No tendría los ojos violetas, sino me llamase Elizabeth Taylor

He lanzado una flotilla de reliverán al hígado de mis divorcios.

He sido siempre majestuosa. El crimen de mis adicciones ha hecho brillar a los premios de la Academia.

Acorazada de zafiros porto una reputación de golfa estelar.

Mi segundo matrimonio con Richard, ha desencadenado más portadas que las caídas de las Torres Gemelas.

No podrán domesticar mi memoria. Me he vuelto de titanio.

De cada fracaso, hice terreno ganado.

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