Mariana Bugallo lee “Nadie escapa a Elizabeth Taylor”

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Auditorio de la Fundación Proa, 8 de noviembre de 2014

SÓLO SOMOS LOS KILOS QUE PERDEMOS EN BETTY FORD

ELIZABETH: Entro al ocaso con un sobrepeso inusitado.
A medida que mi carrera desaparece, ensancho mis caderas.
Con una cuchara de postre cavo mi propia tumba.
Contratos. Pollo frito. Críticas del New York Times.
Proyectiles lanzados a mi boca.

No domino las guarniciones.
Vuelo mi aparato digestivo.
Acabo mi carrera a dentelladas.

Regreso al anonimato, entrada en carnes.
Cubierta de párpados, estoy imposible de entallar.
Propulsada, soy un dirigible entrando en Corseterías.
En leotardos amarillos, me tengo rodeada.

La miel me vuelve corrupta.
Muerdo la matriz.
Giro el infierno.
Bajo los reflectores, las estrellas de manteca suplican misericordia.

20
Soy el almacenamiento.
Elizabeth en el Paraíso.

El único papel por el que he peleado,
ha sido la cubierta de un chocolate Godiva.
Y he estado magnífica mascando en Technicolor.

La obesidad es el mejor antifaz que he podido construir.

21
Soy un ave de tormenta dispuesta a freírse la memoria por un cheesecake.
La reina de la aniquilación.

Me han educado obesa, en una cintura de cincuenta y cuatro centímetros.
Vieja, gorda, alcohólica y divorciada.
¿Cuánto metros de celuloide pesa una estrella?

Directora de la Fundación para la lucha contra el Sida desde 1978.

22
Me han volado cartílagos para resaltar mi inocencia.
He padecido hemorragias bajo un secador de pelo.

Soy la Indiana Jones de los tacones.
El tanque Sherman de los coloretes.

Una espía al spiedo.
Una butifarra con demasiados humos.

Cristo se ha puesto de rodillas ante a mi colección de pestañas postizas.

23
Touché.
Concurso de Esgrima.
Bastoncitos de queso. Dados de salamín. Salchichitas con mostaza.
Destreza, si las hay.

Copetín al paso, en casa del Embajador.

24
Me he quebrado las costillas por calzarme el último Lanvin.
He sido vulgar hasta la exageración.

He lavado los platos sucios ante un séquito de abogados.
Engordo, ingiriendo horas de divorcio.

A los fideos les voy a poner crema antiage.

25
He vendido la virtud por una albóndiga,
y conocí la hermandad sobre una fuente de fetuccinis.

26
Mi cuello es una pantera que exige tarteletas.
Llevo las manos repletas de proteínas,
pero he perdido el rumbo de mi boca.
Sueño con matas de calabacines cubriéndome las espaldas,
Con alcanzar besos de sopa crema durante una siesta.

Íntima y marítima me sumerjo en las bondades del sambayón.
Partenaires de almidón.
Alvéolos de Coca Cola.
Enjuago mis encías en sémola y recuerdos.

Las huestes del sobrepeso se acumulan,
y entro en sopor.

27
Mi busto de avispa ha sufrido infecciones
que el blanco y negro ha sabido disimular perfectamente.
Trozada. Flieteada. Traspasada.

28
Llevo una rosa de tallo largo en la mano.
Intento ocultarme. Distraer mi volumen.
Un bouquet sería más adecuado.

Donde supo brillar mi cintura,
se alza ahora un panteón.

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