Come chocolates, niña sucia. Come chocolates.

Inicié esta novela con el único propósito de acabar definitivamente con la literatura.

Como el obeso que devora sus dientes, hasta volver completamente inútil a su boca, hice de cada página escrita, un filete para mi cena.

Desaparecí 227 párrafos de mi biografía, durante el último ataque al refrigerador.

Este apetito ya no lo sacia ni boletos de tren, ni recetas de farmacéuticos. Mi ansia clama por sílabas fornidas. Atomatadas. Detesto quien reza sin aderezos, quien se enamora con diptongos magros.

Una croqueta en poco se diferencia, de una sentencia. No existe mejor adverbio que un licuado. Y la mejor parte de la cuchara, ha sido siempre la garganta.

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