Cultura basura

Descenso a las cavernas

Y si es basura, ¿por qué la muestran? Seguro que muchas personas se harán esta pregunta ante el anuncio de una exposición con el título de «Cultura basura». las definiciones de cultura son infinitas, y quienes utilicen una acepción muy restrictiva, que la reduzca a la excelencia y la virtud creativa, probablemente no hallarán una respuesta satisfactoria. Pero, independientemente de su calidad, la cultura también brota de los hitos y motivos que marcan el paisaje familiar común. Y en este paisaje aparecen a menudo signos y manifestaciones –pintura, espectáculos, música, imagen– que, a partir del error, de la dejadez –es decir, de la antiexcelencia voluntaria–, se acaban convirtiendo, mediante unos mecanismos sociales que la exposición intenta explicitar o poner de manifiesto, en elementos de
significación cultural. La cultura basura seria, en buena parte, una cultura a la fuerza, una vanguardia que nunca quiso serio. Pero que sin embargo puebla muchos espacios de nuestra vida cotidiana, sin que forzosamente reparemos en su presencia.
Desde una perspectiva actual, se podría pensar que la cultura basura es una forma que toma la cultura popular cuando se aleja de la modernidad y entra en una fase postheroica y postidentitaria de la aventura humana. Aunque en realidad, el juego característico de la cultura basura –la fascinación por el error, por la monstruosidad, por la fealdad, por el descuido, por una incompetencia que parece muy elaborada– es fruto de un mecanismo, ya clásico, de exaltación del espectador, que así recibe la recompensa de sentirse más dotado, más normal, más guapo, más aseado, más eficiente que el propio artista. La novedad es que, en estos tiempos de acabamiento de la modernidad, lo que había transitado
siempre en sus márgenes gana centralidad, tras mutar en formas nuevas adecuadas a una cultura mucho más audiovisual. Y añade confusión acerca de la dirección de la ruta que hemos emprendido, si es que la hay.
El error como estrategia cultural sería el argumento. Una forma lograda de crear productos culturales de incidencia imprevisible. Cuando se habla de cultura basura, todo el mundo piensa en la «tele». Es cierto que ésta ha sido una vía eficaz para vehicular productos basados en la normalización de lo abyecto, en la humillación de los personajes y en la exhibición de monstruosidades. Crónicas marcianas es un ejemplo de cultura basura tan perfecto que está al límite, a punto de dejar de ser considerado como tal. Pero hay otros muchos campos en que la monstruosidad –las atracciones de feria, por ejemplo–, la abyección –los dibujos y pinturas de los serial killers– o la humillación –el ridículo–adquieren carta de naturaleza cultural. Y cumplen, a su manera, una función subversiva, como si, por un procedimiento de sedimentación del error y de lo siniestro, pusieran en evidencia al propio sistema. En dicho sentido, justamente, la cultura basura puede convertirse en vanguardia ocasional.

Ese doble juego de alienación del espectador en la basura y de ventana a las miserias de lo social es lo que intenta explorar esta exposición. Una cierta espeleología del gusto: es decir, un descenso a las cavernas de la cultura poscontemporánea.

Josep Ramoneda

Exposición «Cultura basura. Una espeleología del gusto»
20/05/2003 – 31/08/2003

CCCCB, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

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