2012

Nadie escapa a su pasaporte

PASAP

Nadie Nadie Nadie

Marilyn Munro. Porque las estrellas también usamos blue jeans.

Star system esquina Carapachay.

Camarada Taylor

La casa Christie’s empezó en Moscú una gira mundial de la colección de joyas, trajes y pinturas de la actriz Elizabeth Taylor, un ícono de Hollywood.

A la entrada del lugar, ubicado en la Plaza Roja de Moscú, un inmenso retrato de Taylor atrae a los visitantes.

La colección de joyas, obras de arte y parte del vestuario que perteneció a la fallecida actriz Elizabeth Taylor, forman un lote de 269 piezas valorado en 30 millones de dólares.

El objeto más codiciado de la puja será un anillo de diamantes con aro de platino de 33 quilates de Taylor (1932-2011) por el que se espera recaudar hasta 3,5 millones de dólares.

“Mi anillo me da el sentimiento más extraño de belleza”, llegó a decir algún día la diva sobre esta espectacular joya que le regaló el gran amor de su vida, Richard Burton, en 1968.

 

Barbie debe morir

La vida es absolutamente irreal

 

Los campos, las ciudades, las ideas, son cosas absolutamente ficticias, hijas de nuestra compleja sensación de nosotros mismos. Son intransmisibles todas las impresiones salvo si las convertimos en literarias.

FERNANDO PESSOA

Cómo lamento no dispararme 3 faenas como pago de las penas que me hiciste tú pasar

Paolo Schmidlin

No precisé de la Reina para dejar oficialmente inauguradas las Olimpíadas de la Fornicación

He sido el oro del becerro. Cotizo mi rubor en Wall Street. Hice de mis intoxicaciones, el mejor bordereaux.

Un cíclope con amigdalitis.

No he dejado de respirar ni un instante.

Deberían abducirme.

She’s where we have been, the way we are, the way I was

Brenda Maddox, 1977

Regalo de Bruno Goldstone, 2012

Cultura basura

Descenso a las cavernas

Y si es basura, ¿por qué la muestran? Seguro que muchas personas se harán esta pregunta ante el anuncio de una exposición con el título de «Cultura basura». las definiciones de cultura son infinitas, y quienes utilicen una acepción muy restrictiva, que la reduzca a la excelencia y la virtud creativa, probablemente no hallarán una respuesta satisfactoria. Pero, independientemente de su calidad, la cultura también brota de los hitos y motivos que marcan el paisaje familiar común. Y en este paisaje aparecen a menudo signos y manifestaciones –pintura, espectáculos, música, imagen– que, a partir del error, de la dejadez –es decir, de la antiexcelencia voluntaria–, se acaban convirtiendo, mediante unos mecanismos sociales que la exposición intenta explicitar o poner de manifiesto, en elementos de
significación cultural. La cultura basura seria, en buena parte, una cultura a la fuerza, una vanguardia que nunca quiso serio. Pero que sin embargo puebla muchos espacios de nuestra vida cotidiana, sin que forzosamente reparemos en su presencia.
Desde una perspectiva actual, se podría pensar que la cultura basura es una forma que toma la cultura popular cuando se aleja de la modernidad y entra en una fase postheroica y postidentitaria de la aventura humana. Aunque en realidad, el juego característico de la cultura basura –la fascinación por el error, por la monstruosidad, por la fealdad, por el descuido, por una incompetencia que parece muy elaborada– es fruto de un mecanismo, ya clásico, de exaltación del espectador, que así recibe la recompensa de sentirse más dotado, más normal, más guapo, más aseado, más eficiente que el propio artista. La novedad es que, en estos tiempos de acabamiento de la modernidad, lo que había transitado
siempre en sus márgenes gana centralidad, tras mutar en formas nuevas adecuadas a una cultura mucho más audiovisual. Y añade confusión acerca de la dirección de la ruta que hemos emprendido, si es que la hay.
El error como estrategia cultural sería el argumento. Una forma lograda de crear productos culturales de incidencia imprevisible. Cuando se habla de cultura basura, todo el mundo piensa en la «tele». Es cierto que ésta ha sido una vía eficaz para vehicular productos basados en la normalización de lo abyecto, en la humillación de los personajes y en la exhibición de monstruosidades. Crónicas marcianas es un ejemplo de cultura basura tan perfecto que está al límite, a punto de dejar de ser considerado como tal. Pero hay otros muchos campos en que la monstruosidad –las atracciones de feria, por ejemplo–, la abyección –los dibujos y pinturas de los serial killers– o la humillación –el ridículo–adquieren carta de naturaleza cultural. Y cumplen, a su manera, una función subversiva, como si, por un procedimiento de sedimentación del error y de lo siniestro, pusieran en evidencia al propio sistema. En dicho sentido, justamente, la cultura basura puede convertirse en vanguardia ocasional.

Ese doble juego de alienación del espectador en la basura y de ventana a las miserias de lo social es lo que intenta explorar esta exposición. Una cierta espeleología del gusto: es decir, un descenso a las cavernas de la cultura poscontemporánea.

Josep Ramoneda

Exposición «Cultura basura. Una espeleología del gusto»
20/05/2003 – 31/08/2003

CCCCB, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

Come chocolates, niña sucia. Come chocolates.

Inicié esta novela con el único propósito de acabar definitivamente con la literatura.

Como el obeso que devora sus dientes, hasta volver completamente inútil a su boca, hice de cada página escrita, un filete para mi cena.

Desaparecí 227 párrafos de mi biografía, durante el último ataque al refrigerador.

Este apetito ya no lo sacia ni boletos de tren, ni recetas de farmacéuticos. Mi ansia clama por sílabas fornidas. Atomatadas. Detesto quien reza sin aderezos, quien se enamora con diptongos magros.

Una croqueta en poco se diferencia, de una sentencia. No existe mejor adverbio que un licuado. Y la mejor parte de la cuchara, ha sido siempre la garganta.

Esto no es religión, es Chanel

Carmen Dell´Orefice

Simplemente bebo hasta que un pájaro azul se posa sobre mi coqueta

Hasta cubrirme con el horroroso amparo de la ingenuidad.

He perdido la virginidad cientos de veces

No sabré jamás lo que me ha sido vedado.

No bastarán las borracheras, ni los tacones estrellados contra el pavimento.

No he sido lo suficientemente valiente como para ser una mojigata.

He soltado mi lengua donde ningún bisturí se atrevería. He disfrutado la letanía, con la que mis enamorados se hundían en el rencor.

Y ahora intentan descalificarme por uno, o dos millones.

Necios.

La solidaridad ha sido la excusa. Llevo gemas de espanto incrustadas en los pómulos.

Soy la lepra, la mano desmembrada. Un tropel de sangre con cinturas de avispa.

He sembrado rosas por atraer culebras.

Gaviota

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Lo único que no tolero del sacrificio, es la buena impresión que causa

¿De qué sirve el espionaje, sino para revolcarse en el brillo de la traición?

Detesto la nobleza. He sobrevivido sin chistar a su mutilación.

No comprendo ni una palabra cuando me hablan de matrimonio.

Me he quebrado las costillas por calzarme el último Lanvin

Por rezar, llevo magulladuras en las rodillas, que sólo una docena de esmeraldas podrían impartir.

He peleado con el león de la Metro en una Sinagoga de Santa Bárbara. Le he reventado el cráneo muñida de dos premios Oscar.

Una experta en triturar adversarios. Eso he sido siempre: inteligentísima.

Hice del flagelo, mi belleza. Y de mis contratos: la Inquisición.

No hay peor disculpa para el éxito, que ser religiosa.

‎”I was making lasagna for Michael Jackson, Elizabeth Taylor and Halston…”

Christine Pedi

Hice del escarnio, mi más nítido escenario

Me he servido del abucheo para engarzar piedras preciosas.

Sumergida en desventajas provoqué mi más fulminante suceso.

Mi reino no existiría sino lo destruyera sistemáticamente.

Mi estado de gracia es el error. Y el hundimiento: mi estola de zorros.

Diva en permanente estado de avería.