BITÁCORA

Elizabeth Taylor incendia su carrera.
Años acumulando lípidos.
Muffins, barbacoas, brandys, huevos revueltos, hamburguesas y tocino arden en sus tripas.
Sin mediar cerillas, alcanza a voluntad el estado de combustión.
Un fenómeno envuelto en otro.
En oro.

Lanzada a las laderas de Hollywood, la reina de caderas, arrasa.
Es el fin del séptimo arte.
La última y gran toma de Elizabeth.

Richard Bourbon, su compañero de juergas y batallas, todas las tardes la visita junto a un Juez de Paz.
En un eterno Prometeo contraen nupcias;
y antes que la última estrella se apague,
un ejército de Abogados
los divorcia sin piedad.

Sus desconsolados asistentes, convertidos en escualos,
la rodean en la enorme danza del AZT.
En silla de ruedas, Elizabeth reparte píldoras mar adentro.
Es la cruzada por la lucha contra el sida.
Miles de tiburones acuden enfermos.
Del cuello salvador de la musa
se desprende un magnífico rosario
colmado con efavirenza, antivirales, besugos y esmeraldas.

Devoran las bestias.
La eucaristía sucede.
El agua turquesa del océano, es el llanto de una actriz con los ojos más tristes del mundo.

Carla Agüero -un ama de casa sin una puta esmeralda-es su más comprometida admiradora.
Conoce como nadie los diálogos, los mohines y portazos de Elizabeth.
Entre broches de ropa los recita a diario.
Ha nacido para la duplicación.
Pero sin saber que será algún día,
en alguna función de matineé:
será el reemplazo,
la sustituta.

La sutura es visible.
Elizabeth quirúrgica y agotada
no podrá resistir mucho tiempo más.

Una nueva categoría inunda las carteleras:
los films obesos,
el celuloide excedido.
La consagración de las cinturas apócrifas.

Alfileres de gancho soportan en la espalda
vestidos demasiado exigidos.
Desmayos de diseñadores pueblan los oficinas de los Productores.
La muerte de Elizabeth devora la Paramount, la Metro y cuanto traveling se le cruce.

Mientras tanto, aquí, en Boedo,
de batón y ruleros, Elizabeth Taylor aplasta milanesas a la hora de la cena.

Carla Agüero es ahora Elizabeth Taylor.
¿Quién le teme a Virgina Luque?

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