me he librado ferozmente de la alegría.
Arranqué de cuajo
las miradas de complacencia y aprobación
de mis eventuales acompañantes.

Domestiqué Arlequines a los sopapos.
No pondrá nadie en tela de juicio, mi cobardía.

Escarban en mis páncreas.
Puedo oírlos. Murmurandome asfixias.
Insolencias.

Siempre he tenido debilidad por los prepotentes.
Los torcidos.

Pero a cada cual su sable.

Embisto.
Voy debajo de volcanes.
Ejerzo furias insensatas.
Seré un gendarme Sin secretos.
Lejos de la mampostería. No habrá forma de ocultarme.

Me han cazado como a un surubí con el zoom de sus cámaras.
Si tuviera mi Winchester no dudaría en derribar paparazzis.
(Ruge).

ANTAGONISTA



Soldados de papel,
de organza.
Envueltos en tacones de segunda selección.
Han hecho de mis postizos: nitroglicerina.
Y con cada mohín, encendieron la mecha.

Una terrorista en las llagas de la beneficencia.
He salido a levantar pellejos de voz aflautada.
Arrastré homosexuales, arropándolos con diseños de Lanvin.

Hice de mis párpados: dos patrullas.
Y del living: un sidiario.

No dudé en acomodar reinas desdentadas,
coiffeurs dopados, y comisarios de abordo desahuciados en las recámaras de mi mansión.

Rocié de Channel Number Five el infierno de sus incontinencias.

Cuando ya no quedaba consuelo,
yo misma les he alzado la mascarilla de oxígeno.

No me tembló la mano al cubrir llagas con pancake.
He rellenado crisis con bases de Lancome.

Utilicé pinceles y delineadores
con la precisión de un bisturí.

OCASO

Entro al ocaso con un sobrepeso inusitado.
Se ha iniciado el rodaje de mi circunferencia.
A medida que mi carrera desaparece, ensancho mis caderas.

Con una cuchara de postre cavo mi propia tumba.
Kilos. Contratos.
Críticas del New York Times.
Proyectiles lanzados a mi boca.
No domino las guarniciones.

Vuelo mi aparato digestivo.
Acabaré con mi carrera a dentelladas.

Volveré al anonimato entrada en carnes.
Será imposible distinguirme.
Me cubriré de párpados.
Lo tengo decidido.

Estoy imposible de entallar.
Propulsada, soy un dirigible entrando en Corseterías.
En leotardos amarillos.

Me tengo rodeada.
Abrillantada.
No hay escapatoria.
La miel me vuelve corrupta.

He mordido la matriz.
Giro en el infierno.
La bestia devora la luna.

Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

Soy el almacenamiento.
Elizabeth en el Paraíso.

La obesidad es el mejor antifaz que he podido construir.
El único papel por el que he peleado, ha sido la cubierta de un chocolate Godiva.
Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

Soy un ave de tormenta dispuesta a freírse la memoria por un cheesecake.
La reina de la aniquilación.
Me han educado obesa, dentro de una cintura de cincuenta y cuatro centímetros.

Hice del bestialismo, la mayor de mis gracias,
y de la caída: un refugio.

Vieja, gorda, alcohólica y divorciada.
¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

actors studio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

ROMÁNTICA HASTA LA PRECISIÓN


Plagada de complicaciones.
Subordinada hasta en las más espinosas boberías.
Indefensa y atolondrada.

Me ensancho.
Escapo entre fotogramas.
El metraje cede.
Me extiendo en cada lata de celuloide.

Los rollos que median 32 minutos,
alcanzan 34, de pronto 36.
Triunfo en 37 minutos.

Nadie comprende.
Pero el descalabro es evidente.
Invado nuevos films.
La programación está imposible.

El horario de las funciones.
Aparezco en films que jamás he rodado.
Conquisto escenas en las que nunca hube participado.
Bebo un martini con Dark Vader.

ESCOBA DE LA MGM

El sismo permanente de mis operaciones de columna ha sido transmitido en vivo.
Escupo madreselvas on screen.
Me han paseado en cuatriciclo.
Me he quedado muda.
Y un periodista bombardea mi última avant premier.

Soy momia sin el menor signo de tritón.
Cristo se ha puesto de rodillas ante a mi colección de pestañas postizas.

YELMO

Me han decapitado la infancia.

Una bruja aplastaba mi busto a los trece años.
Fajada para entronar la inocencia, debí callar delante del arco iris.

Debí ser yo, y no Judy quién se quedara con el papel.
Hollywood siempre tuvo debilidad por los alaridos.

No se me permitió morir de sobredosis.
No podría escapar de la fama, como no podría desprenderme de mi esqueleto.
Momificada por el celuloide, he sido constituida para el ejercicio de fisgonear.

Las miradas se empecinan en mi bolso.
El diseño de mis aretes es debate en los baños del Palacio de Buckingham.
La máquina se ha activado. Y nada puedo hacer para impedirlo.

Acorazada por la chisme, me he vuelto indeleble.
Es imposible hallar un respiro. Escapatoria, dentro de Europa.
La prensa se masturba con las delicias de mis divorcios.

<a href=”https://nadiescapaelizabetaylor.files.wordpress.com/2010/07/elizabeth_taylor_02.jpg”><img class=”aligncenter size-full wp-image-1086″ title=”elizabeth_taylor_02″ src=”https://nadiescapaelizabetaylor.files.wordpress.com/2010/07/elizabeth_taylor_02.jpg&#8221; alt=”” width=”297″ height=”400″

Ojalá explotes de felicidad.
Y esta noche, al acostarte, descanses en paz.

TOUCHÉ

Concurso de Esgrima.
Bastoncitos de queso. Dados de salamín. Salchichitas con mostaza.

Destreza, si las hay.
Copetín al paso, en casa del Embajador.

PORTADAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Permanezco invicta en celuloide.
He sido confinada a la eternidad.
Mi voluntad en nada se parece al entretenimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cae la siesta, y me resguardo en sus brazos.
Pide la niña a gritos su alimento.

Lloriqueo enfilando cerbatanas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

He bebido las colinas de Hollywood.
He gozado de sus acantilados.

Mi blusa ha sido festejada por miles de fanáticos.
Me han abucheado en Moralidad.
Llevo la juerga impresa a la médula espinal.

La belleza me ha confinado a la libertad más despiadada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

He sido vulgar hasta la exageración.
He lavado los platos sucios ante un séquito de abogados.
Engordo, ingiriendo horas de divorcio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gucci ha bautizado modelos con mis fracasos matrimoniales.
Nada más generoso que un idiota.

Me he vuelto una granada en los círculos de la beneficencia.

CULEBRÓN

Parida para la contemplación.
Un culebrón aquejado de gigantismo.
Bella, pero inestable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mis almohadas pertenecen ahora al Museo Metropolitano de Nueva York.
Mi caso debería contemplarse en la Constitución.
Si yo misma debería ser una enmienda. Un artículo.

Mi rostro en los billetes de 100 dólares
Eso es perfectamente una estupidez.
Jamás le he dado valor a las réplicas.

SIN SEMÁFORO

 

 

 

 

 

 

 

 

Escarbo en el plato de spaghettis buscando tu rostro.
Entre montículos de queso crema adivino pasadizos que conducen al Edén.

Existe sólo una forma de resarcirme, y es enamorándote ferozmente.
Alimentarte hasta el papelón.

Me he vuelto una experta en el manejo de la cuchara por sobre el amor.
Una esgrimista a la que el pulso no le tiembla.

Debo apresurarme antes de que la balanza te borre definitivamente del mapa.
Flacucho.
Un benteveo que no tiene donde caerse muerto.

Embisto con la precisión de un oso.
Envuelta en vodka.
Apareándome en el Mar Báltico consigo tu obediencia.

A sartenazos obtendré el Sí en un altar.
Eso, a sartenazos.

LÁTIGO

Me sirvo de sílabas.

Píglet!
La pé, la í.
Pequeñas explosiones en mi rostro.

Píglet!
Bicho ambiguo.
Píglet! Píglet!

Entre las comisuras de mis pómulos.
Si es preciso, al enfadarme las despliego.
Exigencias de una princesa regordeta.
Retrato mi urgencia al pronunciarlo: Píglet!

La violencia de mis reclamos inunda de sudor a un ejército de asistentes.

2
Puras técnicas de actuación.
La impureza ha sido siempre mi refugio.

Si se orinan al verme pregonar.
Destapar las botellas de los más efervescentes caprichos.

Enlazo un buey de un solo vuelo.
Mi eco podría cruzar el Altiplano.

3
Pítsburg!
No los abandonará jamás mi lanzallamas.
Píglet!

Debería llevar casco al discutir.
Manipulo radioactividad.
Dios conoce mis destrezas.
No hay fistulas en mi credo.

4
Resulto, por lo pronto, impostergable.
El mal genio me ha signado.
Me ha valido de un Oscar.

Y ahora pretenden recato.
Si es de idiotas!
Píglet!

La falta de consecuencias.
Prostitutas de Wall street.
Pretenden que intoxique mis reacciones.

¡Adormezcan a sus madres, cobardes sin asunto!

Portal del Instituto de recuperación Betty Ford.
El blindex debió ser cambiado. La pierna de la Señora Burton lleva ahora 12 puntadas.

CINDIRELLA CONTRA LOS HUSOS HORARIOS

Una huerfanita enfurecida.

Agarrar a los bofetones el Big Ben.
¡Qué meridiano de Greenwich, ni que ocho cuartos!
Harta.

¡Con qué desavenencia intentan enfrentarme a un zapatito de cristal!
Es soberanamente imposible que un carruaje descienda de un zapallo.
Es lucha de clases. Simplemente.
Reescriban ese cuento, ¡moscovitas!

Harta de requisitos, Cenicienta se hizo zapatera.

El bosque es la entrepierna de la princesa.
Y me importa un bledo si el lobo no lleva preservativos en la canasta.

– ¡Abuelita que orejas tan grandes tienes!
– Para operarte mejor.

El Edén es apenas un desvío de la ruta 2.
Somos Starky & Hutch tras el pecado universal.
Hemos lanzado demasiadas pelotitas de tenis contra Jaime Sommers.
La Wonder Woman no es más que una alcohólica con las tetas gigantes. Punto.

¡Por quién nos toman!
Aquí no hay lazo de la verdad. Aquí nadie precisa confesar nada.

Los crímenes no son más que párpados delante de la TV.
Hansel y Gretel se han vuelto sibaritas.
Blancanieves ha muerto ahorcada por su estola.
(Confundida, la muy idiota intimó con Dios y María Santísima.)

Una desclasada que bien merece una paliza.
La única electricidad que ha iluminado a Hollywood, han sido mis orgasmos con Richard.

Ya no hay nazis debajo de la cama.
No está Herodes persiguiendo canastos por el Nilo.
Y no hay ceniceros contra las caras de Roviralta.

La naturaleza ha caído en banca rota.
Nadie escapa a Emilio Disi.

 

 

 

 

 

 

 

 

LICENCIA

Mi marido no sospecha la alfombra en la que vuelo.
Rebatida, me despliego en episodios intrascendentes.
Fregar una toalla, cocer una carne. Las he vuelto tareas de faraona.

La ficción es la única memoria de la que dispongo.

En la oscurdiad del cine Los Andes, ensayé milimétricamente sus líneas.
Cada miércoles y jueves de 13:50 a 18:20.

No seré uno más de los cadáveres de Elizabeth.

Hasta hoy, mi único domicilio ha sido el silencio.
Me he vuelto virtuosa en el arte de maldecir entredientes.

Pero he tomado las riendas. Voy a galope.
No seré más, la mano que sostiene a la bandeja.

Mi plan me trasciende.
El único par de ojos aquí, han sido los míos.

EN LA TERRAZA

 

 

 

 

 

Aireo sábanas como quien domina motines.
Llevo una vida diminuta, pero envuelta en fuego.

El sol condena a mis postizos.
He sido coronada con una ristra de broches.
Una cuarentona muerta de miedo, y sin una puta esmeralda.

Pero lustro un ánfora entre mis piernas.
Soy la reina de los quehaceres.
Una momia en pleno siglo veintiuno.

La virgen sobornada por Woolite.

DEBERÍA ENTREVISTARME CARL SAGAN

Nadie. Sino en un formidable estado de ebriedad, podría creer que llevo los ojos color violeta.
De circo. No existen tal par de ojos.
Ni mujeres barbudas. (Pausa con sorna).
Sólo un fauno podría llevarlos.

Sin embargo, la MGM convenció al planeta de mi excepcionalidad.
Y mi madre, en sus últimas bocanadas, se jactaba de así haberlos hecho.

No he podido heredarlos,
sino de un desquiciado experimento en el revelado de negativos.

La honestidad jamás me ha rozado.
Si yo misma, lo admito.
Son violetas.

Deberían encerrarme en el Zoo.

LIZÉRGICA TAYLOR

De la noche a la mañana no fuí más princesa. Bella Donna.
Cuando descubrí que existía un mundo por conquistar,
fui enamorada.

La pavota cayó en la jaula.

Han instalado un periscopio en los retretes de mi Casa de Malibú.
Todo me pertenece, excepto el rostro.
Mi busto de avispa ha sufrido infecciones que el blanco y negro ha sabido disimular perfectamente.
Trozada. Flieteada. Traspasada.

Una estrella con 53 centímetros de cintura
condenada al plano americano.


Me han dejado envejecer, repitiendo hasta la tortura mis antiguos films.
Conservando antropófagos mi belleza entre los dientes.

Nado desnuda entre tiburones,
acorazada por una silla de ruedas.

RUBIA

De cada catástrofe, emergí satisfecha.
Cada vez que me atacó la serpiente,
supe antes empuñarle mis excesos.

He sido un muchacho de artellería con tacones.
Un guardavidas con los nervios destrozados.

 

 

 

 

 

 

 

Cada vez que me han exigido sobriedad, me he ido por las ramas.
Puedo convencerlos de ser Godzila, o una gatita siamesa.
Se atreven a llamar alcoholismo, lo que a las claras resulta ser homicidio.
Aplauden por verme asesinar a Elizabeth.

La actuación ha siempre una excusa para desaparecer.
Cuanto más volumen alcanzaba en la pantalla,
menos reconocía a mis ojos.

Soy un cienpiés en el cuerpo de un rinoceronte.

BARBIE TÚRICA

I. Tres Limones
1. Casino. Interior.
Maquina tragamonedas.
Una mano de mujer jala la palanca, e inicia el juego.

Plano detalle: lleva un anillo con una importante piedra violeta.

El azar cobra movimiento. Se espera la coincidencia de las tres figuras.
La maquina se detiene.

En el primer casillero aparece la carita de Elizabeth.
Casi inmediato, en el segundo también es Elizabeth la elegida.
Y por último, y como debe ser: Elizabeth.

Suena la sirena. Las luces giran.
Se oye el caer de las monedas. ¡Es el premio mayor!
De fondo los gritos de festejo de la jugadora.

Corte a:

II. Conserva
2. Supermercado. Interior.
La misma mano. El mismo anillo con piedra violeta.
Conduce el changuito por los pasillos del supermercado.
Se detiene entre dos góndolas.

Vemos perfectamente decorados. Faraonamente expuestos. Cientos y cientos de latas de Ananá con la carita de E.T. en la cubierta.

La dama del changuito adquiere velocidad.
Seguro que hará embiste contra la pirámide de latas.

Corte abrupto a:

III. Violencia familiar
3. Living Clase Media. Interior.
Violentamente se abre la puerta de entrada, un marido borracho llega a su hogar.
Su mujer asustada deja caer un plato al piso y se destroza.
Se oye el caer de las latas de la escena anterior.

Le cruza la cara de un golpe.
Ella huye, forcejean, le jala del pelo.
Una desagradable situación.

4. Baño Clase Media. Interior.
Ella logra encerrarse. Corre el pasador.
Temblando y sangrando llama por su celular a Emergencias.

5. Fachada Casa Clase Media. Exterior.
Un patrullero de la Policía llega a gran velocidad, y se detiene delante de la casa.
Dos enormes agentes descienden del auto. Nunca vemos sus rostros.
En la espalda de sus camparas, llevan bordado “E.T. Patrol”.

6. Baño Clase Media. Interior.
La mujer aterrada, observa como la madera de la puerta se agrieta con cada embiste.
La bestia está punto de entrar.

7. Living Clase Media. Interior.
Una enorme mano masculina, detiene por el hombro al golpeador. Lleva uñas pintadas de violeta rabioso.
Forcejeo.
Tiran al piso, y esposan al agresor.

La mujer sale del baño. Sonriendo, aliviada. Con lágrimas en los ojos.

Plano de los dos policías:
Son dos hombres muy masculinos, sólo que llevan pelucas y maquillajes que nos recuerdan a Elizabeth Taylor.

Pausa.

El agente protesta con un chistido. En el forcejeo una uña se le ha despegado.

Corte a:

IV.  Globo 
8. Calle céntrica. Exterior.
Una niña de rulos juega por la calle.
Lleva un globo violeta en la mano.

De pronto, en un descuido, el viento vuela su inocente compañía.
La niña llora desconsoladamente.

Aparece una mujer no muy alta y regordeta entallada en un body de lycra. Lleva una capa violeta.
Jamás vemos su rostro.

Vuelve a salir de plano. Conocemos que vuela.
La niña con lágrimas aun en los ojos, esperanzada.

Un instante, y la superheroína regresa con el globo.

La niña festeja y la aplaude.
Veinte palomas blancas cruzan el cielo.

En plano detalle  notamos que claramente debajo del guante lleva un anillo con una piedra, que adivinamos violeta.

Sale hacia sus amigas las palomas.

Corte a:

V. Travestis
9. Hospital Fernández. Interior.
Una larga fila de travestis caracterizados con las diferentes películas de Elizabeth.
Cleopatra, Gata sobre el tejado de zinc caliente, Quien le teme a Virginia Woolf, Lassie, Los picapiedras, etc. hacen fila.

Un pequeño mostrador.
Una enfermera a medida que van llegando, entrega AZT.

Firman y se van.

Corte a:

10. Supermercado. Interior. Día.
El changuito embiste contra la pirámide de Ananá Enlatado.
Rodando. El desparramo es monumental.
Cientos de caritas de Elizabeth cayendo. Decapitada.

Nota de audio: Sólo oímos el rugido de un león. Nada más.

Corte a:
VI. Carla
11. Cine Los Andes. Exterior.
Estamos en el barrio de Boedo.
La cartelera anuncia: “De pronto, el último verano” en un glorioso blanco y negro.
Carla entra con su carterita.

12. Cine Los Andes. Platea. Interior.
Carla se acomoda en su butaca.
La sala se encuentra prácticamente desierta.
El característico león de la MGM ruge, anunciando el inicio de la función.

Corte a:

13. Mansión de Bel Air. Dormitorio. Interior.
Delante del espejo tripartito Elizabeth en camisón se quita su enorme anillo de piedra violeta, y lo apoya en su coqueta.
Comienza a cepillarse el cabello, como cada noche antes de acostarse.

Corte a:

14. Cine Los Andes. Platea. Interior.
Carla extasiada por lo que sucede come automática palomitas de maíz.

De pronto, algo la atraganta.
Un instante de pánico.
Logra escupirlo.

Es el anillo de piedra violeta.

Corte a:

15. Mansión de Bel Air. Dormitorio. Interior.
Elizabeth durmiendo en su enorme cama king size.

Plano detalle en la coqueta: donde debía estar el anillo, no hay nada.

Nota de audio: Se oye la sirena del tragamonedas otorgando el premio mayor idéntico al de la primera escena.

Corte Final.

PARAMÓUNTICA

Me han colmado de fragancias, cuando mi actuación apestaba.
nada mas

ROAST BEEF

Protagonizo lo inimaginable.
Transito mi interior a los ponchazos.
Regida por la urgencia y el traspié, arrastro una novela de varios tomos.
Apretada, aguardo la estocada.
Como si cada amante fuese una granada,
y estuviera destinada a arrojarlos mar adentro.

ÁGUILAS, ÁNGELES Y ASTRONAUTAS


1
“Congratulations!”, gritan todos.
Huelo a arándanos.
Estoy empadronada con el cielo,
viajo tremebunda.
Inquieta, como las diéresis.
Cabalgo por los ombligos de Dios.

2
Quizá lleve mi cafetera.
Me purifico.
Estoy dispuesta a servir salmón.

Llevo en andas mi cintura de avispa
Soy el manjar de los poetas.

Digo “sí, sí, sí” a todas las águilas
a aquella nave
aerodinámica
que me parpadea homenajes

Respondo “acepto”,
“Claro que sí, Mon Dieu!”

Lanzo cascadas de astronautas.
Satélites adornan mi busto de princesa en bancarrota.
Bebo el Espacio
Mojo mis pies en el estallido Universal

Me lanzo en órbitas hacia Saturno
Soy un aladelta.
Derrapo ángeles.

3
En una lata de ananá he conquistado al infinito.
Mi boda estelar: Fruto que brinca.

Ovacionen mi alianza.
¿Es qué no lo notan?
Soy la Reina de copas.

Cubro los castillos con mi nombre.
No hay zapatos de cristal en mis errores.
De fruto en fruto
Regia de carterita, soy jet
Lanzallamas
Malabarista en nupcias.

4
Está ocurriendo.
La Vía Láctea me bendice.
Hablo idiomas

Enjabonada de aplausos estallo en nuevas creaciones.
La sonrisa gira alrededor de mi dedo anular.

5
Blanca hasta la transparencia, los pájaros me admiran.
Con motor de plumas, soy un tobogán.
Reboto en rabinos
Abandono el incendio de la monotonía

Escapo vertical.
Rumbo a la fiesta desfilan mis palabras.
Marcho presa a la merienda de mi ukelele.

6
¡Soy veinte veces más torcida que un cuento de hadas!

ELIZA VETE

El hígado se me ha escapado.

Saltó de mi busto. A las puteadas intenté detenerlo.
No hubo modo de convencerlo.

Harto de estertores.
Aduciendo ensañamiento, se ha divorciado de mí.

Nada más injusto que un segmento.
Sin previo aviso.
Ni cuchillos.
Tomó envión, y escapó por sobre mi vestido.

Ha sido imposible hacerlo entrar en razón.

Temo que el ejemplo cunda.
Mis piernas, aunque inútiles, se han mantenido fieles.
Pegadas a mis caderas, digo.

Pero este traición no quedará impune.
Su alegría no tendrá mucho para decir.

He tolerado sus juicios. Sus migrañas.
Hemos convivido a base de tisanas. A gotas de reliverán.
¿Desde cuándo las hendijas gobiernan?

Podré cambiar de apellido.
Podré ser obstinada.
Multiplicar mis cuernos.
Pero he tenido siempre conciencia de conjunto.
De unidad.

No ando desprendiéndome por ahí.
Salpicándole libros a la muerte.

Un zorro blanco ha caido del techo.
Ese manojo de nudos y vísceras será replicado.
Ya no podré secretar bilis, pero nuevamente estaré completa.

Porto ahora una coqueta cartera de Nina Ricci, en su reemplazo.
He mandado abrir la fábrica para mí sola.
Aunque sea en víspera de año nuevo.
No evitará esa gelatina, que alce mi copa a las doce.
Un modelo de la temporada próxima habitará en mi interior.

Sintética,
pero vanguardista.

II
La prensa ha descubierto al insensato cruzando la frontera.
Aseguran haber visto a mi antiguo hígado volando en clase turista hacia un exótico país de Latinoamérica.
México.

Y hay quienes defienden que ha sido la primer glándula en recibirse de quiropráctico en La Sorbone.
Me toman por estúpida.

Me encierro en un frigorífico a esperar la llamada de mi agente.

PABILO

Una esfera incontrolable vestida por Lanvin.
La niña anciana avanza, explotando.

Sus pantorillas no conciben el suelo.
Juana de Arco envuelta en perlas y combustible.
No habrá cuerpo de Bomberos que logre detenerla.

La carne es innegable.
Vencer a la muerte ha sido ya suficiente castigo.
Me he vuelto incandescente.
Lanzo meteoritos.
La estrella convida urgencias.

Soy el 911 del séptimo arte.
Debo procurarme amantes en trajes de amianto,
con interiores plateados, y casquetes del departamento de explosivos.

Hasta ahora, nadie ha logrado sobrevivir a mi sobrenaturalidad.

LEGADO

Litros de alcohol me habitan.
Una pátina grasosa y amarillenta me acompaña.
De mi cintura descienden años.
No lo dudo. Estoy violando la sensatez.

No hallarán ni una página de mi novela.
Sólo una gargantilla de palomitas de maíz,
y una burda copia de mi tiara de dominatriz.

Es tiempo de freírlos.
La pantalla es combustible.
Suplicaban poseerme.
Pero esta vez seré yo quien termine satisfecha.

Lava. Roca fluida. Piedra pómez entre los dientes.

Estoy pariendo el incendio de mi fama.
He naufragado ante un ejército de antihistamínicos y diuréticos.

Pongo fin sirviendo mi última orgía.
No sé cuanto más resistirán mis rodillas.
Enormes porciones de soledad se incrustan a mi paso.

Llevo impresa la cacería de una cámara.
Ya no podrán separar el hielo de mi whisky.
Bebo sangre.

DIOS EN RUEDA DE PRENSA
Una estrella chamuscada.
Entrada en carnes.
Asada.
Sin más altar que un chispazo.

Una diva echada a la parrilla.
Una carbonada con lentes oscuros.
La flama gobierna.

Soy un alarde echando lava.
Un milagro en erupción.
Volcánica y desolada,
el amor no ha hecho otra cosa que enfurecerme.
Volverme cada kilo más rabiosa.

Mis brazos son látigos.
Sables, que domino quirúrgica.
Moldes, para mi antojo.

Diecisiete metros de carne humeante.
Voy cocida.
Sería capaz de provarme.
Morder y deglutirme la mano.
¿A qué sabe una estrella?

La “W” se aúna.
Es apenas un guante que se adhiere a mi cortejo.
La piel cede.
Hollywood se retuerce
Arraso su cartel muñida de espanto.

Ramas carbonizadas perplejan mis bucles.
La llamas conquistan mis muslos.
La lengua donde me deslizo.
Gobierno velocidades inauditas.

No conocí la felicidad hasta el instante que entré en combustión.

Puedo tallarme como una vela.
Mi cuerpo dirime estertores.
El diablo que tanto me ha fisgoneado las enaguas,
hierve ahora en sus pantalones.

Sólo mi gargantilla de esmeraldas se mantiene incólume.
Resguarda el alboroto.

El fuego rodea mis nalgas.
Soy de hule.
Crezco a voluntad.

La muzzarella de una formidable porción de pizza.
Mis huesos conforman una pasta independiente a la razón.

Si yo misma no dispongo del asombro.

Pero mis ojos son irrevocables.
Sucedo como las grosellas,
explotando ante el calor del verano.

Cada centavo de este prodigio me pertenece.
La faraona bebe del infierno.
Un dragón en cinemascope.

Aquí, el ángel halla materia.
No habrá secretos donde refugiarse.

Ahora que mi carrera se extingue resulta imposible detener el rodaje.

C.H.E. (COMBUSTIÓN HUMANA ESPONTÁNEA)

Una estrella chamuscada. Entrada en carnes.
Asada.
Sin más altares que un incendio.

Una vaca echada a la parilla.
Una carbonada. Tu enamorada carabinera.
Un lanzallamas del imperio Otaviano.

hollywood-sign-address1

La bola obesa y maquillada entra en combustión.
Demasiados lípidos.
Demasiadas medidas de alcohol.
Una formidable esfera en aladelta.

Ardo. Soy una amenaza.
El calor me envuelve.
Embisto acebos, nísperos y avellanos.
La reina, poda.

Cebada en pirotecnia, imparto justicia.
Envuelta en furia, echo castañas al cosmos.
Mis glándulas son de artillería.

Carbonizo inspectores.
Voy por la hecatombe.
Dominada por la hoguera.
Flambeada por el rencor.
La mecha propicia del Apocalipsis.

Acción.
El último rodaje.
La muerte en technicolor.
Infernal y Paramáuntica.

Mis pómulos permanecerán horneados en la eternidad.
He dejado la cima, y adquiero velocidad.
El enorme cartel no es más que un desafío.

Arranco una letra de cuajo.
Los hierros se retuercen.
Acaramelada, la “W” se adhiere.

Cayendo me elevo.
Adquiero volumen. Dignidad.

Voy mejor que en mis guiones.
Una matrona envuelta en celuloide.
Difiero poco de un calefón.
Del diablo.

II
Llego hasta los Estudios
No atinan a escapar
Sabrá Dios cuándo tendré suficiente.

En cuestión de segundos las llamaradas, contagian mi destreza.
Chasmusco decorados,
reduzco los vestuarios a inciensos.

Una nube gigante escapada de mis entrañas, se eleva dominante.
Es el fin del séptimo arte.
Cubierta de esmeraldas y sarcasmos embisto traicionera.

Un misil sediento.
Irrefrenable.
Vulcano muerde.
Verán desvanecer la industria.

Lamentarán no haber escrito otro final.

hollywoord fire
Una mala actriz difiere poco de un terrorista.

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